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Al final de la acera de los números impares de la calle de San Pablo, con puerta abierta en el último tramo de la calle Arroyo de Santo Domingo, se halla otro edificio que dio nombre a la plaza creada en 1997 en el ángulo formado por el final de la margen derecha de la calle de San Pablo y el Paseo del Rector Esperabé. Es un edificio digno de restauración  y se conoce como “Colegio de los Niños del Coro”, los cuales, al menos desde el siglo XVIII, cantaban en las misas y otros actos litúrgicos celebrados en la Catedral Vieja, tal como acredita la documentación fechada en 1214 que se conserva en el archivo catedralicio. Estos niños vestían roquete* blanco de mangas cortas y manto rojo, indumentaria que ha llegado hasta nuestros días. Dichos niños alternaban sus voces blancas con las potentes del barítono, el sochantre* y el bajo, y las de los beneficiados y clérigos, en la misa y en el canto de las horas.

Este edificio colegial fue fundado el año 1792 bajo la protección de los prebendados don Manuel del Águila y don Matías Roldán, pero lleva muchos años desocupado y al publicar este libro se encontraba bastante destartalado, por lo que las autoridades civiles y eclesiásticas salmantinas debieran tomar buena cuenta de ello y llevar a cabo su pronta restauración.

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