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Concluida esta biografía de Fray Juan de Yepes, es decir, de San Juan de la Cruz, pasaremos a conocer lo que ocurrió el segundo semestre de 1997 en la denominada “Plaza de Los Niños del Coro” ( foto 40) con motivo de las obras de creación y urbanización de la misma y de la peatonalización de la calle de San Pablo. Para ello tendremos en cuenta los artículos de prensa recogidos en los diarios locales ”Tribuna de Salamanca” y “La Gaceta”. Los del primero corresponden a los días uno y dos de agosto y ocho de noviembre, mientras que los del segundo están fechados a 3, 8 y 14 de Agosto, 6 de Septiembre y 9 de Octubre.

Restos de la muralla romana en la Plaza de los Niños del Coro.
Restos de la muralla romana en la Plaza de los Niños del Coro.

Según “Tribuna de Salamanca” del viernes 1 de Agosto de 1997, el 29 de Julio, durante las excavaciones llevadas a cabo por un grupo de arqueólogos al pie de la muralla romana ubicada frente a los restos de la Iglesia de San Polo, el obrero José María Domínguez, que les ayudaba en sus trabajos arqueológicos, encontró el esqueleto humano más antiguo de Salamanca. Es del siglo III después de Cristo y, por tanto, de época romana. Por el hueso de la pelvis advertimos que pertenecía a una mujer, y por el estado de la dentadura y las medidas craneales supimos que a la hora de su muerte tenía de 45 a 60 años. Fue encontrada en una tumba romana situada frente a las restauradas ruinas de la Iglesia de San Polo. Y por ser José el nombre del descubridor de los restos de esta dama, en su honor se la ha pasado a denominar “Josita”.

Como veremos más adelante, en excavaciones sucesivas salieron a la luz otros enterramientos que fueron apareciendo en sus inmediaciones, lo que demuestra que no se trata de un sepulcro aislado, sino de toda una necrópolis ubicada en esta zona extramuros de la ciudad cuando Salamanca era una ciudad de la provincia romana llamada Hispania. Sin duda se trata de un hermoso hallazgo del grupo de arqueólogos que, coordinados por Miguel Ángel González, forman: Quini Socastro, Beatriz Tejeiro e Inma Gaudalupe. A estos se unió luego el productor de la empresa CEYD José María Domínguez, que había sido cedido por ésta al citado grupo de arqueólogos para que les ayudase en sus tareas de excavación. Estamos, por tanto, ante el primer resultado positivo obtenido por dicho grupo de arqueólogos, al que la Junta de Castilla y León había encargado realizar las labores de control de la zona cuando comenzaron las obras destinadas a urbanizar peatonalmente la calle de San Pablo, ya que existían grandes posibilidades de encontrar algún tipo de resto arqueológico.

El enterramiento de “Josita” es “el típico romano, con una estructura de tejas a ambos lados”. De su esqueleto han aparecido hasta el momento los siguientes huesos: “el cráneo, el húmero, las costillas, la mandíbula y un nuevo hueso que podría ser parte de la pelvis,...”.

El trabajo del grupo comenzaba a las ocho de la mañana y se prolongaba hasta las doce del mediodía, mientras que por la tarde lo hacían de cinco a ocho. Se trataba de minuciosas labores de excavación y de limpieza del suelo, centímetro a centímetro, hasta llegar a la roca madre. Si aparecía algún hueso le aplicaban un producto compactante, a fin de evitar su rompimiento, pero no lo extraían, pues su pretensión era descubrir a “Josita” entera y, con ello, conseguir  el mayor número de datos sobre el tipo de enterramiento que se le practicó, así como ver si había alguna muestra o indicio de haberse llevado a cabo algún ritual.

Junto a esos restos humanos se encontró un trozo de sigilata*, típica cerámica romana que permitió a los especialistas  establecer cuando vivió aquella dama, cuya extracción fue, sin duda, “trabajo de chinos”. Y es que los huesos se mezclaban con las raíces, por lo que había que irlas cortando muy despacio, utilizando un bisturí, y, además, ir limpiando la tierra centímetro a centímetro para evitar que quedase oculto algún otro resto que pudiera dar más luz a efectos de la datación  del enterramiento y las circunstancias en que se produjo. No hay que olvidar que “un diente, un trozo de cerámica, la posición de un brazo o una pierna ofrecen datos importantes a los arqueólogos. Cada vez que se excava un poco más con las paletas, se limpia la zona con pinceles, paso a paso, poco a poco, con mucha paciencia”.

Para Quini Socastro, uno de los citados arqueólogos, “la muralla es un lugar donde puede leerse la historia de Salamanca. Desde la base, romana, hasta la parte superior, construida y reconstruida muchas veces, pasando por los sillares de la época medieval, los diferentes tipos de piedras hablan de los pobladores de la ciudad a lo largo de los siglos”.

“La zona donde ahora ha aparecido Josita era un lugar virgen, porque nunca se habían hecho excavaciones ni obras. Este era el barrio de los francos, y lo más probable es que fuera de las murallas estuvieran asentados los artesanos que necesitaran mucha agua en su trabajo, por lo que no es raro encontrar enterramientos”.

Hasta ahora habían aparecido restos humanos en el cerro de San Vicente y en torno a la desaparecida Iglesia de  San Cebrián, pero no se habían encontrado huesos de la época romana. “Respecto a otro tipo de restos, en Salamanca existen, en la iglesia de La Clerecía, vestigios de la primera Edad de Hierro. Las piezas que ahora han aparecido pasarán a engrosar la colección que posee el Museo de Salamanca. Los restos de Josita se entregarán a los responsables de Patrimonio de la Junta, que son quienes han encargado el trabajo de seguimiento al grupo coordinado por Miguel Ángel González”.

Como consecuencia de tan interesante hallazgo, el diario “Tribuna de Salamanca” del sábado 2 de Agosto de 1997 se hacía eco de la gran atracción de curiosos que había suscitado. En los días sucesivos a su publicación en la prensa eran numerosas las personas que se acercaban de continuo para ver y tocar los restos humanos más antiguos de Salamanca; osamenta que, sin duda, hoy forma parte de nuestra historia y sobre la que el coordinador del grupo de arqueólogos ya había puesto en marcha las medidas de aislamiento necesarias para que nadie se acercase, ya que se trataba de algo que no debe ser tocado por manos inexpertas.

Beatriz Tejeiro, una de las arqueólogas, nos comentaba que “había venido mucha gente a verlo, tanto salmantinos, como forasteros, Yo misma he hablado con un matrimonio belga. Algunos de ellos preguntan, por lo que hemos de darles explicación de lo que estamos haciendo. Incluso, en ocasiones, han hecho fotografías”.

Mientras tanto, el grupo de arqueólogos que coordina Miguel Ángel González continúa realizando excavaciones encaminadas a descubrir otras tumbas de aquella época y ajuares o enseres que permitan concretar las fechas más exactas o cercanas posibles en que vivieron quienes ahora las ocupan. Así mismo, como la competencia sobre el yacimiento es de la  Junta de Castilla y León, la Dirección de Patrimonio emitirá un informe sobre el conjunto de estos hallazgos cuando terminen dichas excavaciones. Después, se estudiará minuciosamente todo lo encontrado y se decidirá en qué museo u otro lugar se han de depositar.

Así pues, al seguir excavando, se han ido encontrando más sepulturas de tiempos de “Josita” y otras piezas de épocas posteriores, pertenecientes, especialmente, a los pobladores de la Salamanca medieval.

En el mismo artículo de prensa, José María Domínguez, descubridor de “Josita”, la más anciana difunta de la ciudad, nos dice que empezó a trabajar con los arqueólogos por casualidad y que con ellos había aprendido mucho. Cuenta, además, que el encuentro del cráneo de “Josita” fue una sorpresa, pues; “estaba excavando, como todos los días, junto al grupo de arqueólogos, y apareció la cabeza. Al principio, como estaba llena de tierra, parecía una piedra. Se la entregué a Miguel Ángel González, que coordina el equipo, y vimos que era un cráneo humano. Fue muy emocionante, porque, rápidamente, los expertos vieron que pertenecía a la época romana, al siglo III o IV, y eso supone que Josita es el resto humano más antiguo que se ha encontrado en Salamanca”.

Al preguntarle si había trabajado con anterioridad en algún yacimiento arqueológico, contestó: “nunca, yo trabajo en la construcción y me encargaron descubrir una parte de la muralla. Después, la empresa ofreció un obrero para ayudar al grupo de arqueólogos que controlaba las obras por si aparecían restos, y me tocó a mí”.

También fue interrogado sobre si había aprendido algo desde que trabajaba con el citado equipo, a lo que respondió: “sí, por supuesto. Antes, cuando encontraba una teja o un trozo de cerámica, ni me fijaba, lo tiraba, pero ahora he aprendido a distinguir los distintos tipos de objetos, sé como es una sigilata o una teja romana. Quini, Inma, Beatriz y Miguel Ángel me han enseñado muchas cosas y estoy encantado de trabajar con ellos”.

En “La Gaceta” del domingo 3 de Agosto de 1997, leo con mi escánner, entre otras cosas, que podría tratarse de la necrópolis romana de la ciudad, pues, habían aparecido más restos humanos y objetos de cerámica. También señala que: “la tumba de la época romana, que desde ayer está siendo vigilada por la policía por atraer la atención de muchos curiosos, consiste en un enterramiento bajo el bastión semicircular de la muralla. Está hecho de tégulas*  y en su interior se encuentran los restos de un humano tumbado”....Tiene  “1,65 metros de estatura”  y está “enterrado con algunos objetos de cerámica”.

El equipo dirigido por el arqueólogo Miguel Ángel González esperaba encontrar alguna edificación adosada a la muralla, nunca una necrópolis. El trabajo de sus pinceles y bisturíes ha sacado a la luz en los últimos días una mandíbula, una rótula, algunas cerámicas y una losa de granito que podría tratarse de una lápida”. Rectificando un error de prensa, pongo en conocimiento de los lectores que la losa es de pizarra, y no de granito, y que ha aparecido a unos tres metros del sepulcro de “Josita”, mientras que los huesos humanos y las piezas de cerámica se han encontrado diseminados acá y allá.

Todo ello dio lugar a que la empresa CEYD, que además de convertir en semi peatonal la calle de San Pablo, había proyectado construir un parque con jardines en la zona objeto de las excavaciones, se viese obligada a que el arquitecto dejase abierto el proyecto, pues si surgían nuevos hallazgos habría que modificarlo. Entre tanto, la empresa solicitó el día anterior al Ayuntamiento la necesaria vigilancia policial del lugar e instalación de mejores vallas que impidiesen el acceso al mismo, ya que las que había  hasta entonces podían moverse y trasladarse con facilidad.

“La Gaceta” del día 8 de Agosto de 1997 comunica a los salmantinos que “la muralla de “La Plaza de los Niños del Coro” ya se encuentra al descubierto”. Es decir, el paño de muralla situado a la derecha del bastión* semicilíndrico que forma parte de la misma, ha quedado descubierto al ser eliminada la rampa de tierra que lo ha cubierto durante siglos. No obstante, este trabajo no estaba concluido, pues, D. Bonifacio Reyes, arquitecto del proyecto, apuntaba que “quizás en otras fases de la restauración, derribarán la pequeña rampa restante”. Ahora “se está procediendo a la limpieza de la muralla y a la bajada del nivel hasta la altura del zócalo primitivo, como se ha hecho en el resto de la construcción”.

El grupo de arqueólogos está “realizando el primer lavado de la piedra, además de continuar con el trabajo de limpieza de los restos humanos de la tumba hallada en la plaza, a la que han apodado con el apelativo cariñoso de “Josita””.

Así mismo, D. Bonifacio Reyes aseguraba que el lunes, día once de agosto se comenzaría a levantar un muro de hormigón de tres metros de altura, a fin de proteger la pared colindante con la “Churrería Graci”, enclavada al final de la acera de los números pares de la calle de San Pablo, así como un “murete” de piedra de sesenta centímetros para separar el talud ajardinado respecto al resto de la plaza, la cual sería urbanizada al nivel de la acera. Por tanto, dicho “murete” haría que la zona donde se encuentra la muralla y la necrópolis quedase a mayor altura y aislada de la plaza, lo que evitaría modificar el proyecto de urbanización de la misma.

“La Gaceta” del jueves 14 de Agosto de 1997 pone en nuestro conocimiento la explicación que da el arquitecto D. Bonifacio Reyes respecto a la urbanización que iba a tener todo el conjunto, cuyas obras serían ejecutadas en seis meses, así como la restauración del tramo de muralla que se conserva y los hallazgos arqueológicos ubicados en su base.

Los restos humanos de “Josita” quedarían protegidos por un acristalamiento. Con ello serían inaccesibles para las gentes, pero podrán verse y ser explicados en paneles gráficos instalados en la plaza. Además, la muralla sería dotada de una iluminación artística especial que permitiría apreciar los cuatro niveles que muestra la construcción de la misma. En ella se adecentarían las piedras más deterioradas y se eliminaría la chimenea que aparece sobre ella.

La parte de la plaza situada a nivel superior tendría unos trece metros de anchura y quedaría a una altura de tres metros. Estaría tapizada de plantas  arbustivas y contaría con algunos cipreses. La zona a la que se accede desde la calle de San Pablo estaría enlosada de granito y contaría con cuatro acacias que darían sombra en la parte derecha de la plaza, así como unos cipreses que tratarían de ocultar, o al menos disimular, el muro adyacente a la “Churrería Graci”. Así mismo, se construiría una grada que tendría como objetivo disimular el desnivel existente entre ambas zonas.

En cuanto al cubo de la muralla, aunque tiene forma redondeada, característica propia de la Edad Media, pertenece a la época en que Salamanca formaba parte  del imperio romano. El que hasta ahora haya sido considerada una construcción medieval es debido a que en época romana no se construían en forma de cubo. De este y del resto de la muralla se realizarían también paneles explicativos, donde se indicaría qué piedras son antiguas y cuales son fruto de la sustitución efectuada en el momento de la restauración.

La muralla ofrece cuatro niveles de construcción, los cuales, en sentido ascendente, corresponden: al siglo IV  (romano tardío), X (alto medieval), XII (bajo medieval) y la del siglo XX, en el que se han añadido piedras reparadoras que habían sido sillares romanos.

Por el diario “La Gaceta” del lunes 25 de Agosto de 1997, sabemos que el equipo dirigido por Miguel Ángel González continuaba en esa fecha excavando en busca de nuevos sepulcros y ajuares y que D. Nicolás Benet, arqueólogo territorial de la Junta de Castilla y León, confirmaba que estabamos en presencia de una necrópolis romana del siglo III después de Cristo. No obstante, él mismo apuntaba que, “aunque la tumba aparecida es del siglo III d. C., en el cementerio podrían haberse hecho enterramientos entre los siglos II al IV d. C.”, y que “no sería descabellado pensar que las estelas romanas (lápidas funerarias con nombres, edad y dedicatoria) que han ido apareciendo fuera del convento de la muralla desde el siglo XVII en la ciudad, pertenezcan a esta necrópolis”.

En buena lógica, ello pudiera ser cierto, pues, en la actualidad, se conoce la existencia en la ciudad de setenta estelas funerarias, algunas de las cuales podemos contemplarlas  en el Museo de Salamanca, mientras que otras forman parte de la estructura arquitectónica de la muralla.

Dicho arqueólogo territorial de la Junta de Castilla y León, según el citado periódico, “va a recomendar excavar dos o tres tumbas más para saber qué se podría encontrar en la zona, pero afirma que no se descubrirá  toda la necrópolis, ya que “es preferible mantenerlo bajo tierra, donde se conservará mejor, ya que siempre habrá oportunidad de excavar”; decisión con la que no hacía otra cosa que seguir las recomendaciones hechas por el Consejo de Europa y la UNESCO respecto a los descubrimientos arqueológicos, en las que se aconseja que en las excavaciones sólo se profundice lo preciso.

El mismo artículo de prensa decía: “por el momento, los trabajos han sido ampliados” para efectuar sondeos en una mayor extensión de terreno y buscar en él la profundidad a que se encuentra la roca madre. Como consecuencia de estos trabajos, el viernes día 29 de Agosto, “se ha localizado un segundo muro exterior a la muralla” aunque no se sabía todavía cual era su longitud y profundidad ni cuando y porqué se levantó.

Así pues, entre el 18 y 23 de Agosto de 1997, se abrió una zanja de nueve metros cuadrados que tenía un metro de profundidad, a fin de “determinar la estratigrafía* de la zona”. Y, además,  se había “ampliado el área de excavación a una zona de veinte metros cuadrados hacia la derecha de la tumba hallada y en una parte más adelantada para tantear el terreno y encontrar nuevos enterramientos”.  Con ello se pretendía conocer la extensión de la necrópolis para saber si tenía una entidad  arqueológica importante y si podía ser visitable, así como evitar el que las obras de urbanización de la Plaza de los Niños del Coro pudieran afectar a los restos arqueológicos.

A comienzos del mes de septiembre se reunían D. Nicolás Benet y  D. Bonifacio Reyes, éste último arquitecto diseñador del proyecto de urbanización de esta plaza de los Niños del Coro y restauración de la muralla romana en el punto sur de la ciudad que ahora nos ocupa. La reunión tenía como fin determinar las actuaciones a seguir en la zona tras valorar los descubrimientos arqueológicos hechos en ella. Don Nicolás Benet planteó su tesis de que “no es aconsejable dejar los restos humanos descubiertos visibles”. Y que “sería mejor dejar una reproducción de la estructura cerrada  de la sepultura con el tejado a dos aguas”, junto con “un panel con un gráfico o una fotografía de los restos encontrados”.

Por otra parte, según “La Gaceta” del sábado 6 de Septiembre de 1997, a falta de aprobación del nuevo presupuesto para la ampliación de las obras, el alcalde de Salamanca, D. Julián Lanzarote, dio luz verde para que se ejecutase la segunda fase de vaciado arqueológico.

El día cinco de septiembre, el alcalde había hecho una visita a la Plaza de los Niños del Coro para ver cómo iban las excavaciones, momento en que le explicó el propio arquitecto D. Bonifacio Reyes en qué consistía el nuevo proyecto a realizar. Acompañaron al alcalde en esta visita los concejales Jesús Encabo y Fernando Rodríguez, correspondientes, respectivamente, a las áreas municipales de Urbanismo y de Policía.

El arquitecto y el trío de munícipes conversaron largo y tendido sobre los diferentes temas que incidían en los trabajos que debían ejecutarse y respecto al escaso incremento hecho en el presupuesto con motivo de las excavaciones arquitectónicas, pues éste ascendía solamente a ocho millones de pesetas. En virtud de esta conversación, aquel proyecto de urbanización de la Plaza de los Niños del Coro que se había publicado en “La Gaceta” del 14 de Agosto de 1997 con un presupuesto de treinta y siete millones de pesetas, ahora pasaba a ser de cincuenta millones. Esta diferencia se añadía como presupuesto anexo, debido a la prolongación de dichas excavaciones, las cuales, según D. Nicolás Benet, habían dado también lugar al “descubrimiento del entronque de la cerca nueva que llegaba hasta San Polo y la puerta de San Pablo”.

Como consecuencia de esta segunda fase de excavaciones, “La Gaceta” del jueves 9 de Octubre de 1997 muestra un artículo titulado: “La excavación de San Polo descubre seis tumbas y una edificación romana. Lienzos constructivos de época romana y varias tumbas del siglo III después de Cristo han sido el balance final del trabajo realizado en los últimos meses por el equipo de arqueólogos de la zona de San Polo”.

Sin duda, este titular  hace referencia a “San Polo” por ser el lugar más conocido e inmediato a la llamada “Plaza de los Niños del Coro”, con su necrópolis y trozo de muralla de la época romana que conserva la ciudad. Dicha plaza, además de este cementerio y muralla, luciría catorce metros de paredes que fueron igualmente levantadas cuando Salamanca era ciudad romana. Éstas también salieron a la luz durante el transcurso de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo ese verano, las cuales se dieron por finalizadas el ocho de octubre.

Fue en las últimas semanas de excavaciones cuando el equipo de arqueólogos de Miguel Ángel González encontró y limpió estos restos romanos conformadores de una estructura arquitectónica que parece delimitar una edificación. Dentro de uno de los recintos que enmarca esta estructura de piedra se encontraron “materiales de fundición, como gotas de hierro, que indican que se trataba de un área funcional, a diferencia del habitáculo vecino, cuya estructura es diferente”, según D. Miguel Ángel González, director de la excavación.

En cuanto a la necrópolis, además de la sepultura de “Josita”, aparecieron otras tres con restos humanos pertenecientes al siglo III después de Cristo. También se encontraron dos sepulcros circulares de medio metro de diámetro, que eran denominados “cenitales” por ser en los que se recogían las cenizas del difunto cuando éste era incinerado. En su interior estaban todavía las cenizas humanas, ligeramente removidas, y “restos del ajuar del enterrado, como cerámicas, vidrios y monedas”.

En suma, la distribución de los sepulcros y la forma y lugar en que se encontraron las paredes de uno o varios edificios permite conocer cómo se articulaban los espacios de la ciudad de Salamanca cuando ésta era romana.

Al mes siguiente, el periódico local “Tribuna de Salamanca” del sábado 8 de Noviembre de 1997 mostraba otro artículo que llevaba por título: “La urbanización de la Plaza de los Niños del Coro realzará la muralla. Patrimonio señala pequeñas modificaciones sobre el proyecto inicial. La Comisión Municipal de Patrimonio no puso especiales pegas a las obras de urbanización de la Plaza de los Niños del Coro, situada en la parte más baja de la calle San Pablo. Sus indicaciones no impedirán que continúen los trabajos, que servirán para realzar los restos de la antigua muralla”. De su lectura obtuve las siguientes conclusiones:

1- Que las obras de construcción de dicha Plaza seguirían su ritmo, ya que la Comisión Municipal de Patrimonio, en la sesión del día siete de Noviembre de 1997, sólo había hecho un par de matizaciones que en nada esencial modificaban el resultado de lo proyectado. Así, como la cuestión principal consistía en realzar la vista de la muralla  sobre el resto de elementos arquitectónicos y ornamentales de la plaza, la citada Comisión creyó conveniente “reforzar las pantallas vegetales y cambiar el sentido de los bancos”, para que quienes se sentasen en ellos lo hagan mirando hacia ella.

2- Los cerca de mil doscientos metros cuadrados que tiene la plaza  estarían rodeados de “especies arbustivas y césped, al tiempo que se protegería la muralla con un talud”. Su superficie quedaría separada de las aceras de la calle de San Pablo mediante “una cinta de adoquinado” y “el pavimento  combinaría las losas de granito con el empedrado”.

3- Que el nombre de Plaza de los Niños del Coro era solamente provisional, pues es la Comisión Municipal del callejero la que buscaría y acordaría ponerle la denominación que estime más conveniente. Dicha Comisión se decantó con posterioridad afirmativamente respecto a la citada nomenclatura.

Si todo esto lo expresaba con meridiana claridad el periódico “Tribuna de Salamanca”, El mismo día 8 de Noviembre lucía “La Gaceta” en su columnario este título: “La Plaza de los Niños del Coro no ocultará las vistas de la muralla”.

En la lectura de este artículo quedaba patente que la Comisión Municipal de Patrimonio pidió al arquitecto D. Bonifacio Reyes que introdujese en el proyecto de urbanización de la citada plaza  determinadas modificaciones. Éstas consistieron en: reforzar “con olivos y cipreses los laterales de la pantalla vegetal que protegería la muralla a modo de talud, dejando las plantas arbustivas en el tramo central”; y colocar los bancos de la plaza en posición paralela a la muralla. Por tanto, estamos ante un artículo sustancialmente repetitivo respecto al consignado en el diario “Tribuna de Salamanca”, aunque es más ahorrativo en cuanto a tinta y papel.

Al fin, la Plaza de los  Niños del Coro quedó terminada en la segunda semana del mes de Febrero de 1998, pero el diario local “La Gaceta” del domingo día nueve de Mayo de 1999 apuntaba que la empresa GOYPROSA, con motivo de las obras de construcción de un edificio que estaba levantando en el solar de la antigua casa que fue vivienda del fallecido catedrático D. César Real de la Riva, fundador de los cursos de verano para extranjeros en la Universidad salmantina, había descubierto restos de lo que fue “El mirador” de la muralla en la Cuesta de Carvajal. El hallazgo fue seguidamente comunicado a los miembros de la Comisión Territorial de Patrimonio de la Junta de Castilla y León.

En el mismo año, los periódicos “Tribuna de Salamanca” del viernes cuatro de Junio y “El Adelanto” del día seis del mismo mes comentaban el descubrimiento de “un tramo de muralla celtibérica y otro de la cerca vieja” en el mismo lugar, esto es, en la parte alta de la Cuesta de Carvajal, haciendo esquina con la calle San Vicente Ferrer, donde se llevaba a cabo la construcción del mencionado edificio. Ello daría lugar a que, en el solar  y formando parte de la estructura del citado edificio, se incluyeran dichos tramos de muralla sacados  a la  luz durante la excavación para su necesaria cimentación, ya que, según la legislación vigente, era obligatorio modificar el proyecto inicial de edificación.

Se trataba de dos tramos de muralla: el más antiguo, de unos catorce metros, pertenece al  muro celtibérico, por tanto prerromano, del castro salmanticense construido durante los siglos II y III antes de Cristo, es decir, en tiempos del asedio a Salamanca por el caudillo cartaginés Aníbal II; el otro es un pedazo de la llamada “cerca vieja”, esto es, la de origen tardorromano que cerró la ciudad en la primera etapa medieval. Esta, recorrida a vuelapluma,  partía  de la Peña Celestina e iba por las vías urbanas que más tarde tomaron los nombres de Cuesta de Oviedo y calle Rabanal, hasta llegar a la de Meléndez y cruzar las Rúas Menor y Mayor y bajar por la Cuesta de Palominos para pasar entre los solares donde luego se construyeron el Colegio Mayor de San Bartolomé, hoy Palacio de Anaya, y la Casa  señorial de los marqueses de Castellanos que actualmente alberga el Hotel Palacio Castellanos. Desde aquí seguía hacia el punto en que se encuentra  la construcción del edificio donde han aparecido estos restos de la muralla y continuaba hasta la recientemente inaugurada Plaza de los Niños del Coro para estirarse por lo que conocemos como Paseo del Rector Esperabé y concluir en la Peña Celestina, donde se cerraba el circuito.

Sus piedras, una vez analizadas y fechadas, darían lugar a la restauración de estos tramos de muralla y su inclusión en la estructura del edificio y otros elementos inmediatos, tal como indicaba D. Carlos Macarro, arqueólogo encargado de los trabajos de recuperación que se llevaban a cabo desde un mes antes, momento en que, con este fin, se paralizaron las excavaciones destinadas a la cimentación del edificio por aparecer los restos del mirador de la muralla. Así, Don Carlos y otro arqueólogo más, además de una cuadrilla de peones, acometieron las labores de investigación arqueológica a distintos niveles para documentar el hallazgo, siempre teniendo en cuenta que el subsuelo de esta parte de la ciudad está legalmente protegido, ya que pertenece al barrio antiguo y este ha sido declarado “conjunto histórico”.

Dichas excavaciones arqueológicas fueron autorizadas por la Comisión Territorial de Patrimonio Cultural el día 28 de Mayo de 1999 al ponerse de manifiesto la existencia de los citados restos arqueológicos. Sin duda, estábamos ante un hallazgo de gran magnitud, pues estas excavaciones  arqueológicas permitieron también confirmar la existencia de una habitación de época romano-tardía superpuesta a la muralla celtibérica mencionada.

Estos restos de muralla fueron visitados por la Presidenta del Senado, Dña. Esperanza Aguirre, a la que acompañaban: el Delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas Sr. Gonzalo Robles; el Alcalde de la ciudad, D. Julián Lanzarote; el Presidente de la Diputación Provincial de Salamanca, D. Alfonso Fernández Mañueco; y la Delegada Territorial, Dña. Isabel Jiménez, todos del Partido Popular, entre otras autoridades.

No obstante, los descubrimientos arqueológicos hechos en la Plaza de los Niños del Coro y en la Cuesta de Carvajal no eran  los únicos, pues Salamanca guarda en el subsuelo otros antiquísimos restos. Así, en los últimos diez años han ido apareciendo yacimientos en los llamados Cerro de las Catedrales o de San Isidoro y Cerro de San Vicente, los cuales quedan individualizados mediante la llamada  “Vaguada de la Palma”, cuya calle de La Palma es eje principal del barrio de Los Milagros.

Por el diario “La Gaceta” del 25 de Noviembre de 1992 y del 12 de Enero de 1993 sabemos que, según proyecto, la Consejería de Fomento de la Junta de Castilla y León invertiría doscientos cincuenta millones de pesetas en la restauración de la muralla romana de Salamanca, cuya construcción tuvo su origen en una cerca levantada en el siglo II  antes de Cristo. Se haría en siete fases sucesivas, invirtiéndose en las dos primeras cerca de setenta y tres millones de pesetas. La primera, presupuestada en algo más de cuarenta millones abarcaba el tramo ubicado entre el Jardín del Visir y el edificio modernista, conocido como “Casa Lis” (foto 41), mientras que la segunda, con más de treinta y dos millones y medio de pesetas, correspondía al lienzo de muralla comprendido entre dicha casa y el cubo arquitectónico situado al oeste de la antigua Puerta de Aníbal. En ambas fases se sustituirían la sillería y la mampostería y en la segunda, además, se reforzaría su estructura. También serían dotadas de una iluminación artística adecuada y de un bello ajardinamiento y buena pavimentación en todo su entorno.

Salamanca: Fachada sur de la Casa Lis.
Salamanca: Fachada sur de la Casa Lis.

Posteriormente se restauraría el tramo de muralla  que abarca el final de las edificaciones más próximas al río y el muro de hormigón que delimita los terrenos de los edificios universitarios de la Facultad de Ciencias (foto 42). Dichas casas en su mayoría del siglo XVII fueron igualmente consolidadas y restauradas, aunque no con el esmero en que se hubiera hecho si fuesen monumentos históricos.

En fases sucesivas se actuaría en los contrafuertes y trozos de muralla existentes en la fachada sur de la Facultad de Ciencias (foto 43) y entre la curva de la Vaguada de la Palma y el final de la bajada existente desde dicha Facultad. Finalmente, se restauraría la llamada “cerca nueva”,  que data del año 1147 y se estira desde el vértice de la curva del teso de San Vicente hasta las primeras edificaciones situadas frente al Hospital Clínico Universitario.

Casas restauradas junto a la Facultad de Ciencias.
Casas restauradas junto a la Facultad de Ciencias.

Fachada sur de la Facultad de Ciencias.
Fachada sur de la Facultad de Ciencias.

En suma, trozos de muralla que suman más de un kilómetro largo, los cuales, prácticamente en su totalidad, han sido incorporados perfectamente por el Estado a su patrimonio.

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