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Algo más tarde, el año 1580, la cercana iglesia de San Cebrián, en la Cuesta de Carvajal, se encontraba en un estado ruinoso tan irreversible que el obispado la desafectó del culto  y agregó su feligresía y rentas a la parroquia de San Polo. Igualmente ocurrió con las iglesias de San Juan “El Blanco” y de San Miguel Arcángel, sitas en la calle de El Obispo y en la zona de huertos inmediata al convento de Nuestra Señora de la Vega, tras ser arrasadas por la riada del Tormes del día 26 de Enero, San Policarpo, de 1626. Por consiguiente, la parroquia de San Polo aumentó sus poderes y pudo disponer de mayores ingresos para su mantenimiento, pero como también aumentó el número de feligreses, subió en gran medida el índice de gastos parroquiales, con lo que la metafórica frase que dice “lo comido por lo servido” se convirtió en un hecho continuamente patente hasta el siglo XIX.

Ya iniciada esta centuria, en 1812, con motivo de la guerra de la Independencia, el templo que ahora nos ocupa pasó a albergar la escultórica imagen de la Virgen de la Vega, la cual había estado desde el siglo XVII y está actualmente presidiendo el altar mayor de la Catedral Vieja. Así, la iglesia de San Polo se convirtió en el centro de culto que guardó a la Patrona de Salamanca durante numerosos años, ya que, desde 1618, al tiempo que se afirmaba el “Dogma de la Inmaculada”, Nuestra Señora de la Vega pasó a ser tomada por Patrona de la ciudad, sustituyendo a la Virgen de los Remedios, que había ostentado esta dignidad terrenal hasta entonces. No obstante, dicha  escultura de la Virgen de la Vega permaneció olvidada en el templo de San Polo, y, aunque durante estos años sufrió varios robos, en uno de ellos se llevaron hasta los tubos del órgano, afortunadamente respetaron la imagen de nuestra Patrona, pues su valor era inidentificable debido a la mugrienta capa de suciedad que la envolvía.

Si a la citada precariedad le añadimos el que, por causa de la guerra y el abandono que trajo la desamortización de Mendizábal, en 1838 la iglesia estaba en mal estado y que en 1840 amenazaba ruina, encontramos sumamente lógico que la práctica del culto y demás actos parroquiales se trasladasen  a la Iglesia del Convento Dominico de San Estéban, ya que sus frailes habían sido exclaustrados mediante la legislación aprobada a este efecto por el gobierno presidido por el señor Mendizábal. Por esta causa, en 1842,  la renacida Cofradía de la Virgen de la Vega solicitó al obispo la autorización para trasladar la imagen a la Iglesia de San Estéban, la cual fue concedida, instalándose la imagen en el retablo mayor que había construido José Benito Churriguera para la citada iglesia dominica.  El 20 de  Agosto de 1882 se decreta que la festividad de la Virgen de la Vega se celebre con toda solemnidad el 8 de Septiembre, pues con anterioridad se hacía el día 15 del mismo mes, trasladándose la imagen en procesión desde la Iglesia de San Estéban a la Catedral Nueva para volver el mismo día al templo dominico, pero como consecuencia del gran auge que tomó la devoción a la patrona de Salamanca en el cincuenta aniversario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción, el 7 de Septiembre de 1904, la Virgen fue trasladada a la Catedral Nueva de forma definitiva, no volviendo a la de San Estéban. Desde ese momento y hasta 1943 estuvo en una capilla de esta catedral.

Poco tiempo después, al volver los dominicos al convento, el obispado salmantino integró a los feligreses de la iglesia de San Polo, que habían ocupado temporalmente la de San Estéban, en la parroquia de San Pablo, la cual aún pervive en el ángulo sureste de la Plaza de Colón y perteneció al convento trinitario que existió donde, hasta los últimos años del siglo XX, estuvo enclavado el cuartel de la guardia civil.

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