Buscador

Tras echar una última mirada al crucero y los ábsides para despedirnos de sus románicos pilares con columnas adosadas y las capillas, sepulcros, esculturas y pinturas que albergan, continuamos nuestro andar por el templo para pasar revista a la nave y la sala coral (foto 30).

Como  corresponde a una iglesia románica, la nave es única, y la casi desnudez ornamental que ofrecen sus  muros de piedra arenisca de las canteras de Villamayor, hace que parezcan estar tapizadas en esa bella tonalidad de oro viejo que ostenta el pétreo elemento de construcción a que con tanta prodigalidad nos tiene acostumbrados Salamanca en sus edificaciones. Este habitáculo con bancos para los fieles tiene, bajo el piso del coro alto, una techumbre lisa que fue enlucida de yeso en 1959, nada mas iniciada la restauración general del templo que se prolongó durante toda la década siguiente. De esta forma se sustituyó al techo de yeserías churriguerescas que tuvo desde la reformadora ornamentación con que se dotó a todas las alturas del templo en el siglo XVIII. Sí, porque, incluso el coro alto y el resto de la nave fueron cubiertos en la décimo octava centuria con una bóveda de ladrillo ornamentada a base de las citadas yeserías barrocas para ocultar la plana armadura de madera de par y doble nudillo con que se había sustituido en el siglo XVIII a la vieja y también plana cubierta de madera que tenía desde finales del siglo XII.

Vista de la nave y sala coral.
Vista de la nave y sala coral.

Junto al cancel de la puerta principal, en el inicio del muro que cierra la nave por el costado del evangelio hay un hueco en el que se ha instalado la pila bautismal de piedra de granito. De ella sabemos, por el libro de fábrica de la Iglesia que alberga el archivo diocesano con el nº 431/20, que el año 1650 se pagaron diez carros de piedra y 17 cargas de arena para hacerla, y, según el libro 431/22, se realizó en ella una compostura por 40 reales de vellón.

Próxima a la pila bautismal se advierte la puerta gótica de arco apuntado que se construyó no muy entrado el siglo XVI, la cual vimos que por el exterior tenía arco de tipo “tudor”. Y, más adelante, junto al escudo perteneciente a un descendiente de D. Luis de la Peña , estaba instalado el púlpito, que, por viejo y destartalado, fue eliminado durante la restauración llevada a cabo entre 1958 y 1970.

En el arranque del muro que cierra la nave por el costado de la epístola, también pegando al cancel, se halla la pequeña puerta que, como ya indiqué al comenzar la visita al templo, permite el paso a la escalera de caracol que sube hasta la sala del coro y el campanario; escalera cuyos pasos fueron reparados en 1743, cuando todavía eran de piedra arenisca de Villamayor.

A pocos pasos de la citada puerta vemos en el muro un hueco que constituye a todas luces una importante merma de su grosor. En este hueco se abre una ventana abocinada, de forma  rectangular y alargada en vertical, que fue construida en 1746. Filtra la luz natural a través de su cristal y  bella reja de férreos hexágonos que llevan inscrito su correspondiente cuadrado; cuadrados de cuyos vértices salen vástagos que enlazan con los puntos medios de otros tantos lados de sus respectivos hexágonos. Estamos ante una ventana que exteriormente se protege con una sólida reja de barrotes cruzados.

Debajo de la ventana contemplamos otro hueco rectangular que es menos profundo que el anterior. En él cuelga un crucifijo cuya imagen representa al Cristo de la Buena Muerte (foto 31). Es de estilo barroco y de mayores dimensiones que el Cristo de la Agonía que vimos en la capilla mayor. Testimonian su barroquismo: la cabeza de largos cabellos con tirabuzones y barba partida en dos, además de estar inclinada hacia su lado derecho y mirar al suelo. Ojos cerrados y boca entreabierta. Brazos con musculosidad muy marcada y manos que muestran los dedos flexionados y pies que se encuentran montados y cogidos con un solo clavo. Cuerpo con anatomía fuertemente señalada y  muy ensangrentado, dándole ese excesivo realismo propio del barroco de la escuela castellana; múltiples señales de sangre y moratones que son producto de la flagelación y la lanzada dada por el soldado romano Longinos antes de su muerte. Y paño de pureza con muchos pliegues que acentúan el realismo de la tela.

Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: Cristo de la Buena Muerte, en el costado de la Epístola de la nave (4 de mayo de 1999).
Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: Cristo de la Buena Muerte, en el costado de la Epístola de la nave (4 de mayo de 1999).

El hueco en que se aloja este Cristo se corresponde con la tapiada puerta de arco de medio punto que vimos por el exterior de la Iglesia cuando examinábamos el muro sur de la nave.

Medio metro más allá del hueco que aloja al Cristo de la Buena Muerte aparece otra oquedad que es  fruto del rebaje realizado en el muro para abrir una nueva puerta que nunca se concluyó, ya que, en última instancia, se consideró que ya había demasiadas y supondría un excesivo debilitamiento del muro con el consiguiente peligro de desplome de la torre.

En los muros de la epístola y del evangelio que cierran la nave, a la misma altura, sendos escudos barrocos rodeados de hojarasca cuentan con algunos muebles iguales a otros ya advertidos en el blasón que decora la lápida de la tumba de D. Luis de la Peña Olivares y de los que, flanqueando la ventana, coronan la cornisa del entablamento que remata la capilla de Nuestra Sra. de la Consolación.

El escudo del costado de la epístola (foto 32) está timbrado con un yelmo  correspondiente a la categoría de hidalgo que, derivado del término "hijosdalgo" aparece terciado hacia su diestra y provisto de visera abierta con cinco grilletas*. Tiene bordura que ostenta ocho sotueres  y ofrece el campo partido verticalmente en dos mitades, además de cortar horizontalmente su mitad derecha en otras dos. Los muebles que figuran en estos compartimentos son: un olivo terrasado* en el cuartel superior derecho; dos flores de lis dispuestas en banda en el inferior derecho; y en la mitad izquierda un castillo almenado con torre del homenaje y tres puertas que, de derecha a izquierda, van disminuyendo de tamaño escalonadamente, así como ondas de agua subrayando el castillo. Se trata del castillo de plata en campo de gules y sobre ondas de agua de azur y plata que corresponde al apellido Santander de los Mújica asentados en Salamanca.

Escudo de la nave en el costado de la epístola.
Escudo de la nave en el costado de la epístola.

El blasón del costado del evangelio (foto 33) se timbra con un yelmo idéntico al anterior, aunque en este caso mira a su siniestra, lo que indica su pertenencia a un  hijosdalgo bastardo. El campo está cuartelado, y su cuartel superior derecho se encuentra totalmente rodeado por una bordura de ocho flores de lis que alberga un león rampante* de fauces abiertas, constituyendo las armas de los Nieto de León entroncados con los Maldonado de Monleón.

Escudo de la nave en el costado del evangelio.
Escudo de la nave en el costado del evangelio.

El superior izquierdo representa a los Guedeja mediante cinco mechones de cabello  dispuestos en sotuer, entre los que, como ya sabemos, destaca el central por ser de mayor tamaño y ceñir un coronel que testimonia su vinculación con los Nieto de León, vizcondes de San  Pedro Mártir  de la Vega del Rey.  El inferior derecho, correspondiente a los Montero, acoge un perro que está parado y vuelve la cabeza hacia atrás, mirando de reojo a la cuerna de caza que se encuentra por encima. Y el cuartel inferior izquierdo acoge un olivo terrasado que es flanqueado por dos cabras empinadas al mismo para comer de sus frutos, conformando los símbolos de los Farfán de Cabrera, apellido que ostentó el cuñado del Prior Fray Juan de Olivares.

Algunos tratadistas consideran que el posicionamiento del yelmo mirando terciadamente hacia la izquierda, sólo puede deberse a un error del artista que lo concibió, pues, de ser realmente un personaje bastardo, éste lo omitiría en su blasón. Sin embargo, también pudiera ser que tal posicionamiento se debiera a que su titular, por razón de religiosidad, deseara que éste mirase al Santísimo. No obstante, sabemos que ambos escudos pertenecen a descendientes del Prior del convento de la Orden de Santiago en León Fray Juan de Olivares, que, junto con D. Luis de la Peña Olivares, fueron patronos de la capilla de Nuestra Sra. de la Consolación.

Para concluir la visita a la iglesia subiremos al coro por la escalera de caracol; escalera que, como sabemos, era de piedra arenisca de Villamayor y, a pesar de su reparación en 1743, tenía los peldaños muy gastados, lo que hizo preciso cambiarlos por otros de granito durante la restauración llevada a cabo en el templo entre 1958 y 1970.

La sala coral fue construida en 1745. Queda ubicada encima de la nave y ocupa una extensión que se aproxima a un tercio de la misma, motivo por el que le resta bastante luz a la zona de los pies del templo. Por el contrario, dicha estancia cuenta con buena iluminación natural, pues, en el muro que forma parte de la fachada principal se abre la ventana de arco de medio punto que vimos por el exterior; ventana que, siendo originalmente más pequeña, fue ampliada en 1745 por 56 reales de vellón, momento desde el que se convirtió en la más amplia ventana de cuantas tiene la Iglesia.

Nos encontramos en una estancia que, a pesar de estar destinada al cántico coral, carece de la sillería necesaria para el acomodamiento de los cantores o cantoras. Incluso, tampoco cuenta  con pinturas o esculturas que creen un efectista contrapunto ornamental respecto a las doradas paredes de arenisca piedra de Villamayor que forman las sucesivas hiladas de sus sillares. Como ya mencioné, originalmente se cubría, junto con el resto de la nave que no es sala coral, mediante una techumbre plana de madera concebida a finales del siglo XII, pero ésta fue sustituida en el siglo XVIII por las yeserías churriguerescas que desaparecieron cuando, durante la restauración de la década de los sesenta del siglo XX, se colocó la plana y moderna armadura de madera confeccionada en par y doble nudillo que hoy tiene, la cual fue restaurada, al igual que el resto de la Iglesia, entre 1958 y 1970. En ese mismo momento del siglo XX se rehizo el pedazo  que cubre la parte más cercana a la ventana, pues estaba sumamente deteriorada.

En cuanto a su comunicación con el resto del templo, como podemos  observar, este coro se asoma a la nave a través de una balaustrada o antepecho de madera (Foto 30) formado por balaustres torneados y pasamano que descansa sobre todos ellos; pasamano y balaustres que, junto con la solera de la sala, fueron realizados y se colocaron y barnizaron a comienzos de 1746.

subir arriba