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Como ya sabemos, tras la repoblación de Salamanca por el conde D. Raimundo de Borgoña y su esposa, Dña. Urraca, se consolida y se amplía la muralla medieval salmantina a fines del siglo XII, además de fortificarse la ciudad, ya que se comienza a levantar el alcázar sobre la Peña Celestina y parte de lo que hoy es Jardín de la Merced, quedando Salamanca cerrada a mediados del siglo XIII por la muralla que desde el año 1147 comenzó a estirarse a partir del tramo sur, el más cercano al río Tormes, por lo que hoy es Paseo de San Vicente, al oeste de la ciudad, y Paseo de Canalejas en el lado oriental.

La perfección con que se construyó el alcázar como baluarte defensivo explica que se tardase casi un siglo en concluirse, pues, ya es conocido para nosotros que este momento no le llegó hasta 1282, año en que reinaba Alfonso X “El Sabio”, a pesar de que este monarca y los anteriores favorecieron económicamente la realización de sus obras.

Al lado, ocupando parte de lo que actualmente es Jardín y Plaza de la Merced, los serranos de la repoblación habían levantado en 1180 la Iglesia de S. Juan Evangelista, a la que también se la conoció como parroquia de San Juan del Alcázar cuando éste se edificó. Así mismo, Vicente Martín Hernández  manifiesta, en su obra “Fragmentos de una historia socio-urbanística de Salamanca”, que delante de dicho alcázar existió un mercado del pan y la verdura, el mismo que Bernardo Dorado dice que fue “mercado de los judíos” y que estaba sujeto a las ordenanzas del alcaide del alcázar.

Así las cosas y teniendo en cuenta que la muralla se había ido extendiendo por el Paseo de Canalejas a mediados del siglo XIII y que las altas edificaciones existentes actualmente entre la carretera de circunvalación y el río no habían sido levantadas,  podemos imaginar la impresión que daba Salamanca vista desde el otro lado del río, es decir, desde el Teso de la Feria, aproximadamente donde hoy se alza el Parador Nacional de Turismo. Sin duda, debió tener desde el exterior un aspecto más que defensivo, esto es, de amenazador poderío, con su castillo sobre la Peña Celestina, abaluartadas murallas con puertas y torreones y la almenada catedral vieja, que a modo de fortaleza, no en vano era llamada “Fortis Salmántica”. De los cubos que tenía la muralla aún queda uno bien visible en la recientemente creada Plaza de los Niños del Coro, donde se unen el Paseo del Rector Esperabé con la calle de San Pablo.

También sabemos que, inmediatamente al este del alcázar, a un nivel sensiblemente más bajo, existió la puerta de la muralla llamada de San Juan del Alcázar, y un torreón del que todavía quedan vestigios visibles desde la empinada y empedrada cuesta que, por estar entonces junto al castillo e iglesia de San Juan Evangelista, se la conoce igualmente como “Cuesta de San Juan del Alcázar”. Esta permitía el acceso hasta el alcázar y entrada a la ciudad, mientras que en la actualidad sirve para salir desde el barrio antiguo al Puente Romano y margen derecha del río Tormes, así como a los Paseos del Rector Esperabé y del Desengaño, éste último conocido no hace muchos años como calle de San Gregorio por la ya desaparecida ermita mozárabe que, dedicada a este santo, existió antiguamente extramuros entre la desembocadura de La Vaguada de la Palma o antigua Puerta de San Lorenzo y el Puente Romano. Dicha cuesta, por lógica, es utilizada actualmente para subir desde estos lugares hasta la cima de la Peña Celestina, donde hoy se encuentra la Facultad de Ciencias, la Plaza de los Caídos, la Plaza y Jardín de La Merced y el edificio de la  Facultad de Matemáticas, el cual, como ya veremos, fue primero sinagoga judía, luego convento de mercedarios y, tras quedar seriamente dañado por la guerra de la Independencia, aprovechado por la  Diputación Provincial como Escuela Normal de Maestras ya entrado el siglo XX, pues el Colegio de La Magdalena de la Plaza de Fray Luis de León, que fue la sede de su fundación en 1842, había sufrido un grave incendio que obligó a su desalojo.

Al lado norte de la Plaza de La Merced eleva su silueta la Facultad de Ciencias Físicas, que fue construida al iniciarse la década de los 90 del siglo XX sobre el solar en que estuvo emplazado el “Colegio Trilingüe”, el cual había sido cuartel  e Institutos de Enseñanza Media Fray Luis de León y Lucía de Medrano entre los años 20 y los 60.

El primer “Colegio Trilingüe” fue fundado, bajo la advocación de San Jerónimo, el año 1534 por el emperador Carlos I de España y V de Alemania, en la llamada “Casa del Sello” de la calle entonces denominada de Santo Tomás. Esta calle se alargaba desde la Puerta de Santo Tomás, hoy margen derecha del Paseo de Canalejas, hasta la embocadura de la actual calle de Escoto, pero, más tarde formó parte de la que alternativamente fue conocida como calle del Rosario y de Francisco Montejo, personaje que fue lugarteniente del conquistador Hernán Cortés. La “Casa del Sello” estaba ubicada frente al costado sur de la iglesia parroquial de Santo Tomás Cantuariense que habían fundado en el barrio de los portogaleses los hermanos ingleses Ricardo y Randulfo en 1175.

Se trataba de un colegio que impartía enseñanza de las tres lenguas necesarias para la adquisición de conocimientos universitarios, es decir, el latín, griego y hebreo, además de Retórica. Sin embargo, debido a una mayor profusión del hebreo y la necesidad de alojar al ascendente número de  estudiantes de esta lengua, la Universidad decide construir el nuevo “Colegio Trilingüe de San Jerónimo”. Para ello, en 1534, compra unas casas enclavadas en la calle de Las Mazas, entonces denominada “Desafiados”, en plena judería y perpendicular a lo que años más tarde sería  la fachada  sur del edificio de las Escuelas Menores.

A estas casas, que estaban situadas a oriente del convento de religiosos de San Agustín, desaparecido con la guerra de la Independencia, se le sumó lo que había sido solar de la iglesia parroquial de San Salvador, fundada en 1119, que fue comprado por la Universidad el año 1554, así como otras viviendas y solares adquiridos al Cabildo catedralicio en 1558, los cuales se levantaban en otra calle que conectaba con la de Las Mazas, esto es, la calle de Valflorido, que, junto con la de “La longaniza”, por el oeste, luego llamada de La Moneda y hoy Avenida de Jaime Balmes, enmarcaron el edificio colegial.

Desde la calle de Santo Tomás, en 1555, el “Colegio Trilingüe” se trasladó a la “Escuela del Bachiller Elías”, pues aún no se habían terminado de construir los locales del nuevo “Colegio Trilingüe de San Jerónimo”, junto al de Gramática, que se había fundado en 1511. Así, ante la insistencia del emperador Carlos I de España y V de Alemania en que se construyese un Centro de Estudios con generales (aulas) del tamaño y anchura necesarios y que tuviese aposentos y cámara para 20 pupilos cuyo deseo fuese aprender  las lenguas allí impartidas, según explicita una orden del 31 de Octubre del mismo año, se concluyen las obras del “Colegio Trilingüe” en 1558. El resultado de todo ello fue un espléndido edificio de estilo renacentista. Sin embargo, como en 1552 la Universidad pasaba por momentos económicos muy precarios, comienza  a desvincular de este Colegio las rentas que le tenía destinadas. Incluso, en 1588,  suprime el Colegio de San Miguel que se había agregado a él y había fundado D. Francisco Delgado en 1576 cerca de lo que, tras la guerra de la Independencia, se llamó Plaza de los Caídos, con la que hoy conecta la Avenida Jaime Balmes. Más tarde, el Colegio Trilingüe se cierra en 1604 y vuelve a abrirse en 1650 para clausurarse de nuevo en 1654 y reabrirse años más tarde para ser definitivamente cerrado en 1690.

En 1691, los RR. PP. Teatinos de San Cayetano solicitaron ocupar el edificio, pero la petición les fue denegada y, en 1694, la Universidad vuelve a hacerse cargo de él, adoptando las medidas necesarias para su supervivencia, pues se encontraba muy descuidado. Así, con la restauración y la remodelación efectuada en el edificio de acuerdo con el proyecto del arquitecto Pedro Goica, continuó cumpliendo su misión docente bajo tutela universitaria durante el siglo XVIII. Llegada la guerra de la Independencia es utilizado como cuartel por los soldados franceses, quienes luego ejecutan su voladura antes de ser rematado el ejército gabacho por la artillería de las tropas angloespañolas.

Desde 1812, fin de la guerra de la Independencia, el Colegio Trilingüe quedó, como tantos otros monumentos arquitectónicos salmantinos, semiderruído  y abandonado por algún tiempo, hasta que el 17 de Marzo de 1860, a propuesta del rector de la Universidad, se aprueba su apertura como colegio de estudiantes internos “Príncipe Alfonso”, que se funda en 1867 dependiendo del Instituto dedicado a la Enseñanza Media  con sede en el edificio de las Escuelas Menores desde su creación en 1845.

Con las rentas utilizadas hasta entonces para el mantenimiento de otros colegios que fueron suprimidos en esta época, el edificio de “El Trilingüe” se restauró  en lo que fue posible y se adaptó para cumplir la nueva misión a que quedaba destinado, Para ello, en Agosto de 1867, se aprobaron los planos de obras pertinentes y los fondos económicos que habrían de permitirle emprender la novedosa andadura recientemente encomendada. Poco después se abre como colegio menor, funcionando como tal hasta la proclamación de la II República española en 1931, salvo entre los años 1920 y 1923, en cuyo 13 de Septiembre el general Primo de Rivera dio el golpe militar con que nació su régimen político dictatorial de signo capitalista y fuertes tintes fascistas, años en que fue cuartel del Regimiento de Caballería Algüera nº16. Pocos años después, al comenzar la guerra civil de 1936-39, pasa de nuevo a depender del Ministerio de la guerra y vuelve a servir como cuartel, además de ser residencia de los “Requetés”, suprimiéndose la docencia en el mismo. A mediados de la década de los 40  se plantea la devolución del edificio al Ministerio de Instrucción Pública, pues, los jesuitas,  que habían sido expulsados de su convento del Paseo de San Antonio con el triunfo de la República en 1931, vuelven a Salamanca en 1938 para instalarse otra vez en su residencia conventual del citado Paseo, con lo que los estudiantes de los institutos masculino y femenino que se habían trasladado a este edificio religioso en 1933, lo compartieron con los jesuitas durante una década.

La devolución del que fue Colegio Trilingüe a dicho Ministerio no planteó problemas administrativos ni económicos, pues, ya con anterioridad, se había puesto en marcha su rehabilitación bajo planos del arquitecto Joaquín Secall; proyecto de planificación cuyo coste ascendió a setecientas cincuenta mil pesetas y a dos millones la ejecución de las obras. Esta rehabilitación fue consecuencia de la necesidad de albergar la Escuela Normal de Maestras (con sede en la Escuela de La Magdalena) que se había incendiado, y otras dependencias universitarias, y, sin haberse concluido las obras, en el curso escolar de 1942-43, las alumnas que ocupaban parte del ya citado edificio del Noviciado de los Jesuitas se instalan en “El Trilingüe”, naciendo así el Instituto Femenino “Lucía de Medrano”, con puerta a la calle de La Moneda. Poco después, en el curso1944-45, hicieron lo mismo los alumnos, instalándose en él lo que se llamó Instituto Masculino “Fray Luis de León”, con puertas a las calles de Las Mazas y Plaza de La Merced, en un momento en que ya se hablaba de la ampliación del Trilingüe bajo planos del arquitecto Victor D´Ors.

Aunque parte del edificio se encontraba destrozado y nunca se reconstruyó, en la zona que continuó rehabilitando el arquitecto Sr. García Lozano siguieron  funcionando los Institutos “Fray Luis de León” y “Lucía de Medrano” durante los años 40, 50 y 60.

Aún recuerdo, cuando prestaba mis servicios en la Empresa Construcciones BEYRE, S. A.  (Benedicto y Redondo, Sociedad Anónima), dedicada a la reconstrucción  del edificio y su remodelación interior en la década de los 60, cómo se desmontaron las piedras y se numeraron. Estas  quedaron luego amontonadas durante mucho tiempo sin vigilancia alguna, con lo que muchas de ellas fueron robadas y hoy forman parte de construcciones particulares. Se levantaron paredes de ladrillo hueco Bilbao de doble asta y tabiques de ladrillo hueco sencillo,  forjados de bovedillas y hormigón armado, etc., para ser derruidos a los pocos meses y  volver a levantar otros nuevos. En suma, una fábrica de justificación de gastos innecesarios que poco a poco irían engrosando las arcas privadas de unos pocos a costa del dinero público. Y... ¿adónde fueron a parar aquellos espléndidos laboratorios que por entonces permanecían casi completos en una de sus dependencias? . ¡ Qué triste final tuvo el edificio Trilingüe, aquel por cuyas galerías y aulas pasé en mi adolescencia cuando ya era Instituto de Fray Luis de León!.

Al final se había convertido en un edificio de estrechas escaleras y pasillos de hormigón sin enlosar y sin visibilidad alguna. Aulas que no eran otra cosa que pequeños espacios agobiantes  donde pasábamos frío por falta de una calefacción eficaz. Falta de servicios higiénicos y muchas otras incomodidades que cada día se iban haciendo más patentes e insoportables, dando lugar a que tuviese que plantearse la necesidad de crear otros centros docentes de Enseñanza Media. Así, en 1968, el que había sido Colegio Trilingüe fue abandonado, y los alumnos de los Institutos “Fray Luis de León” y “Lucía Medrano” pasan a ocupar los nuevos edificios ´de idéntica nomenclatura construídos en el antiguo Camino  del Cementerio, después avenida de Champagnat, y otra avenida más congestionada de tráfico que se denominaba Héroes de Brunete y tras la muerte del General Franco se dedicó a Filiberto Villalobos, ilustre médico salmantino que llegó a ser Ministro de Instrucción Pública antes de la dictadura de dicho General. Hoy, con la nueva legislación que sirve de desarrollo a la democrática Constitución de 1978, los dos Institutos han pasado a ser Centros de Educación Mixta, donde jóvenes de ambos sexos comparten conjuntamente las mismas aulas, mientras que el antiguo edificio de “Trilingüe” fue desmontado en 1977 para dejar sitio al pabellón que alberga la Sección de Físicas de la Facultad de Ciencias.

El Trilingüe quedó de esta forma totalmente solo, en ruinas, abandonado, en el más vergonzoso de los olvidos. Menos mal que, en la década de los 80, la Universidad determinó levantar sobre su solar la actual Facultad de Ciencias Físicas, cuya construcción se concluyó en 1989 para comenzar su primer curso en 1990.

Volviendo a los terrenos que ocupó el alcázar y sus inmediaciones, si éste se demolió en 1472, la misma suerte corrió en 1578 la Iglesia de San Juan Evangelista, tras haberse tomado en 1569 la decisión de echarla abajo para ampliar la construcción del Colegio del Rey, perteneciente a la Orden religioso-militar de Santiago. A este edificio colegial, en 1576 y aún sin acabar, se habían trasladado los estudiantes de la Orden de Santiago, lo que hizo necesaria la eliminación de dicha Iglesia parroquial, siendo entonces agregadas sus rentas y feligresía a otra parroquia igualmente creada por los serranos llegados con la repoblación de comienzos del siglo XII, la de San Bartolomé de los Apóstoles, que se encontraba a la trasera del actual Colegio Mayor que lleva el nombre del mismo Santo, en la llamada Cuesta de Oviedo.

En cuanto al Colegio del Rey, sabemos por documentos históricos que fue fundado por el emperador  Carlos I de España y V de Alemania en 1534, cuando vino a Salamanca. Se comenzó a construir pasada la primera mitad del siglo XVI y no se concluyó hasta bien entrada la centuria del XVII. Sus obras se realizaron bajo planos diseñados por el arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón, pero, al morir, en 1577 siguió con ellas su colega Juan Gómez de Mora, quien continuaba en este quehacer en 1625. De este desaparecido monumento asegura Gil González Dávila  que era de los mejores de Salamanca y que tenía “dos torreones que lo hermoseaban y miraban hacia el mediodía, adornados con rejas y escudos de La Orden”, que como es sabido se trata de la de Santiago. El ilustrado don Antonio Ponc, en los escritos que hizo sobre su viaje a Salamanca allá por 1780, alaba su magnífico patio de dos galerías y columnas dóricas sin pedestales. Sin embargo, como consecuencia de la guerra de la Independencia y después por desidia humana, el edificio fue arruinándose y las dependencias que quedaron en pie sirvieron como Cuartel de Infantería  del Regimiento “La Victoria”. Tras la guerra civil de 1936-39 fue Cuartel de Intendencia del Ejército de Tierra hasta la década de los 60 del mismo siglo, para seguidamente levantarse sobre su solar la actual Facultad de Ciencias (foto 45).

El moderno edificio de la Facultad de Ciencias, construido entre 1964 y 1966, muestra en su fachada alegóricos relieves trabajados en plomo sobre soporte de mortero de cemento por el ya fallecido escultor zamorano  afincado en Salamanca José Luis Núñez Solé entre 1966 y 1969.

El Colegio del Rey se fundó para estudiantes hijos de caballeros de La Orden de Santiago. Vestían manto cerrado y muceta negros, además de lucir en el pecho la cruz roja de La Orden de Santiago, contrastando fuertemente con la indisciplina vestimental que hoy podemos observar en los universitarios de la Facultad de Ciencias.

Exterior de la Facultad de Ciencias, en la Plaza de la Merced.
Exterior de la Facultad de Ciencias, en la Plaza de la Merced.

La existencia de estudiantes santiaguistas en Salamanca data de tiempos más remotos, aunque siempre estuvieron vinculados al barrio antiguo, que fue siempre el barrio universitario. Así, con anterioridad a fundarse el Colegio del Rey hubo en Salamanca colegiales de La Orden de Santiago de las Casas de Uclés y de León, siendo en Alcalá, el año 1497, cuando La Orden determina crear en nuestra ciudad un colegio para ocho estudiantes, cuatro de cada Casa, de los que la mitad eran juristas y la otra mitad teólogos. Ambas Casas permanecen unidas hasta 1533, año en que, por desavenencias, deciden separarse y situarse en diferentes lugares de la ciudad.

Los de Uclés se instalaron en el Patio Chico, cerca de la puerta de Acre de la Catedral Vieja, con fachada a la calle Setenil, vía urbana que luego se llamó de los Expósitos y actualmente de Gibraltar (aunque algunos años de comienzos del siglo XXI la hizo llamar el alcalde faxcistoide Julián Lanzarote Sastre “calle del Expolio”), sobre cuya puerta de la casa se colocó una cabeza del Apóstol Santiago, con larga barba y sombrero de peregrino, dando a entender que la Casa de Uclés era la cabeza de La Orden. Por este motivo, a este edificio se le llamó durante mucho tiempo “Casa de la Cabeza”.

Los de León se afincaron en la calle de La Moneda, llamada luego de La Longaniza para  posteriormente volver a tomar el nombre de La Moneda, hoy margen izquierda de la Avenida de Jaime Balmes. La casa que éstos ocuparon en la acera de los números impares era de la Universidad y no hace muchos años que fue restaurada. Su fachada estaba presidida por la pétrea labra de una concha o venera.

Superadas las desavenencias que hubo entre ambas Casas santiaguistas, éstas volvieron a unirse en 1556, ocupando el edificio del Patio Chico, cuyo propietario era el célebre Fernán Núñez  “El Pinziano”, llamado también “El Comendador griego” por ser catedrático de griego en la Universidad salmantina y caballero de La Orden de Santiago. En esta casa permanecieron hasta 1576, año en que decidieron trasladarse al aún  inacabado Colegio del Rey, que, como ya dije, se estaba levantando sobre La Peña Celestina.

La Orden militar de Santiago fue creada por el caballero leonés Pedro Fernández el 1 de Agosto de 1170 en Cáceres bajo el patrocinio del rey Fernando II, quien les concedió dicha ciudad para su fundación, motivo por el que se les llamó inicialmente “Freires de Cáceres”. Al año siguiente, el arzobispo de Santiago de Compostela otorgó a la Orden el nombre del apóstol, habiendo adoptado la regla canónica de San Agustín, que les permitía profesar unos votos de pobreza y castidad atenuados.

Se trata de una Orden religioso - militar que nació para luchar contra los musulmanes de la península y de África y, en caso de vencerlos , seguir combatiendo al Islam en Jerusalén.

En cuanto a la ceremonia de ingreso por la que debían pasar los caballeros aspirantes a ingresar en dicha Orden, según nos cuenta D. Mariano de Santiago Cividanes, era la siguiente:

“El que era armado caballero tenía que velar las armas durante la noche, y, después de oír la misa del Espíritu Santo, hacer el juramento de obedecer a su señor, no provocar desafíos injustos, amparar viudas y huérfanos y respetar a las mujeres.

Pronunciados los votos, se le ponía coraza, gola, brazalete y tiriales: calzábanle las espuelas de oro y se le ceñía el brial con la espada, y, armado así, arrodillábase  para recibir el espaldarazo (en Castilla primero fue una bofetada), es decir, tres golpes dados en los hombros con la hoja de la espada; después recibía el yelmo, el escudo y la lanza.

Hecho esto, presentábanle el caballo que debía montar, con toda su armadura, sin tocar el estribo, haciendo describir al caballo un círculo con todas las reglas de la equitación”.

En España, los aspirantes a caballeros de la Orden de Santiago tuvieron su noviciado en el Sacro Convento Maestral de Uclés (Cuenca), por lo que, cuando venían a estudiar a Salamanca ya habían hecho los votos. Entre tantos colegiales famosos que tuvo la Orden en la Universidad salmantina, mencionaré al extremeño D. Arias Montano, que influyó en ella de gran manera y fue becario del Colegio del Rey. Sus conocimientos eran extraordinarios y dejaba asombrados a cuantos le oían. Explicaba el porqué ascendían las aguas en las bombas mediante la presión atmosférica, y no era menos docto en Teología y Sagrada Escritura, por lo que fue enviado a Amberes para dirigir la concepción de la Bíblia de “Plantino”. Allí administra los bienes del duque de Alba y manda semillas seleccionadas para plantarlas en Salamanca y estudiar su desarrollo y transformación en planta. Incluso, fue buen amigo de Fray Luis de León e influyó fuertemente en las grandes personalidades del saber de aquella época del siglo XVI y centurias posteriores.

Muy cerca del Colegio del Rey se construía el año 1691, donde estaba el edificio del Colegio de San Miguel cedido por la Universidad a los RR.PP. Cayetanos, el Colegio-convento de Teatinos de La Providencia o de San Cayetano, que se había iniciado en 1683 y se concluyó en 1709. Este edificio, junto con el Colegio Mayor de Cuenca, levantado el año 1500, se constituyeron en márgenes de la entonces empinada calle de Los Desconciertos, que subía desde el Arroyo de Los Milagros o calle de La Palma.

Durante la guerra de la Independencia, en 1810, el Convento de San Cayetano fue constituido en Fuerte por las tropas francesas, mientras que en 1812 fue tomado por el aliado ejército anglo-español.

El lugar donde se alzaba este convento teatino se ha convertido actualmente en  el mirador de la Plaza de Los Caídos, desde el que se divisaba hasta su demolición a mediados de junio del 2005 al otro lado de La Vaguada de La Palma, en lo alto del Cerro de San Vicente, el edificio del Colegio Mayor Hispanoamericano de Nuestra Señora de Guadalupe; edificio colegial que había sido levantado poco después de la creación, en 1940, de la Universidad Pontificia salmantina, fundada en lo que había sido anteriormente Real Colegio del Espíritu Santo de la Compañía de Jesús. No obstante, es necesario reseñar que la construcción de este desaparecido Colegio para estudiantes hispanoamericanos no se llegó a construir en su totalidad.

Pero..., mientras el  alcázar y la Iglesia de San Juan Evangelista, como destacados elementos arquitectónicos del paisaje urbano de la Salamanca medieval y del barrio antiguo, desaparecían, otros edificios subsistían. Incluso alguno que otro nacía en esta misma parcela de la ciudad. Así, aunque los judíos no convertidos al cristianismo habían sido eliminados de Salamanca y de toda España como consecuencia de su expulsión por los Reyes Católicos en 1492, la sinagoga judía levantada el año 1281 y conocida como “Sinagoga Nueva”, no fue destruida, sino que, mediante un documento firmado por estos en Salamanca el 30 de julio del mismo año, hacen merced y donación de la misma de forma irrevocable inter-vivos a la Iglesia Mayor, es decir, a la Catedral Vieja, con lo que pasa a incrementar el patrimonio del cabildo salmantino.

Es, al parecer, en los techos de esta sinagoga y en las ropas de los judíos que allí oraban donde, según leyenda escrita y recogida por el religioso Gil González Dávila,  sin ser aún propiedad del cabildo se produjo el hecho prodigioso de aparecer cruces luminosas en 1411 por obra de la predicación y milagro de San Vicente Ferrer.

Así pues, según González Dávila, el milagro ocurrió de la siguiente manera: existiendo en Zamora y Salamanca dos sinagogas principales el año 1411, San Vicente Ferrer vino a predicar ese mismo año a esta ciudad. El santo tomó estrecha amistad con un judío y negoció con él la forma de que le buscase un medio para entrar en la sinagoga cuando los judíos estuviesen juntos celebrando las fiestas de sus sábados. Este le dijo la forma y manera en que debía hacerlo y el día más idóneo. Llegado el día,  San Vicente Ferrer, llevando una cruz en la mano, entró en la sinagoga cuando ninguno de los que estaban  dentro pensaba en ello.  Alborotáronse todos, pero él les sosegó con amorosas razones, rogándoles le oyesen lo que les quería decir. Al poner estos atención, el santo enderezó la plática y comenzó a predicar sobre la gloria de Dios, siendo éste el momento en que comenzaron a aparecer unas cruces blancas en las ropas y tocas de todos los que allí estaban. Y, como lucha muchas veces el favor del cielo con la violencia de la tierra, vista por los judíos tan gran maravilla, como era toque del cielo, todos pidieron el agua del bautismo, pues querían ser cristianos. De esta forma, los judíos se convirtieron y muchos de ellos cambiaron su nombre por el de Vicente.

A partir de este momento la sinagoga fue abandonada, no se sabe si debido a la conversión de los judíos que en ella se encontraban o por la mancha o desconfianza que aquello ocasionó en la judería salmantina. Al año siguiente, en 1412, se instaló en ella el Colegio-Convento de la Orden de la Merced calzada, que se llamó de “La Veracruz” en honor a aquel prodigio obrado por San Vicente Ferrer. Como consecuencia de ello, en 1413, los judíos fundaron una nueva sinagoga sobre la que es muy difícil precisar el lugar exacto de su emplazamiento, aunque, con toda seguridad, fue en este mismo barrio que conformaba la llamada alhama de los judíos.

En la fachada del Colegio de La Veracruz, por encima de la puerta de entrada, estuvo muchos años una inscripción que recordaba  el paso por ella de este santo.

Historiando a los Mercedarios Calzados, diré que, bajo la advocación de Nuestra Señora de Las Mercedes, festejada el 24 de Septiembre de cada año, éstos llegan por primera vez a Salamanca hacia el año 1331 y se establecen en unas humildes casas del arrabal del Puente Romano. Allí constituyen su convento, hasta que, una vez convertidos los judíos a los   que nos hemos referido, el obispado salmantino les cede la sinagoga menor en 1412 a petición de Fray Juan Gilabert, amigo de San Vicente Ferrer. Esto es, Fray Juan Gilabert  funda allí mismo en dicho año el Colegio-convento de mercedarios calzados de La Veracruz (foto 46); colegio que dio nombre a la calle que se estira desde la Plaza de La Merced a la calle Tentenecio, que hasta entonces se llamó calle “De San Juan a la Puerta del Río” y anteriormente los judíos la denominaron calle Brasería.

Fachada del excolegio convento de la Veracruz que perteneció a los Padres Mercedarios.
Fachada del excolegio convento de la Veracruz que perteneció a los Padres Mercedarios.

No obstante, hoy parecen existir bastantes dudas sobre si fue dicho templo u otro  de esta parcela de la judería el escenario de tal milagro, pues, aunque González Dávila menciona que él conoció en la puerta del colegio mercedario  una inscripción que relata el milagro y que el edificio fue anteriormente sinagoga judía, la historiadora María Fuencisla García, en su libro “El pasado judío en Salamanca”, asegura que en realidad no se sabe si el hecho tuvo lugar en la llamada sin más sinagoga, así nombrada en 1257,  en la sinagoga vieja que aparece documentada en 1265,  en la sinagoga menor que se nombra desde 1279,  en la sinagoga nueva que existió desde 1281, o incluso, en la que la alhama salmantina pidió edificar en 1389.

A finales del siglo XVI o principios del XVII, se iniciaron en este edificio de mercedarios importantes obras de mejora a instancia de Fray Francisco Zúmel, que era por entonces general de la Orden Mercedaria, catedrático de la Universidad y buen escritor, que mantuvo correspondencia con el Papa Clemente VIII; obras constructivas que duraron más de doscientos años. Sobre ello, se sabe que a principios del siglo XVIII dirigía los trabajos el arquitecto Jerónimo García de Quiñones,  logrando un edificio realmente suntuoso. Tenía, como los de su época, un claustro de estilo renacentista del que nada queda, cuyos ricos capiteles eran muy semejantes a los del patio claustral del Convento dominico de Santa María de las Dueñas. Su fachada, preciosamente decorada, estaba presidida por el blasón de la Orden de La Merced.

En Abril de 1812, cercano ya el fin de la guerra de la Independencia, el convento es demolido casi en su totalidad por las tropas francesas para mejor fortificar esta parte y sus inmediaciones, aunque poco después de finalizada la contienda se comenzó su reedificación en la parte que fue posible. Sin embargo, algunos años más tarde se decreta la exclaustración de los frailes y Mendizábal pone en marcha las leyes desamortizadoras para toda España, con lo que el edificio es destinado a escuelas, actividad docente que ya nunca perdería.

Fue Escuela Normal de Maestras al incendiarse el Colegio de La Magdalena, que fue su sede primitiva  desde 1842, mientras que los maestros se formaban desde el mismo año en la ya desaparecida Escuela de la Plaza de Anaya. Después, ya entrado el siglo XX, fue Escuela Municipal, y en la década de los 80, tras la consiguiente reforma, el edificio que alberga la Sección de Matemáticas de la Facultad de Ciencias, hoy convertida en Facultad de Matemáticas.

De aquella construcción mercedaria sólo queda un pedazo de su antigua fachada, en la que, sobre una puerta que actualmente corresponde a una casa de propiedad privada que alberga una Academia de Idiomas, puede verse todavía el escudo de La Orden de la Merced.

Dicho Colegio-convento de La Merced cedió su nombre a la Plaza que se formó ante él. Enfrente quedaba el Colegio Trilingüe, aunque, en la actualidad, con la reconstrucción del claustro de este colegio de lenguas y su integración en la Facultad de Físicas, la Plaza de La Merced ha perdido la casi totalidad de su espacio,  siendo apenas un ensanche de la calle Veracruz que desemboca en la recientemente urbanizada Avenida de Jaime Balmes y Plaza de Los Caídos.

Del convento también tomó su nombre el llamado “Jardín de La Merced”, que, junto a la Plaza de igual denominación, nació pasada la primera mitad del siglo XX. Por su pretil con verja de hierro, desde la que se divisa el río Tormes, sus aledaños y el horizonte sur de la provincia salmantina, es conocido por todos como “El mirador de la Facultad de Ciencias”. Dicho jardín, inaugurado el mes de Julio de 1974, fue diseñado por el arquitecto salmantino D. Agustín Querol por decisión del Ayuntamiento presidido por el alcalde D. Pablo Beltrán de Heredia, siendo los señores Jesús Rodríguez y Carlos Sabadell quienes se encargaron de los aspectos técnicos y vegetales respectivamente. Las obras se remataron con la instalación en sus inmediaciones, concretamente en la empedrada Cuesta de San Juan del Alcázar, del busto en bronce de la Madre Celestina que concibió el escultor salmantino Agustín Casillas y se inauguró el tres de Junio de 1976 (foto 47). Esta escultura fue trasladada a comienzos de 1998 al Huerto de Calixto y Melibea, momento en que se estaba concluyendo la ampliación de éste con la parte oriental de los terrenos del “Jardín del Visir”, puesto que en la parte occidental se habían construido viviendas sociales pocos años antes.

De aquel Colegio-convento de La Merced salieron personajes ilustres que pasaron a formar parte de la historia de nuestra ciudad, tales como: Fray Angel Tajal, que fue general de La Orden Mercedaria y obispo de Lión (Francia), así como embajador del rey de Aragón en el Concilio de Constanza, y otro salmantino, Don Diego de Anaya y Maldonado, que fue representante del rey de Castilla en el mismo concilio; Fray Bartolomé de Olmedo, que participó en la conquista de Méjico y Fray Juan de Solís,  Fray Jerónimo Matute, Fray Juan de Pie de Puerta o Fray Pedro Salazar, que fueron insignes catedráticos de las Universidades de Salamanca, de Turando y de París; Fray Juan Torres, obispo electo de Canarias; Fray Juan Imperial de Adrada, teólogo y notable poeta del siglo XVIII y uno de los primeros académicos de la lengua española, concretamente el primero que dio Salamanca a esta Academia.

De todos estos personajes se sabe que carecían de toda mancha de raza o de religión. Ni ellos  ni sus ascendientes habían sido moros, judíos o conversos, todo lo cual era obligatorio, pues, a instancia del Colegio Trilingüe, el Papa Pío V había dictaminado  que  para el ingreso en el convento se presentase expediente probatorio de limpieza de sangre. Y es que el mismo San Vicente Ferrer había pedido a los reyes con anterioridad que ningún judío, moro  o converso pudiera profesar.

Escultura de la madre Celestina.
Escultura de la madre Celestina.

En conclusión, retrotrayéndonos al siglo XVI, observaremos que, en 1525, a la orilla del río Tormes alzaba la Peña Celestina lo que quedaba del demolido alcázar y el Convento de La Merced calzada con su Colegio de La Veracruz, siendo en ese mismo año cuando el canónigo D. Alonso Fernández de Segura funda el Colegio de San Pedro y Pablo, conocido también como “Colegio de Segura”, que más tarde fue trasladado al Cerro de San Vicente. Era un momento en que esta zona del Cerro de las Catedrales estaba a punto de ser objeto de una importante revolución arquitectónica, pues, unas cuatro décadas después, como ya sabemos,  se demolería la parroquia de San Juan Evangelista para ampliar la ya iniciada construcción del Colegio del Rey, al igual que ocurrió con la puesta en marcha de las obras de otros nuevos edificios de carácter docente: el Colegio Trilingüe, al que ya nos hemos referido, y, algo más al norte,  el edificio de Las Escuelas Menores. Igualmente, en el siglo XVII, los salmantinos verían alzar el Convento de San Cayetano que sucumbió al final de la guerra de la Independencia, junto con el citado Colegio del Rey.

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