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Tras contemplar la iglesia en su totalidad interna y externa, cualquiera que tenga ciertos conocimientos de historia de la arquitectura y artes decorativas llegará a las siguientes conclusiones:

1.- El aspecto del edificio resulta un tanto chocante debido a los contrastes exteriores existentes entre el románico que ofrece la construcción primitiva de la cabecera y la configuración que tiene la parte de la puerta principal y los pies de la nave.

2.- Choca igualmente el arcaico arte decorativo utilizado externa e internamente en la cabecera con el uso de elementos, entonces novedosos, en el interior, tal como ocurre con la bóveda vahída y nervada o el arco apuntado y doblado o la bóveda de cañón agudo.

3.- En el exterior podemos hablar de falta de unidad estilística entre la cabecera y los pies de la nave, aunque sus respectivos estilos tampoco se mezclan en un caos, tal como ocurre en las iglesias salmantinas de S. Martín y del Convento de Franciscanas de la Anunciación (las Úrsulas).

4.- Su habitáculo interno tampoco logra dar la impresión de unidad, pues, aunque la cabecera parece pensada para una iglesia de tres naves, tal como era habitual en la España de aquel tiempo respecto a los templos de estilo románico pleno, sólo se construyó una nave, tal como ocurría con el modelo románico primitivo.

5.- Una observación de los muros orientales de ambos brazos del crucero por el exterior, nos permite apreciar que no cuenta con ninguno de los canecillos originales, lo que crea la sensación de que, junto con la nave, son fruto de un añadido posterior.

6.- La utilización de novedosos elementos estructurales también resulta interesante. Así, en esta Iglesia se aprovechan los avances técnicos que van apareciendo en  la arquitectura durante el último tercio del siglo XII, es decir, los que Azcárate denomina "protogóticos". Se trata de elementos que, con un sentido práctico, se habían ido inventando para cubrir las necesidades constructivas de la época. Y es que, en verdad, había mucha necesidad de construir iglesias en aquel momento, pues, Salamanca se encontraba en plena repoblación y, por consiguiente, experimentando un fuerte auge demográfico y el resurgimiento de la vida urbana. Ambas actividades crean, según Azcárate, las bases para el desarrollo artístico, abriendo cauces "de incorporación y asimilación de otras culturas o centros creadores". Así, en ese momento se da una fuerte actividad constructiva y, a la vez que se produce una mayor difusión del románico, se incorporan los elementos protogóticos, logrando una mayor economía y rapidez sin ningún detrimento respecto a la solidez de la construcción. Esto es, a título de ejemplo, el arco apuntado y la bóveda de cañón agudo suponen una menor presión hacia los lados, no precisando ya tanta sujeción del muro como la que era necesaria para una bóveda de medio cañón.

Teniendo en cuenta todos los elementos protogóticos de arcos y bóvedas que tienen los tres ábsides y el crucero, este templo bien puede ser acogido en el grupo que Azcárate llama "iglesias protogóticas con influencias aquitanas, orientales y borgoñonas" tales como la Catedral Vieja de Salamanca y el también templo salmantino de S. Martín. Por el contrario, los señores Gudiol y Galla Nuño consideran que es "la más interesante iglesia del románico salmantino".

Respecto a su ornamentación poco se puede decir, salvo que la rudeza de ejecución que muestran algunos elementos decorativos ubicados en los ábsides contrastan con la belleza y pericia técnica que ofrecen los motivos labrados en los capiteles, cimácios e impostas de los arcos torales que soportan la cúpula; motivos decorativos que estuvieron cubiertos por yeserías churriguerescas desde mediados del siglo XVIII hasta la restauración efectuada en la década de los sesenta del siglo XX, siendo la causa de que ningún historiador mencione su existencia con anterioridad. No obstante, aun hechas estas reflexiones, tanto contraste origina el que uno se cuestione estas preguntas sobre cual fue su causa: ¿se debe a varios maestros con distinta formación? o ¿se trata de una construcción llevada a cabo en dos fases diferentes?.

También los canecillos que soportan el cornisamiento de la iglesia pertenecen a diversas épocas y ofrecen los motivos más variados que podamos imaginar. Si entre los concebidos en diferentes momentos apreciamos un fuerte contraste, llenos de perplejidad quedamos al advertir la inexistencia de canecillos en determinadas partes del templo: la totalidad de los testeros de ambos brazos del crucero y la cara occidental del brazo norte, además de la torre-campanario. Los del lado oriental de los dos brazos del crucero y más de la mitad de los que figuran en el costado occidental del brazo sur, tienen forma de pirámide truncada e invertida, y, el buen estado en que se conservan denotan que son bastante modernos. Y más modernos parecen aun los restantes de la cara occidental del brazo sur del crucero y todos los del alero del costado norte de la nave, los cuales cuentan con una sencilla nacela*. En suma, son cerca de 120 canecillos con variadísimos motivos, aunque algo más de 30 de ellos no pertenecen a la construcción original del templo. De su primitiva construcción son los 23 canecillos conformados por una gran moldura convexa entre dos cóncavas, así como los restantes que podemos agruparlos en razón de los motivos con que se rematan: diez con cabezas humanas, algunas de las cuales son muy curiosas y otras resultan mostruosas; dos cabezas que están juntas y pertenecen a un hombre y una mujer; tres cabezas de animales, cuyos rasgos testimonian ser de perro, león y lobo; tres toneles; seis que sólo tienen simples rollos superpuestos; cuatro rematados en un motivo que parece un libro en perspectiva y semiembutido en la piedra sobre la que está labrado; uno que está ornamentado con entrelazos; nueve que lucen motivos vegetales y volutas; y otros que exhiben formas caprichosas o han perdido su figura a causa de las inclemencias del tiempo o el maltrato humano.

El "Corralillo de Sto. Tomás" (foto 34) es un espacio inigualable para sentarse en la terraza del bar-restaurante "El Porrón", que desde comienzos del año 1999 tomó el nombre de “El Puchero”. Allí, al abrigo de la solana, nos pusimos a recordar la historia y contemplar los escasísimos vestigios de la antigua Salamanca que se conservan en esta zona. Y es que el citado Corralillo conforma un bello y grato rincón súmamente desfigurado al estar provisto de nuevos arbolitos y asientos de granito que convinan malamente con el suelo de canto rodado, además de quedar convertido en un lugar escondido y casi olvidado.

También desde el paseo de Canalejas tenemos la posibilidad de admirar una de las más bellas postales del románico salmantino, pues a esta vía urbana mira el triple ábside de esta Iglesia de Sto. Tomás Cantuariense, donde podemos recrear nuestra vista en la arquitectura y ornamentación de las tres ventanas románicas de arco de medio punto y columnas bizantinas que se ubican en los ejes de los ábsides y los otros dos vanos tapiados que flanquean la que corresponde al ábside central, además de las variadas impostas que atraviesan cada uno de las tres ábsides de lado a lado y los canecillos que soportan la cornisa de toda la cabecera.

Corralillo de Santo Tomás.
Corralillo de Santo Tomás.

Dando otro paseo en torno al templo, voy imaginando el efecto arquitectónico y ornamental que crearía antiguamente en el centro de aquella plaza de Santo Tomás que entonces era más amplia. Y es que estamos en un singular espacio urbano que nace en el extremo oriental de la Salamanca medieval del último tercio del siglo XII, cuando todavía no se habían puesto en marcha las obras de mediados del siglo XIII que levantaron el tramo de muralla y construyeron la puerta de Sto. Tomás que tuvo hasta el siglo XX este lado de la ciudad. Una plaza que muy pronto se constituyó en centro de una gran actividad ciudadana, sobre todo desde comienzos del siglo XVI  en cuanto al carácter constructivo. tal como testimonian las preciosas e históricas edificaciones que fueron surgiendo y otras más humildes que se fueron alzando en su entorno, acompañando a este modesto barrio de casas populares que, poco a poco y especialmente desde la década de los setenta de la vigésima centuria, han ido demoliéndose para dar paso a modernas edificaciones.

Desde la torre-campanario de la Iglesia, mirando hacia occidente, contemplamos igualmente una bella estampa panorámica de artísticas fachadas, cúpulas y torres sobre las que no me atrevería a señalar cuando resultan más preciosistas, pues, tanto en la mañana como al atardecer, maravillan a quien las ve por el dorado esplendor de su piedra y espléndido efecto claroscurista que les imprimen sus elementos ornamentales: el Colegio de Calatrava, los Conventos Dominicos de S. Esteban y Sta. María de "Las Dueñas", las torres y cúpulas de Las Catedrales y La Clerecía, etc.

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