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Si tomamos la calle del Rosario y pasamos bajo el puente de Santo Domingo para seguir recorriendo la ciudad, nos adentramos en la calle Arroyo de Santo Domingo, que desemboca en el Paseo del Rector Esperabé y el extremo sur de la calle de San Pablo, punto de confluencia que entre 1965 y 1980 se llamó Plaza de los Mártires de España. A occidente de este extremo sur de la calle de San Pablo se creó durante el verano de 1997 la Plaza de los Niños del Coro.

Algo insólito comenzó a ocurrir aquí pocos años después de la muerte del general Franco, porque, en la parte baja de la calle de San Pablo, entre el paseo del Rector Esperabé y la calle Arroyo de Santo Domingo, las obras promovidas por el Ayuntamiento salmantino recuperaron un importante tesoro histórico artístico. Sí, gracias a la iniciativa  del alcalde socialista D. Jesús Málaga Guerrero y el afanoso trabajo llevado a cabo durante algunos años por especialistas dirigidos por el arquitecto D. Fernando Bueno Vicente, en 1986 se logró restaurar en lo posible lo que hasta entonces se había encontrado de los ruinosos restos de la extinguida parroquia de San Polo, nombre con el que se la cita en antiguos documentos. No obstante, en ocasiones  se la llama Iglesia de San Pablo, que es su traducción más moderna. Por ello debemos seguir su tratamiento con sumo cuidado, a fin de no confundirla con la actual Iglesia parroquial de San Pablo que se levanta en la Plaza Colón, es decir, la que formó parte del convento trinitario, cuyos restos fueron convertidos en el siglo XX en el Cuartel de la Guardia Civil y a comienzos de la vigésimo primera centuria sirvió como solar para levantar el “Edificio de los Juzgados”.

Así pues, al extremo sur de la calle Arroyo de Santo Domingo, frente a lo que hoy se llama Plaza de los Niños del Coro y el cruce que entre 1965 y 1980 se denominó Plaza de los Mártires de España, se abría antaño la puerta de San Polo o de San Pablo que tenía la muralla medieval de mediados del siglo XIII con que se cerraba esta parte de la ciudad. Así pues, aquí se conservan las ruinas de la extinguida Iglesia de San Polo con la Avenida de los Reyes de España, lugar que, además, es punto de cruce del paseo del Rector Esperabé.

La antiquísima calle de San Pablo fue ronda externa de la urbe salmantina hasta la construcción de la citada muralla a mediados del siglo XIII, y, en la segunda mitad de 1997, el Ayuntamiento la urbanizó modernamente y pasó a ser calle semipeatonal al mantenerse la circulación de vehículos en una sola dirección, norte-sur mediante un carril adoquinado, al tiempo que creaba la Plaza de los Niños del Coro.

La Avenida de los Reyes de España era inicialmente de tierra y se llamó calle de los Mostenses a partir de que los reverendos padres premonstratenses fundaran junto a ella en 1574 el Colegio- convento de San Norberto donde desde 1333 se levantaba el Hospital de Santa Susana. Más tarde, cuando en 1913 se construyó el puente de Enrique Estevan, popularmente conocido como “puente de hierro” por el material empleado en ello, se llamó Avenida del Puente Nuevo. Desde este momento se transformó en una amplia calle, y, mediante acuerdo tomado en pleno por el Ayuntamiento de Salamanca el mes de febrero de 1964 con ocasión de la conmemoración del “veinticinco aniversario de la paz española” se urbanizó con las amplias aceras y seto en medio de la calzada que hoy vemos, tomando el nombre de la “Avenida de la Paz”; una mal llamada paz que se estaba refiriendo, por tanto, a la vivida durante la dictadura franquista tras el final de la guerra civil de 1936-1939 que originó el general Francisco Franco y otros militares de alta graduación que se rebelaron contra un gobierno  legítimamente constituido, el de la segunda república, nacida en 1931. No obstante, en 1980, cinco años después de fallecer el general dictador Francisco Franco, pasó a llamarse “Avenida de los Reyes de España”, denominación que mantiene al escribir estas líneas en el ocaso de 1997.

Don Manuel Gómez Moreno, al escribir su “Catálogo monumental de Salamanca” en 1967 decía que lo que queda de la iglesia de San Polo era utilizado como paneras y viviendas, y que estaba compuesta de: tres naves, escasa de paredes y arranque de arcos medianeros entre lo rehecho del siglo XVI, mientras que, más a la cabecera, se mantienen tres capillas con arcos torales nervados y, la principal, además, con un arco perpiaño* que, al igual que su bóveda, hoy están hundidos. Los muros están interna y externamente adornados según costumbre con arquerías decorativas, generalmente dobles o recuadradas, si bien, las que guarnecen lo alto de sus lienzos hacia el sureste son simples  y agudos. Un ábside  redondo cierra la capilla mayor, con dos filas de arcos dobles por fuera y una por dentro. Las primeras hechas en “hueco sobre macizo, rematando en una hilera de facetas y cornisa de doble nacela”. El ancho de la capilla mayor es de 5,85 metros y los muros son de 1,20. El volumen de los ladrillos es de 0,39 por 0,20 por 0,05 metros.

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