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Seguidamente describiré estas ruinas y el hotel, del que son propietarios don Enrique Moro Íñigo, don Germán Macías y don Mario Curto, así como sus respectivas familias.

El hotel tiene una superficie construida de mil quinientos cincuenta y dos metros cuadrados y está totalmente acristalado por el lado que mira a las ruinas, por lo que pueden ser contempladas placenteramente por sus clientes. Es de construcción moderna y está completamente insonorizado, pues sus treinta y seis habitaciones y una suite de superlujo cuentan con dobles tabiques y ventanas provistas igualmente de doble acristalamiento, evitando así la injerencia de ruidos externos provenientes del gran tránsito de vehículos que se desarrolla en las vías urbanas que lo circundan. Las habitaciones, aunque es de tres estrellas, están dotadas de los elementos correspondientes  a un hotel de cinco estrellas. Sus puertas se abren con una tarjeta magnética, cuya clave sirve también para el registro numerado de las deudas de los clientes por consumiciones hechas en la cafetería o restaurante, que son servicios comunes utilizables por todos los hospedados en el hotel y por el público en general. Las citadas habitaciones cuentan con baño completo, aire acondicionado, una o dos camas de un metro de ancho por uno con noventa de largo y una caja fuerte de manejo digital, así como mini bar, teléfono  y televisión en color de veinte pulgadas que dispone de antena parabólica. El hotel está dotado, además, de bañera de hidromasaje, cafetería y terraza.

Maravillosa es la perspectiva panorámica que se divisa desde la planta superior: las  Catedrales, el Palacio de Anaya, la Clerecía, el puente romano con el río Tormes, los conventos dominicos de San Esteban y de las Dueñas y el entorno en que todos ellos están enclavados. Se trata de vistas inéditas que, a mi juicio, requieren ser plasmadas en un cuadro, postal o fotografía.

Estamos ante un hotel que ha reactivado de forma importante la vida diaria de esta zona de Salamanca, cuyo continuo crecimiento está en auge. Antes de levantarse el hotel sólo se advertía un fuerte movimiento de gentes en domingos y días festivos, ya que es cuando multitud de personas acudían a ver o comprar algún artículo de los expuestos en los tenderetes del rastro instalado en el inmediato barrio de “Santiago” o de “Las Tenerías”, hoy trasladado a  la zona de “La Aldehuela de los Guzmanes”.

No obstante, la totalidad del terreno del hotel  no es ocupado por sus cuarenta y una habitaciones y demás dependencias del mismo, pues las reconstruidas  ruinas abarcan parte del  solar en que inicialmente se pretendió levantar. Estas han impedido a sus dueños construir sobre una superficie de doscientos treinta y cuatro metros cuadrados de la planta baja, y, por tanto, del sótano y de cada una de las alturas del vuelo permitido, según acuerdo tomado el 11 de Enero de 1993 por la Comisión informativa de Urbanismo del Ayuntamiento salmantino; acuerdo que, por consiguiente,  obligaba también a los propietarios del hotel a acoplar las puertas y pasos de conexión con las citadas ruinas, de forma que sus clientes pudieran hacer directamente una visita turística a las mismas, al igual que los viandantes y cualquier otra persona ajena al establecimiento.

El día de su apertura, al hablar con Don Enrique Moro Íñigo, pudimos apreciar la nostalgia que le envolvía al recordar la desaparecida casa donde vivió en su juventud y las cocheras de algunos autobuses provinciales, propiedad de su familia, las cuales funcionaron como tales en el solar que hoy ocupa el hotel hasta el 12 de Enero de 1976, fecha en que el Director General de Transportes del gobierno del general Franco, Don Salvador Sánchez Terán, inauguró la Estación de Autobuses provinciales e interurbanos, sita en la Avenida de los Héroes de Brunete, actualmente de Filiberto Villalobos.

En todo caso, que ello sirva de ejemplo a la hora de conservar los restos de otros importantes edificios salmantinos, tanto civiles como religiosos. Hoy, felizmente,  ya reconstruidas las ruinas de la iglesia de San Polo, dan un especial ambiente y singular encanto a la terraza hostelera que conforman.

Sin embargo, el martes 22 de Agosto de 1995, el periódico “Tribuna de Salamanca” nos despertaba con la nefasta noticia de un suceso producido por los fuertes elementos atmosféricos desatados. Teniendo por título “una tormenta inunda los locales y las ruinas de San Polo”, decía así:

La tormenta que ayer tarde sorprendió a los salmantinos provocó inundaciones en calles, locales comerciales y en las ruinas de San Polo. Fue media hora con gran descarga eléctrica que entrecortó la respiración a los vecinos de la calle Gómez Ulla, donde un rayo desprendió un trozo de cornisa.

El paseo de La Estación, la calle Santa María la Blanca, locales comerciales, numerosos garajes, el parque de La Alamedilla y el polígono del Montalvo sufrieron ayer las consecuencias de una fuerte tormenta que a media tarde sorprendió a toda la ciudad.

Los bomberos tuvieron que efectuar numerosas salidas para achicar agua, que en algunas zonas, como en las ruinas de la iglesia de San Polo, alcanzó el metro de altura. En el interior de este monumento, el cuerpo municipal tuvo que emplearse a fondo para extraer la gran cantidad de agua procedente de la calle San Pablo, donde las alcantarillas se atascaron por completo.

La tormenta, con fuerte aparato eléctrico, provocó que numerosos semáforos de la ciudad dejaran de funcionar, e interrumpió el suministro eléctrico, como en la Avenida de La Paz  (nombre erróneo, pues en este momento se llamaba ya  Avenida de Los Reyes de España), y dejó numerosas alcantarillas y sumideros anegados por la impresionante tromba de agua”.

Poco más de ocho meses después de tan desastrosa tormenta, cuando ya hacía casi un año que la ciudad tenía por alcalde a don Julián Lanzarote Sastre, del Partido Popular, el periódico “El Adelanto” del 1 de Mayo de 1996 recogía la siguiente noticia: “El Ayuntamiento autoriza una terraza en las ruinas de la iglesia de San Polo”, y en su desarrollo decía:

La oposición municipal, en cambio, votó en contra del convenio que suscribieran el Ayuntamiento y los dueños del establecimiento hotelero. Abel Sánchez, portavoz de Izquierda Unida, señaló que con la instalación de una terraza en las ruinas de la iglesia de San Polo  “se incidirá más en el atentado que fue permitir la construcción del hotel”.

El concejal de la coalición de izquierdas censuró que se fuesen a utilizar unas ruinas con fines privados diciendo: “supone un ataque más al patrimonio de la ciudad; no conllevan ningún beneficio social porque ya existen suficientes terrazas en la ciudad  y sólo se beneficiará  a unos empresarios privados a costa del patrimonio público”. Incluso, criticó  especialmente que se fuese “a permitir el uso de la torre de la iglesia para guardar las bebidas y las sillas al recoger la terraza”. “Aún más grave  –sostuvo-  será que se permita el cerramiento en la zona de la terraza que cae a Rector Esperabé, ya que se utilizaría suelo que debe estar exento, se aumentaría la edificabilidad del hotel y se cometería una ilegalidad”.

“El edil recalcó que el representante de Izquierda Unida en la comisión de patrimonio actúa con independencia de criterio, no lleva el voto de la coalición y, en este caso, Izquierda Unida disiente de su opinión”.

En el diario “El Adelanto” se lee el mismo día 1 de Mayo de 1996 por idéntico motivo: “urbanismo aprueba la instalación de una terraza de verano en San Polo. La comisión municipal de urbanismo celebrada ayer aprobó el convenio entre el ayuntamiento y la empresa San Polo sociedad limitada, que gestiona el hotel del mismo nombre, para la instalación de una terraza en la zona en que se encuentran las ruinas de la iglesia románica.

Este acuerdo, aprobado con el voto en contra del partido socialista obrero español e izquierda unida, ya había sido analizado en otras sesiones de la comisión de urbanismo, aunque debido a su complejidad se había retrasado en varias ocasiones”.

En el texto del convenio se recuerda la proximidad del hotel y sus prestaciones a las ruinas, de propiedad municipal, y el hecho de que la empresa fuese la encargada de ejecutar las obras de rehabilitación de la parte de las mismas correspondiente a los ábsides y demás restos de la iglesia que se encuentran dentro de su propiedad y los muros que están en la municipal, lo que supuso una inversión de 19,8 millones de pesetas. Además, la empresa estaba obligada a la conservación y limpieza de los muros y las ruinas de su propiedad.

El convenio recoge también que, la empresa de San Polo S. L., deberá correr con los gastos de las obras necesarias para la iluminación artística, tanto de dichas ruinas  con muros como de los ábsides, mientras que los gastos de suministro eléctrico correrán a cargo del Ayuntamiento. Además, obliga a los propietarios del hotel a permitir la libre accesibilidad a las ruinas que se encuentren en su propiedad.

“Como contraprestación, el Ayuntamiento autorizará la ubicación, en las zonas pública y privada de la iglesia, de una terraza de verano para el servicio del hotel y el cerramiento de una terraza en suelo privado en la zona de la fachada recayente a la calle Rector Esperabé. Además, la empresa podrá utilizar la torre existente en las ruinas de la iglesia de San Polo, siendo de su cuenta la conservación, mantenimiento y limpieza”.

Pero...., estábamos a punto de alcanzar la mitad del mes de Abril de 1999 cuando se produce una sentencia sobre algo que parecía casi olvidado, ya que la acción originaria había ocurrido  hacía seis años. Sí, porque teniendo en cuenta que la construcción del Hotel San Polo no se había realizado conforme a lo establecido en la licencia otorgada por el Ayuntamiento a tal efecto, el alcalde de entonces, D. Jesús Málaga Guerrero, al tener conocimiento de ello el 1 de Diciembre de 1993, había decretado la suspensión de las obras y una semana más tarde la ejecución de tal decisión. Más, una semana después, la empresa constructora  había presentado un nuevo  proyecto reformado, con lo que el 17 de Diciembre fue levantado dicho decreto de suspensión. Sin embargo, como la construcción seguía presentando irregularidades, esto es, continuaban existiendo las anomalías constructivas por las que los promotores y dueños del hotel se habían apropiado de cierto espacio público al ocupar la franja  de terreno que debía separar el hotel de los restos de la iglesia, el asunto aparecía complicado.

La cuestión es que, a pesar de que D. Jesús Málaga, quizás por evitar daños económicos mayores y pareciendo que ello no causaba perjuicio a las ruinas del templo, al decidir levantar aquel decreto de suspensión de las obras, el grupo político municipal de Izquierda Unida había interpuesto un recurso contencioso administrativo ante el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, pidiendo la nulidad de aquel decreto del 17 de Diciembre y exigiendo la demolición de lo indebidamente construido. La sentencia, dictaminada por dicho Tribunal de Justicia el miércoles día 14 de Abril de 1999, dio la razón a Izquierda Unida, por lo que aunque esta, al no ser firme todavía, no obligaba al Ayuntamiento que presidía en esa fecha D. Julián Lanzarote, según apuntaba el concejal de I. U.  don Abel Sánchez, al declarar nulo el decreto por el que se autorizó a proseguir las obras, el alcalde, en virtud del deber que tiene de velar por la legalidad urbanística, debería ordenar la demolición de lo construido contra derecho.

Ante tál problemática, la dirección del hotel aseguraba que contra dicha sentencia presentaría un recurso de casación ante el Tribunal Supremo, mientras que el concejal Abel Sánchez, en representación de su grupo político, presentaría una moción a la Corporación Municipal para que se pronunciase sobre la demolición de lo ilegalmente levantado, que según la citada sentencia se refería a tres aspectos: la invasión que hacía el edificio respecto al  terreno municipal; el que hubiese rebasado la distancia que debía guardar con las restauradas ruinas de la iglesia, ya que su aproximación actual llega hasta una distancia de veinte centímetros de las mismas; y el que se había excedido, tanto en la altura como en el aprovechamiento de los espacios, llegando a ocupar ilegalmente unos treinta metros cuadrados. Por tanto, ¿ Se hará ejecutiva la sentencia y, por tanto, se demolerá lo irregularmente construido?... Sin duda, la respuesta a todo ello solo con el paso del tiempo se sabría.

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