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En la actualidad, de la iglesia de San Polo sólo quedan en pié los restos de ruinas que se restauraron a mediados de la década de los ochenta del siglo XX y los descubiertos cuando, en 1992, se realizaban las excavaciones para la cimentación del hotel San Polo; establecimiento hostelero que, tras algunas vicisitudes que paralizaron temporalmente las obras, quedó concluido en 1994.

La construcción del citado hotel supone, sin duda, “dar la puntilla” a los restos de esta antiquísima iglesia levantada por los mozárabes y refundada por los portogaleses, pues el moderno edificio desmerece en mucho a los fragmentos de elementos arquitectónicos y ornamentales descubiertos en primer lugar y a los aparecidos durante las citadas excavaciones, ya que estos últimos también fueron restaurados en lo posible  entre 1992 y 1994. Por tanto, flaco servicio han hecho con ello a la ciudad los propietarios del edificio y quienes consintieron su construcción, ya que, cuando hablamos de estas ruinas, sabemos que se trata de algo público que sirve casi exclusivamente a los intereses particulares de los dueños del establecimiento y, además, no las cuidan como merecen al ser patrimonio de todos. Es decir, estamos ante el ejercicio de una actividad constructora y lucrativa que constituye un atentado al interés general o bien común, pues tan delicadas ruinas, siendo patrimonio cultural de los salmantinos y de toda la humanidad, están beneficiando primordialmente a los titulares de la sociedad hostelera.

Sin embargo, quizás sea este el mal menor que pudieran sufrir estas ruinas y los propietarios del inmueble, pues éstos ya habían elaborado el proyecto y comenzado las excavaciones cuando aparecieron los últimos restos arquitectónicos  en 1992; elementos del edificio eclesiástico que en su mayoría se habían dado por desaparecidos, ya que llevaban enterrados más de un siglo, además de haberse levantado sobre su solar algunas casas y locales destinados a cocheras de autobuses que desaparecieron con la construcción del hotel. En una de estas viejas casas vivió uno de los dueños del inmueble que ahora nos ocupa, D. Enrique Moro Íñigo, mientras que aquellas cocheras de algunos autobuses que comunicaban Salamanca con las ciudades, villas y pueblos de la provincia y con algunos de otras limítrofes, quedaron vacías y se utilizaron para otros menesteres cuando se inauguró el 12 de Enero de 1976 la moderna estación de autobuses provinciales e interprovinciales en la entonces Avenida de los Héroes de Brunete y hoy Avenida de Filiberto Villalobos.

Así pues, si en la primera mitad de la década de los ochenta se descubrieron  muros de ladrillo y de piedra arenisca de Villamayor, así como los arranques de algunos arcos, el hallazgo más notable se produjo en 1992, año en que quedó totalmente a la vista la cabecera triabsidal del templo y algunos otros elementos que permiten conocer la evolución constructiva por la que pasó desde el uso inicial del ladrillo hasta la utilización de la dorada piedra arenisca en 1529 y en otras modificaciones efectuadas en el edificio con posterioridad. Estas ruinas, ya integradas en el hotel San Polo desde 1994, pueden ser visitadas y admiradas durante el día y la noche, ya que han sido dotadas de una iluminación artística que las realza, haciéndolas dignas de ser plasmadas en una postal o fotografía. Además, sin duda, a diario parecen vigilar el intenso tráfico rodado que, sobre todo a partir de la sexta década del siglo XX, circula por el cruce que forma el Paseo de Rector Esperabé con la línea continua que configura la suma de la calle de San Pablo con la Avenida de Los Reyes de España.

En cuanto a los problemas político – administrativos por los que pasó la ejecución del proyecto de construcción del hotel San Polo me remito a los artículos de prensa integrados en los diarios locales “El Adelanto”, “La Gaceta” y “Tribuna de Salamanca”.

Así, el 17 de Julio de 1992, ante la presencia de anomalías desde el replanteo del edificio, a instancias del Ayuntamiento, la Comisión Municipal de Patrimonio se reunió para estudiar los “planos reformados” que había presentado el promotor de la construcción del hotel a petición de la Corporación Municipal. La citada Comisión dio el visto bueno a la continuación de las obras y felicitó a los arquitectos D. Bonifacio Reyes y D. Francisco Javier Gil, pero aquellas reformas planimétricas habían afectado a la altura de la construcción, que debía aproximarse a la cota del edificio colindante de la calle  Arroyo de Santo Domingo, ganando los centímetros perdidos en el sótano; el ático tendría que variar su forma  y el color de los materiales; la fachada de vidrio espejeado quedaría a un metro del edificio, tal como estaba proyectada anteriormente, aunque los promotores del establecimiento tendrían que ampliar el espacio reservado para que el público visitase las ruinas.

Dicha pantalla de vidrio espejeado era uno de los elementos más sugerentes de este futuro hotel, pues durante el día reflejaría el cielo, la catedral y demás edificios fronteros, mientras que por la noche, al ser transparente, permitiría ver todo ello y las ruinas de la Iglesia de San Polo artísticamente  iluminadas.

Casi un año después, “La Gaceta” del dieciséis de Abril de 1993 decía que la Comisión Territorial de Patrimonio había ordenado el día anterior paralizar las obras de cimentación comenzadas un mes antes, ya que se habían observado “diferencias sustanciales entre los planos reales y los presentados por los promotores”. Ante esto, ellos recurrieron, pero no pudieron seguir las obras hasta que fue dictada una resolución por la dirección general presidida por Dña. Eloisa Watemberg sobre los errores de los citados planos y aspectos referentes al impacto volumétrico del edificio  sobre las vistas de la ciudad e invasión del terreno público. Así mismo, la Comisión Territorial de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León pasó comunicación al Ayuntamiento para que tomase las medidas oportunas, a fin de paralizar las citadas obras de cimentación, ya que se habían iniciado sin la licencia pertinente, pues,  tras varias remodelaciones del proyecto inicial, la empresa constructora no había presentado todavía el diseño planimétrico definitivo. No obstante, hasta el recurso presentado por los promotores, el Ayuntamiento no paralizó la actividad constructora del hotel en cuanto a todo lo que está bajo la cota cero.

Finalmente “La Gaceta” del cinco de Junio de 1993 expresaba: “la dirección general de patrimonio ha aprobado el proyecto de construcción del hotel San Polo, con la única reservación de reducir el tamaño de la  planta del ático, eliminando para ello las superficies destinadas a instalaciones”. Y es que los arquitectos encargados  de la construcción del edificio, don Bonifacio Reyes y don Francisco Javier Gil, ya habían presentado en este sentido un expediente que contenía: dibujos, perspectivas, montajes fotográficos y la maqueta del hotel, en la que se hacía una pequeña modificación en cuanto a su superficie y altura.

Por otra parte, algunos meses más tarde, “La Gaceta” del sábado trece de noviembre de 1993 decía: “La comisión del patrimonio ha constatado que las ruinas de estilo románico mudéjar de la Iglesia de San Polo no ha sufrido ningún tipo de alteración con las obras que se realizan para construir un hotel de tres estrellas. A pesar de que las tareas de edificación del hotel que se levanta entre las calles Paseo del Rector Esperabé y el Arroyo de Santo Domingo, no han afectado a las ruinas semienterradas  de la Iglesia de  San Polo. Los miembros de la comisión han recalcado que es necesario actuar sobre el doble ábside  descubierto  en las campañas de excavación”.

Pero pocos días después, “El Adelanto” del martes dieciséis de noviembre de 1993 recoge una petición del partido político Izquierda Unida, titulando el artículo: “pide responsabilidades políticas por las irregularidades cometidas en la construcción del nuevo hotel. Izquierda Unida exige la paralización de las obras de San Polo”.

Su contenido es el siguiente: “el grupo municipal de Izquierda Unida  ha remitido al alcalde de Salamanca Jesús Málaga un escrito sobre las irregularidades cometidas en la construcción de un hotel junto a la Iglesia de San Polo. En el citado escrito se hace referencia  a la respuesta del primer teniente - alcalde, Carlos Adame, a la pregunta formulada sobre este asunto por el concejal de Izquierda Unida Abel Sánchez durante la celebración del pasado pleno del Ayuntamiento, y que para el representante  de la coalición izquierdista no se ajustaba a la verdad en vista del informe realizado por el arquitecto municipal encargado del barrio antiguo.

Según consta en el escrito, Adame señaló, en relación a las citadas obras, que técnicos  de la Junta y del Ayuntamiento, principalmente el arquitecto encargado del barrio antiguo, habían realizado varias visitas a la obra y no habían encontrado ningún problema en cuanto a que el proyecto no se  estuviese ejecutando tal y como se aprobó en su momento. Además, Adame aseguró haber hablado con la dirección de la obra y los arquitectos encargados de la misma, quienes confirmaron que no se había realizado ninguna modificación en el  proyecto. El representante de Izquierda Unida asegura que el informe que solicitó tras la celebración del pleno pone de manifiesto que no se había llevado a cabo ninguna inspección anterior, ni informe verbal respecto a tales obras. También es evidente, según el informe, que las obras no están respetando el proyecto aprobado, ni las distancias mínimas de separación con la iglesia que se habían acordado y que se han producido graves daños en la iglesia al haber derribado una pared de propiedad municipal que servía como contrafuerte, lo que ha provocado que el ángulo sureste  se encuentre en mal estado, desplomado y parcialmente descalzo, por lo que se considera necesaria su reparación urgente. Además, el edificio del hotel se ha construido recrecido en relación al proyecto aprobado.

Ante estas irregularidades que afectan gravemente a la integridad del patrimonio cultural de la ciudad, pide que el alcalde ordene la paralización de las obras y adopte las medidas necesarias para proceder a la demolición de todos los elementos que no respetan el proyecto  de obras, así como la reparación urgente de las partes dañadas de la iglesia a costa del promotor del edificio.

Abel Sánchez ruega también a Jesús Málaga que investigue las responsabilidades políticas y personales en que hayan podido incurrir  los miembros del equipo de gobierno que han consentido tal situación, dando cuenta de ello en el próximo pleno municipal”.

Ante tal situación, el alcalde salmantino señor Málaga ordena al arquitecto municipal don Alberto López Asenjo  que realice una inspección y esta corrobora lo dicho por Abel Sánchez, con lo que en el pleno municipal del 29 de Noviembre del mismo año se acuerda la paralización de las obras, lo cual decreta el alcalde socialista. Pero, a este respecto, como periódico conservador, “La Gaceta” del uno de Diciembre de 1993 dice que: “paralizar el hotel San Polo es una medida desproporcionada”, haciéndose eco de lo expresado por los promotores y arquitectos del inmueble, que consideraban no haber atentado contra el patrimonio cultural de Salamanca. En este momento estaba ya levantada toda la estructura del edificio y colocada la piedra de la primera planta.

Ante tál situación, “La Gaceta” del sábado día cuatro de Diciembre de 1993 volvía a la carga recogiendo en su artículo titulado “Izquierda Unida aboga en solitario por el derribo del edificio en construcción. El Ayuntamiento exigirá otro proyecto para reanudar las obras del hotel San Polo", lo siguiente:

Que, "Abel Sánchez, concejal de I. U., había defendido el día anterior en solitario el derribo del hotel San Polo”. El resto de los portavoces municipales se inclinaron por exigir a los promotores un proyecto reformado para su posterior legalización y el que se pusiese en marcha contra ellos la apertura de un expediente por infracción urbanística.

Por tanto, la comisión nombrada por el alcalde D. Jesús Málaga  para adoptar una postura consensuada respecto al futuro de las obras del hotel “San Polo” se inclinó por mantener paralizada la construcción del edificio hasta que los promotores del establecimiento hotelero presentasen un proyecto reformado. Y los portavoces de los grupos municipales y los técnicos del Ayuntamiento constataron que se había producido una infracción urbanística; motivo por el que se decretó la apertura de un expediente administrativo.

El  concejal de I. U.  Abel Sánchez defendió la demolición del  edificio asegurando que los promotores sabían que estaban excediéndose en los límites de la licencia y el Ayuntamiento tenía que hacer respetar la ley. Y  Explicó que, pese a que debía haberse respetado una distancia de setenta centímetros entre la base del hotel y la iglesia de San Polo, tan sólo se habían dejado veinte centímetros  de separación entre el edificio y el monumento. Con esta actuación “se ha derribado un muro de propiedad municipal que hacía de soporte y se ha puesto en peligro a la iglesia. Los promotores han actuado con cierto engaño al desplazar el edificio hacia la iglesia cuando el solar se les quedó más pequeño por la existencia de una medianera en otro edificio contiguo”.
No obstante, para el resto de los miembros de la comisión, la demolición era una medida desproporcionada y apuntaban que cabía legalizar las obras  mediante la presentación de un proyecto reformado.

El socialista Jorge Sánchez Olivera anunció por su parte que propondría en la próxima comisión informativa de urbanismo que los técnicos municipales comprobasen a partir de ese momento todas las obras de construcción, tanto cuanto se realiza el replanteo como cuando se inicia la cimentación de los edificios. Como concejal delegado de urbanismo sostuvo que, “a más largo plazo y coincidiendo con la reforma administrativa de la corporación local, el Ayuntamiento deberá crear un servicio específico de inspección urbanística”. Incluso, explicó que, “pese a que una extralimitación de cincuenta centímetros en una obra de construcción no resulta especialmente significativa, la infracción es importante  si afecta a bienes patrimoniales”.

Como, con anterioridad, el lunes 13 de Diciembre de 1993 la Comisión Municipal de Urbanismo había decidido remitir a la Comisión Territorial del Patrimonio de Cultura el proyecto indebidamente modificado de las obras del hotel, estas habían quedado paralizadas hasta que dicha comisión dictaminase sobre los efectos que ello había producido en los restos arqueológicos de la iglesia. Así, la citada Comisión del Patrimonio se reunió el día dieciséis del mismo mes y año en la villa serrana de Mogarraz para estudiar el expediente y el respectivo informe que habían presentado los promotores del edificio el día catorce; documentación que permitiría determinar si era necesario modificar alguno de los elementos estructurales ya realizados o pronunciarse a favor de la reanudación de las obras. Sin embargo, la subsodicha Comisión Territorial del Patrimonio Cultural, en sesión ordinaria presidida por don Gonzalo Saiz, perteneciente al partido popular, y con la asistencia durante algunos minutos del director general de turismo don Alberto Galerón y la presencia del alcalde de la villa, don Miguel Ángel Maíllo, en calidad de anfitrión, dejó bien claro que no era competente para decidir si se levantaba  o no la suspensión de la ejecución de las obras, ya que no había recibido del Ayuntamiento escrito alguno en este sentido. No obstante, aprobó las modificaciones hechas en el proyecto por los constructores del hotel y se estudió el proyecto de restauración  de las ruinas de los ábsides de la iglesia. Este, llevado a cabo por la misma empresa constructora que levantaba el hotel, fue aprobado con prescripciones y, en cuanto a su realización, se acordó llevar a cabo un seguimiento adecuado por parte de los técnicos y arqueólogos del servicio territorial de cultura.

En esta misma reunión de Mogarraz se acordó urgir al Ayuntamiento que firmase el convenio necesario para permitir el libre acceso de cualquier persona a dichas ruinas y para que se iniciasen sus obras de restauración; obras restauradoras que consistieron en: “diversos tratamientos de fachadas, apertura de huecos en los arcos, la demolición de un muro de hormigón y la pavimentación del suelo de los ábsides”.

Sabida la postura tomada por la Comisión Territorial de Patrimonio Cultural, el alcalde, don Jesús Málaga Guerrero, firma el 17 de Diciembre de 1993 otro decreto, ordenando levantar la paralización de las obras del futuro hotel; paralización que se había iniciado el 1 de Diciembre. No obstante, en el mismo decreto se expresa que continuará su curso la tramitación del expediente de infracción urbanística cometida por los constructores al no ajustarse a los términos fijados en la licencia  municipal.

Superada esta cuestión, prosiguieron las obras constructoras y, en la primera semana del mes de Agosto de 1994 se retiraron las vallas que rodeaban al nuevo edificio que desde entonces albergaría al hotel San Polo. Desde ese momento se pudo contemplar el citado inmueble y los restos de la antigua iglesia de San Polo formando un espléndido conjunto comercial y turístico a la vez. Pero, dejando a un lado los mayores o menores beneficios que ello pueda aportar a la ciudad o a la mencionada empresa hotelera, sin duda, constituye un notable ejemplo de cómo sabe conjugar Salamanca vetustas arquitecturas con las modernas, aunque ello implica también para unos y otros la obligación de cuidardichas ruinas por ser patrimonio de todos.

Tres años se tardó en levantar el hotel, pero este tiempo también se aprovechó para restaurar las ruinas halladas en el subsuelo de su solar; restauración que se efectuó bajo la dirección de Patrimonio Cultural de la Junta Autonómica de Castilla y León. Incluso, como ya sabemos, a modo de exquisito aderezo del edificio y restos del templo, se ha instalado una iluminación artística patrocinada por los propietarios del establecimiento hotelero, mostrando un bello contraste cromatístico, ya que se ha iluminado el hotel con un color diferente al que baña las ruinas románico-mudéjares. En suma, han quedado reconstruidos parte de los ábsides y otros elementos arquitectónicos especialmente notables, y, a pesar de que hubiera sido mejor no construir el nuevo edificio y salvar los restos de la iglesia para exhibirlos en solitario como muestra de la historia y el arte de la ciudad, la acción ha de considerarse meritoria.

Don Enrique Moro Íñigo, uno de los propietarios del hotel, a las preguntas del locutor y periodista Santiago Juanes, aseguraba un día de Agosto de 1994 a través de la Cadena Ser, Radio Salamanca, que el establecimiento sería inaugurado en el mes de septiembre del mismo año, a fin de que pudiera prestar servicio a la ciudad durante las ferias y fiestas de Nuestra Señora de la Vega, patrona de Salamanca. Así ocurrió, pues, en “La Gaceta” del día 7 de Septiembre leíamos lo siguiente:

El escenario de las ruinas  de la iglesia de San Polo fue lugar elegido para la inauguración. El hotel “San Polo”  abrió sus puertas al público oficialmente.- Pese a que lleva en funcionamiento tres semanas, el hotel San Polo abrió ayer sus puertas de forma oficial.

Tres personas monopolizaron el acto de apertura: el párroco de San Pablo, Sebastián Sánchez, el promotor de la construcción, Enrique Moro y Jesús Málaga. El primero de ellos asistió al acto para dar la bendición al recinto. Moro, antes de dar la palabra al alcalde salmantino, se refirió al móvil de la construcción: “rescatar un bello rincón para aunar el progreso y la historia”. Málaga aludió a la posibilidad de que la zona donde se ubica el hotel “se encuentre en una de las entradas más bonitas de nuestra ciudad” cuando se acometa la restauración total de la muralla. El hotel se inauguró en vísperas de una ocupación total”.

Sin embargo, la iluminación artística costeada por los propietarios del hotel para las ruinas no parecía suficiente al Ayuntamiento, por lo que éste, el día siete de diciembre de 1994, inauguró la iluminación de las ruinas de la extinguida parroquia de San Polo y de la iglesia del Carmen “de abajo”, mientras que en días sucesivos corrieron la misma suerte otros edificios, como: el Palacio de Anaya e Iglesia de San Sebastián, la Parroquia de San Juan de Sahagún, la Iglesia  de San Julián y Santa Basilisa y la Casa de la Tierra, el puente romano, la Iglesia de San Marcos y el conjunto escultórico de Gabriel y Galán con el ama y la Montaraza.

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