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Para llevar todo ello a buen término se precisaba una empresa, por lo que la Consejería de Fomento de la Junta de Castilla y León, financiadora del proyecto, adjudicó a la empresa ERCOSA (especialidades técnicas de la restauración y la construcción) la rehabilitación de los tramos de muralla de las dos primeras fases, firmándose el correspondiente contrato entre dicha entidad y la Junta de Castilla y León.

Pero, tal proyecto no era fácil de ejecutar, pues esta muralla romana ha sufrido a lo largo de su historia diversas reconstrucciones y reparaciones  parciales, tal como la medieval del siglo XV y la de centurias posteriores, por lo que podemos ver en ella tres tipos de paramentos como: sillería de granito de factura regular y cuidada, sillería de piedra arenisca y mampostería también de arenisca en piezas de factura irregular. Es de origen romano y conserva nueve bastiones, ocho de ellos de planta cuadrangular y uno semicircular.

Sin embargo, atendiendo al periódico “El Adelanto” del martes seis de Julio de 1993, ante las dudas del tratamiento que la empresa ERCOSA estaba dando a las obras rehabilitadoras, la Comisión Municipal de Urbanismo ratificó el día cinco de Julio de 1993 la decisión adoptada la semana anterior por la Comisión Técnico-artística respecto a la paralización de las obras que se llevaban a este efecto en el tramo de muralla del Paseo del Rector Esperabé comprendido entre el huerto de Calisto y Melibea y la Casa Lis, es decir, el correspondiente a la primera fase. Así mismo, se constituyó una comisión de seguimiento de las obras constituida por técnicos y representantes del Ayuntamiento salmantino y de la Junta de Castilla y León, la cual solicitó a la empresa ERCOSA que especificase ciertos tratamientos concretos llevados a cabo en determinados puntos y otros aspectos que, a su juicio, estaban escasamente clarificados.

Tras la respuesta dada por la empresa, la comisión de seguimiento elaboró un informe que fue analizado por la comisión técnico-artística; informe en el que se aseguraba que las obras presentaban una “tendencia a la uniformización en el tratamiento de la muralla cuando ésta presenta partes diferenciadas en cuanto a épocas, materiales y estilo”.

Estábamos, por tanto, ante una paralización cautelar, cuyo fin era controlar la buena ejecución de los trabajos encomendados. Sin embargo, casi veinte días después desde que la comisión técnico-artística del Ayuntamiento decidiese paralizar las obras restauradoras, la comisión territorial del patrimonio cultural de la Junta de Castilla y León todavía no había recibido comunicación directa alguna de tal paralización, por lo que ésta, el 15 de Julio de 1993 decidió suprimir la comisión de seguimiento de dichas obras rehabilitadoras, formada por técnicos municipales  y de la Junta autonómica castellano-leonesa, aduciendo, según el delegado territorial de la misma don Gonzalo Saiz que “no ha cumplido con las funciones que en su día le fueron encomendadas”. En suma, sin duda,  se trataba de uno de tantos enfrentamientos existentes de continuo entre la administración autonómica y la local para evitar el control de esta última sobre algo que le afectaba directamente y es lógico, queridos ciudadanos, pues vosotros mismos podéis hacer las reflexiones y sacar las conclusiones oportunas si tenéis en cuenta que el Ayuntamiento salmantino estaba presidido por el alcalde socialista don Jesús Málaga Guerrero y la Junta de Castilla y León estaba gobernada por el Partido Popular.

Así las cosas, el diario “El Adelanto” del 30 de Julio de 1993 da cuenta de que el alcalde don Jesús Málaga había decidido levantar la orden de paralización de las obras rehabilitadoras del tramo de muralla comprendido entre el Jardín del Visir y la Casa Lis, ya que la empresa ERCOSA había cumplimentado la presentación del documento que expresaba el tratamiento específico a seguir en la muralla tal como se había fijado en el acuerdo de concesión de la licencia para su ejecución. Así, aunque todavía no se habían aportado todos los documentos precisos, se siguió la tramitación del expediente, al tiempo que se solicitaba su presentación en el más breve tiempo posible y sin perjuicio de que fuesen subsanados los posibles problemas a que hubiera dado lugar. Por tanto, se continuó la rehabilitación de la muralla en sus dos primeras fases, ya que sus obras habían sido autorizadas por el Ayuntamiento el 4 de Noviembre de 1992 y la empresa ERCOSA firmaba el acta de replanteo el 10 de Marzo de 1993 para luego serle concedida la licencia municipal de  ejecución de las mismas el 4 de Mayo de 1993. Casi siete meses más tarde, es decir, el 26 de Noviembre del mismo año, el tramo de muralla que comprendía la primera fase vio concluida su rehabilitación, siendo arquitecto territorial de la Junta de Castilla y León don Arturo  Menduiña y arqueólogo territorial de la misma don Nicolás Benet.

En 1994 se comienzan a rehabilitar las murallas a partir de la Casa Lis y en dirección a la Peña Celestina. Al año siguiente, según el periódico “Tribuna de Salamanca” del viernes 13 de Enero de 1995, el Ayuntamiento salmantino continúa sus pasos en busca de la recuperación de otra parte de la muralla romana que aún conserva la ciudad. Con este fin, aunque todavía no estaba aprobado el presupuesto para ello, la Casa Consistorial había adquirido a finales del año anterior la antigua fábrica y almacén de curtidos pegados a la Peña Celestina en la entrada  de la calle La Palma mediante una “transferencia de edificabilidad, es decir, sin desembolso de dinero”. Así mismo, había iniciado la negociación con el obispado respecto a la compra de un solar de 1100 metros cuadrados que existía tras una tapia en el cruce de la calle de San Pablo y el Paseo del Rector Esperabé, el cual era propiedad del Patronato de la Fundación “Niños de Coro y Seminario de Carvajal”  y, según afirmó don Carlos González Cobos, concejal de economía del Ayuntamiento, costaría más de cuarenta millones de pesetas, pues la última tasación del solar, efectuada en Diciembre de 1993, cifraba su valor en cuarenta y dos millones de pesetas.

Por otra parte, tampoco se había presupuestado partida económica alguna para costear los gastos que supondrían el derribo de la tapia del citado solar y de la fábrica y almacén de curtidos, así como los tratamientos de limpieza y restauración que necesitasen los sillares de la muralla recuperados en tales obras. No obstante, pese a estas dificultades, los socialistas Jesús Málaga Guerrero y Carlos González Cobos seguían poniendo todo su empeño en conseguir tal objetivo el año 1995. Con este objeto, habían encargado al servicio municipal de arquitectura la realización de un estudio sobre las posibilidades de acometer tan importante empresa, ya que “supondrá todo un descubrimiento para muchos ciudadanos saber que Salamanca es una ciudad amurallada”, decía don Jesús Málaga.

La demolición de la tapia que cierra el solar del obispado y el descubrimiento y restauración del trozo de muralla que hay en él y lo que queda de la antigua puerta de San Polo o de San Pablo, haría que la muralla rehabilitada en la primera fase tuviera una mayor continuidad, trabajo que se realizó dos años más tarde, cuando el Ayuntamiento, ya regido por el alcalde don Julián Lanzarote, del Partido Popular, creó y urbanizó la Plaza de Los Niños del Coro de acuerdo con el nuevo plan de ordenación urbana y el plan especial del recinto histórico-artístico, que incluían en su articulado el derribo de los edificios que ocultasen la muralla entre el cerro de San Vicente y el Paseo del Rector Esperabé.

Así pues, en espera de la aprobación del presupuesto, corría el año 1995 y la compra del solar al obispado y el derribo de la antigua fábrica y almacén de curtidos, según don Carlos González Cobos, podría costearse con parte del presupuesto municipal destinado para obras menores, cuya totalidad ascendía a cien millones de pesetas, y los ciento cincuenta millones de la partida especial para Patrimonio, ya que Salamanca no había recibido tampoco de la Junta los cien millones que le correspondían del año 1994  por ser “ciudad patrimonio” y que se utilizarían en la recuperación de la muralla.

El proyecto de  demolición de la fábrica y almacén de curtidos que habían elaborado los técnicos en urbanismo del Ayuntamiento fue llevado a comisión el día 30 de Enero de 1995 para su aprobación y posterior visto bueno de la alcaldía con un presupuesto cercano a los nueve millones y medio de pesetas. Según don Leopoldo García, uno de los arquitectos que realizaron el informe correspondiente, la demolición “será muy cuidadosa, ya que hay que preservar del riesgo de vibraciones los elementos que se pretenden recuperar”.

Tras las cuatro plantas de altura que en aquel momento almacenaban pieles curtidas, quedaban algunos lienzos de la muralla romana, el palomar que constituye un minarete situado sobre uno de los cubos salientes del muro y la Peña Celestina, todo lo cual quedaría al descubierto tras su demolición. No ocurriría lo mismo con tres pequeñas casas anteriores a la fábrica que están asentadas sobre los cubos de la muralla, ya que el informe municipal decía que debían ser respetadas porque no perjudicaban la labor de recuperación de la muralla y, sin embargo, atenuarían el negativo impacto visual que ofrecía la fachada de la Facultad de Ciencias al contemplarla desde La Vaguada de la Palma. Incluso, el espacio que ocupaba la fábrica y almacén de curtidos, una vez demolidos, podría destinarse a la creación de un ajardinado parque público capaz de acoger acontecimientos culturales de gran envergadura, como teatro, conciertos, etc. al aire libre, teniendo como escenario la muralla y la Peña Celestina.

Por lo demás, también  se proyectó construir escaleras y rampas peatonales que se deslizasen desde la cota superior de la muralla hasta la falda de la peña, formando parte del recorrido que se quería establecer con la cuesta del cerro de San Vicente y el nuevo Campus Universitario de Unamuno. Igualmente, se preveía la posible construcción de un aparcamiento para autocares turísticos que desembarcasen a los visitantes llegados a Salamanca para recorrer la ruta monumental de la muralla romana.

Por otra parte, en Septiembre de 1995, un número especial de “La Gaceta” publicaba con el título de “Arquitecturas. Un lienzo de muralla medieval en Salamanca” un artículo referente al lienzo de muralla que, conformando un ficticio límite trasero del Colegio Mayor Arzobispo Fonseca, su hospedería y el edificio anexo a ésta que constituyó el anfiteatro anatómico cuando fue Facultad de Medicina, se levanta a lo largo de la acera de los números impares del Paseo de San Vicente entre las calles del Espejo y de Ramón y Cajal. Dicho artículo decía así:

“Entre las actuales calles del Espejo, Fonseca, Cuesta de Ramón y Cajal y el Paseo de San Vicente, se encuentra enclavada la manzana de los edificios del Colegio de Nobles Irlandeses “Arzobispo Fonseca”, y los de la antigua Facultad de Medicina y el pabellón quirúrgico, dedicados ahora a otros fines.

El análisis de los planos de García de Quiñones (1784), Lesmes Gavilán Sierra (1786), Juan Marcelino de Sagarvinaga  (1804), un plano francés de fortificación  (1812), el plano de Coello (1858), o el de Deogracias Ebia (1860), por citar los más antiguos conocidos, demuestra como parte del muro que acota el área perimetral de la manzana, en el lado que corresponde al paseo de San Vicente, un segmento con una longitud aproximada de setenta metros, por cinco de altura (ya que el resto del muro, junto a la Cuesta de Ramón y Cajal, es un añadido posterior), es el lienzo de la muralla medieval que terminaba en la puerta de San Bernardo”.

La explicación de esta incorporación física de la muralla es relativamente simple. Como muy acertadamente ha señalado la investigadora Doña Mª Nieves Ruipérez Almajano en su estudio sobre el urbanismo salmantino del siglo XVIII,  lo más destacado de las primeras décadas del XIX fue la determinación que se adoptó el 30 de Septiembre de 1810 sobre realizar una ronda interior a la muralla en este tramo que también sufrió los desmanes franceses durante la guerra de La Independencia. Una ronda interna que tendría aproximadamente quince pies de anchura entre la muralla y los edificios colindantes; detalle que es un hecho bien visible en alguno de los planos citados.

Con el tiempo, la propia línea de apertura de la calle de Los Mártires (actual calle del Espejo), y el cerramiento de este tramo de ronda interna que realiza el mismo colegio, ayudan a establecer una continuidad física entre el edificio y dicha ronda interior decimonónica de la muralla y el lienzo de la misma.

El resultado de esta operación usurpadora se recoge de forma diáfana en el primer parcelario de la ciudad, que se comienza a hacer en 1930. En el se comprueba como la ronda ha perdido esa categoría de elemento deunión entre las actuales calles del Espejo y de Ramón y Cajal  una vez que queda inscrita en el edificio colegial para ser considerada como si de un patio trasero se tratase; trasera del colegio que es utilizada como campo de tenis y frontón, además de habilitarse una puerta en la propia muralla.

A partir de éllo, las reproducciones posteriores de dicho parcelario y de la cartografía asiduamente utilizada lo han incorporado como algo propio del mismo edificio, cuando en realidad esto no es así, pues se trata de terreno público.

En suma, se trata de un conjunto en el que podemos asegurar que la ubicación del lienzo de muralla del Paseo de San Vicente corresponde perfectamente a la línea original de la misma, y que al iniciarse el siglo XXI se encontraba revocado en su totalidad, salvo en algunos sectores deteriorados, donde por esta causa era posible adivinar el muro a simple vista por cualquier ciudadano de cuantos por allí pasan o por quienes fuesen a bordo de cualquier vehículo, ya que se trata de una de las avenidas de mayor tránsito peatonal y con más intensidad de tráfico rodado.

En el deseo de recuperar este tramo de la muralla y el espacio público que fue ronda interna de la misma, así como tantas joyas del legado monumental que la ciudad contemporánea ha fagocitado casi por completo, pocos años después se realizó su limpieza y restauración.

Un año después de publicarse el artículo referido a este tramo de muralla levantado a la espalda del Colegio Mayor Arzobispo Fonseca, el mismo diario “La Gaceta” sacaba a la luz el viernes 13 de Septiembre de 1996 la noticia de que el arquitecto don Julio Brualla, autor del proyecto de rehabilitación de la muralla y director de las obras, había localizado recientemente, a dos metros bajo el nivel del suelo, la base de la puerta de acceso al ya casi desaparecido alcázar que tuvo la ciudad sobre la Peña Celestina. El descubrimiento se hizo durante la quinta fase de recuperación y rehabilitación de la muralla al realizar una excavación en la Cuesta de San Juan del Alcázar, actualmente pavimentada con canto rodado.

Tan extraordinario hallazgo suponía la solución a una de las asignaturas pendientes de la historia de Salamanca. La construcción de esta puerta, según los cálculos de don Julio Brualla, parece datar de entre los siglos II y V y fue durante centurias, junto con la llamada Puerta del Río que se abría en lo que hoy es embocadura sur de la calle Tentenecio, lugar de paso obligado para los habitantes de Salamanca cuando quisieran salir de la ciudad o entrar en ella.

Puesto que estamos hablando sobre Puertas de la ciudad, vamos a nombrar todas aquellas que tuvo la muralla desde el año 1147 y, sobre todo, a partir de su ampliación a mediados del siglo XIII. Estas fueron:  la Puerta del Río y el postigo que daba salida desde la calle Brasería (hoy Veracruz), la de San Juan del Alcázar, la de San Lorenzo o de Nuestra Señora de los Milagros, la de San Vicente, la de San Clemente o de San Hilario, la de San Bernardo, la de Villamayor, la de Zamora, la de Toro, el Portillo de la Cuesta La Raqueta, la de Sancti Spíritus, la de Santo Tomás y la de San Polo o de San Pablo, además de la que con el nombre de Puerta Nueva del Sol se abrió en lo que  hoy es embocadura de la calle Monte Olivete al Paseo de Canalejas.

Para concluir con la muralla medieval que tuvo Salamanca desde mediados del siglo XIII hasta finales del XIX y de la que aún conserva los tramos que hemos visto y veremos a continuación, necesario me parece señalar que el año 1707, en plena guerra de Sucesión, fue  reconstruida en varios puntos, ya que habían quedado seriamente dañadas por los enfrentados cañoneos  entre las tropas anglo-portuguesas y las españolas con sus aliadas francesas. Algunos años más tarde, en 1718,  volvieron a ser reedificadas, siendo un momento en que ya había concluido la guerra de Sucesión y reinaba en España el monarca Felipe V.

Volviendo de nuevo  al tema de la restauración actual de las murallas, añadiremos que frente a la excavación en que apareció la puerta de San Juan del Alcázar   se encontraron restos de la muralla originaria, los cuales habían ido quedando enterrados con el paso del tiempo, mientras que, llamando poderosamente la atención, unos contrafuertes están unidos directamente a la muralla, sobre cuya parte superior se eleva el edificio de la Facultad de Ciencias.

Mas, no nos detengamos aquí porque corre 1996 y los trabajos de rehabilitación de la muralla, que se habían interrumpido durante el periodo estival, prosiguen su curso por la zona de la Peña Celestina para continuar en los meses siguientes hacia la curva del Paseo de San Vicente, donde se alzaba el Colegio Hispanoamericano de Nuestra Señora de Guadalupe, que sería demolido pocos años después, y las inmediaciones del Colegio Mayor Hernán Cortés, situado frente al Hospital  Clínico Universitario. Así pues, tras el verano, los trabajos se siguen efectuando entre la Puerta del Río y la Puerta y Cuesta de San Juan del Alcázar; puertas que, respecto a la primera, en el año 1102 ya recibía dicha denominación, aunque también se la llamaba Puerta de Hércules o de Aníbal, y era utilizada  principalmente por ciudadanos civiles, mientras que la puerta de San Juan del Alcázar sirvió inicialmente para uso de los vecinos y más tarde para la entrada y salida de soldados, ya que, al menos desde los siglos XII y XIII comunicaba directamente con el Alcázar.

El diario “La Gaceta” del viernes 18 de Julio de 1997 apunta que “el Ayuntamiento contratará este mes el derribo de la antigua fábrica de curtidos...”. Como ya sabemos, a partir de la demolición de esta finca se iniciarían las obras de rehabilitación de la muralla y su solar sería convertido en espacio ajardinado de uso público, para estancia y paseo y para acoger la celebración de eventos culturales al aire libre, teniendo como escenario la Peña Celestina y los tramos de muralla que allí se encuentran. Además, se rehabilitarían las tres pequeñas edificaciones que se asientan sobre los cubos de la muralla, pues, a juzgar por los arquitectos don Alberto López Asenjo y don Leopoldo García García, autores del proyecto de demolición de la fábrica y almacén de curtidos, estas casas “pueden atenuar el impacto visual negativo de la fachada de la Facultad de Ciencias...” (foto 44).

Las obras para derruir la citada fábrica y almacén de curtido de pieles salieron a licitación con un presupuesto tipo de nueve millones cuatrocientas mil pesetas, a fin de que las empresas que deseasen participar en la subasta a concurso abierto presentasen en el Ayuntamiento salmantino sus propuestas antes de las trece horas del 23 de Julio de 1997. La empresa adjudicataria tendría que demoler el edificio citado y configurar su superficie en espacio capaz de ofrecer una comunicación peatonal mediante escaleras o rampas que enlazasen el promontorio donde se ubica la Facultad de Ciencias y demás edificios universitarios con la cota inferior de la Peña Celestina.

En esta parcela se proyectaba también acondicionar un apeadero para recibir y despedir a los turistas que entrasen en la ciudad utilizando La Vaguada de la Palma como cauce peatonal, además de construirse un aparcamiento de autobuses turísticos y, probablemente, otro “parking disuasorio con capacidad para setenta vehículos”.

Peña Celestina: Restos del Alcázar y casas levantadas posteriormente en su solar. Al fondo, la Facultad de Ciencias.
Peña Celestina: Restos del Alcázar y casas levantadas posteriormente en su solar. Al fondo, la Facultad de Ciencias.

La aparición de los restos de este castillo medieval y los lienzos de la muralla romana obligó a incrementar el presupuesto inicial de recuperación de la Peña Celestina y Cuesta de San Juan del Alcázar, el cual corría a cargo del Ayuntamiento y se financiaba con fondos del Banco Europeo de Inversiones, siendo el arquitecto don Francisco García Gómez quien diseñó los planos dirigidos a unir paisajísticamente dicha Peña  con el talud* de La Vaguada de la Palma y crear así una zona ajardinada de unos siete mil metros cuadrados.

Junto a lo que queda del alcázar, que incrementa la espectacularidad de la vista panorámica de entrada a la ciudad por La Vaguada de la Palma, se aprecian restos de muralla cuyo estudio estratigráfico deja patente haber sido construida originariamente en tiempos prerromanos y luego en época romana, además de pasar posteriormente por diversas reconstrucciones y reformas medievales. Así, desde el arranque, contemplamos una primera franja correspondiente a la cerca que levantaron los vaceos, que fueron los primeros pobladores de la ciudad, mientras que la situada por encima es de los siglos III y IV, por tanto, construida cuando Salmántica era una cívitas romana. Sin embargo, se trata de lienzos de muralla que se encontraban en muy mal estado, lo que obligaba a su restauración.

Ante tales hallazgos, el 15 de Enero de 1998, el alcalde salmantino don Julián Lanzarote Sastre, acompañado de don Antonio Casaseca Casaseca, Comisario Territorial de la Junta de Castilla y León, realizó una visita al lugar. Durante la misma se comprometió a invertir más dinero en la recuperación de esta fortificación construida en los siglos  XII y XIII y demolida parcialmente en 1472 y en 1812, ya que, hasta aquel momento, con fondos del Banco Europeo de Inversiones, el Ayuntamiento iba a aportar cuarenta y seis millones de pesetas en la rehabilitación de la muralla y el ajardinamiento de la zona.

Como consecuencia de toda esta operación rehabilitadora, el profesor don Luis Serrano Piedecasas consideraba que “se abre una perspectiva inédita de la ciudad”, al tiempo que advertía que la demolición de las ruinas del coronamiento de la Peña Celestina “descubrirá más crudamente la fea construcción de la Facultad de Ciencias”. De todas formas, tamaños descubrimientos, una vez remozados, constituirían una bellísima tarjeta de presentación de la ciudad para cuantos visitantes acudiesen a ella, pues todos estos restos de fortificación y defensa quedarían entre jardines y artísticamente iluminados.

Con tantos descubrimientos han salido y siguen saliendo a la luz elementos arquitectónicos y ornamentales que completan periodos históricos de gran importancia para la ciudad. Éstos arañan hoy la superficie de los cerros de San Vicente y de las Catedrales y son visitados y contemplados día a día por numerosos turistas, especialmente los fines de semana, acabando por saber más de ellos que quienes han nacido y vivido siempre en la urbe tormesina.

De los fragmentos de muralla recuperados con las excavaciones realizadas durante los últimos años, nos decía el arqueólogo de la universidad D. Luis Serrano Piedecasas que “hasta ahora no se les había dado demasiada importancia”, al tiempo que apuntaba que “las sucesivas restauraciones realizadas en la muralla en la zona conocida como La Puerta de Aníbal, o  Puerta del Río, sacaron a la luz la complejidad de este monumento y su carácter de hilo conductor de la historia. Gracias a unas obras de restauración acometidas en la citada puerta, situada en la calle Tentenecio, los arqueólogos pudieron tomar contacto con la muralla antes de su restauración. Este detalle es importante, porque investigar en un monumento ya restaurado es prácticamente imposible”.

Así, en la cuesta de San Juan del Alcázar, nombre que hace referencia a la demolida parroquia de San Juan Evangelista y el propio castillo de la ciudad que ocupaban los terrenos donde hoy se levanta la Facultad de Ciencias y la parte más alta de la Peña Celestina, se ha intervenido antes de su restauración. Allí se excavaron todas las laderas de la citada cuesta que quedan bajo el nivel  cota cero del edificio de la Facultad de Ciencias y luego fueron trasladados los trabajos arqueológicos a las inmediaciones del extremo sur de la calle de San Pablo, donde se encontró el fragmento de muralla más importante de cuantos hasta ahora conocíamos en la ciudad.

Hay que tener en cuenta que, antes del año 1147, la muralla que subía desde la puerta de San Lorenzo, también llamada puerta de Nuestra Señora de Los Milagros, enlazando con el alcázar y recorriendo los terrenos donde luego se ubicaron los desaparecidos Convento de San Cayetano y Colegios Mayores de Oviedo y de Cuenca, llegaba a la altura de la calle Rabanal y cruzaba la de Cervantes (antigua calle de Los Moros) hasta la embocadura de la calle Meléndez (antes de Sordolodo) y el lugar donde se construyó a caballo entre los siglos XV y XVI la famosa y preciosista “Casa de Las Conchas”.

Aquí se abría la denominada “Puerta del Sol” y se levantaba el “Castillo Viejo”, desde donde continuaba la muralla casi paralela a la actual Cuesta de Palominos, pero atravesando algo las parcelas que luego pasaron a ocupar el Colegio Mayor de San Bartolomé (Palacio de Anaya) desde comienzos del siglo XV y su dieciochesca Hospedería para pasar por detrás del solar sobre el que luego se levantaría la casa palaciega de los Marqueses de Castellanos a finales del siglo XV o comienzos del XVI (hoy convertido en Hotel Palacio Castellanos). Algo más arriba de la entrada a la calle de El Tostado había otra puerta, la de San Sebastián, y una más pequeña se abría igualmente en la embocadura de la hoy Cuesta de Carvajal, junto a la desaparecida Iglesia de San Cebrián o San Ciprián, de la que tomó el nombre. Desde aquí doblaba la muralla su recorrido al final de la calle de San Pablo para estirarse por toda la ladera del río y enlazar las puertas de Aníbal, de San Juan del Alcázar y de San Lorenzo, éstas dos últimas flanqueando  la Peña Celestina.

 En suma, un circuito amurallado que debió corresponder a la vieja cívitas romana de Salmántica, nombre con el que se conocía entonces a Salamanca, aunque en algunas zonas parece datar de la época de ocupación islámica, que es un periodo histórico bastante desconocido. No obstante, a este respecto,  Fernando Araujo cita en su obra “La Reina del Tormes” los siguientes sucesos y fechas:

“711   Invasión sarracena; conquista de Salamanca por los árabes.
743   D. Alfonso I, Rey de Asturias, recobra momentáneamente a Salamanca, arrojando de ella a los moros, que la vuelven enseguida a ocupar por falta de guarnición.
859   D. Ordoño I rescata Salamanca del poder agareno, pasando a cuchillo la población morisca.
861   Almondhir derrota a los cristianos y recupera Salamanca.
868   Ocupación momentánea de Salamanca por Alfonso III “El Magno”.
869   Las tropas musulmanas se apoderan de nuevo de Salamanca.
876   D. Alfonso III recobra por segunda vez a Salamanca.
938   El califa Abderrahmán reúne en Salamanca un ejército de 100.000 hombres para combatir a los reyes cristianos.
939   Ramiro II se apodera de la ciudad de Salamanca y la repuebla.
967   Pasa por Salamanca el cuerpo del mártir San Pelayo, pedido por Sancho de León al califa Alhkem, y se funda con este motivo la iglesia de San Pelayo.”

Seguidamente  Mohamad Ibn Abi’-Ämïr  atacó Salmántica en la primera vez que vino a esta durante una campaña bélica de invierno el día 18 de Septiembre del año 977, retirándose luego de ella a los treinta y tres días.

Araujo continua diciendo que en:

982   Almanzor tala el territorio de Salamanca y conquista la ciudad.
1003   Recobran las tropas cristianas a Salamanca, después de la batalla de Calatañazor.
1007   Abd-el-Melek Almudafar arrasa la Ciudad de Salamanca.
1096   El Conde D. Ramón de Borgoña  puebla a Salamanca y la otorga sus primeros fueros.
1100   Se dice la primera misa en la Catedral Vieja
1109   Ali-ben-Yussuf, al frente de las huestes almoravides, entra en Salamanca.- El Conde don Vela, infante de Aragón, la repuebla de nuevo.
1110   Alfonso I de Aragón pone guarnición en Salamanca.
1196   Yacub Almanzor penetra en Salamanca, pasa a cuchillo gran número de habitantes e incendia la ciudad.- El Rey de Castilla tala los alrededores de Salamanca.”

Don Luís Serrano Piedecasas, que llevaba trabajando en este campo bastante tiempo, explica que “con estas investigaciones, se trata de percibir hasta qué punto existió, y con qué intensidad, la ocupación islámica en Salamanca hasta épocas de Almanzor, que es cuando, con la caída del califato, los musulmanes se repliegan hacia el sur del río Tajo”.

Dichos trabajos arqueológicos y el estudio de su historicidad es lo que se estába realizando en esos momentos de finales del siglo XX en determinados fragmentos de muralla que aún se conservan en el extremo sur de la calle de San Pablo y la novedosa Plaza de Los Niños del Coro, en las cuestas del barrio de Los Milagros, sobre el Instituto de Enseñanza Media de La Vaguada o en una de las torres del alcázar que subsiste en la Peña Celestina. A tenor de ello, el diario “Tribuna de Salamanca” del veinticinco de Enero de 1998, entre otras cosas, dice: “el arqueólogo Luís Serrano Piedecasas participa en estos momentos en la elaboración de un proyecto cuya finalidad es conseguir que “la restauración de estos vestigios se haga de modo selectivo, generando a quien los contempla un mensaje didáctico”. Para ello se estaba confeccionando la correspondiente señalítica a base de una serie de paneles explicativos, “que se irán colocando en las zonas restauradas, explicando qué significa cada tramo de muralla y en qué parte de la ciudad se integra”. De tal manera que quien se acerque a la plazuela de Los Niños del Coro o a la Peña Celestina, sepa que es un monumento muy complejo, que se ha edificado en épocas muy distintas y ha sido testigo de numerosos episodios de la historia de la ciudad”.

Hasta el momento, “la Salamanca arqueológica ha sido trabajada oscuramente y sin pretensiones de integrarse visiblemente en el patrimonio urbano”, comentaba dicho arqueólogo, quien apuntaba igualmente que “ahora se trata de valorar los restos arqueológicos de la misma manera que se hace con un cuadro de un pintor famoso”, idea que combinaba perfectamente con las aspiraciones de Salamanca a la capitalidad cultural europea, título que alcanzó en Junio de 1998 para su celebración el año 2002.

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