Buscador

Ahora, bajando las escaleras del presbiterio, pasamos al crucero. Nos encontramos en el espacio cuadrado que constituye el centro del crucero, el cual se cubre con cúpula vaída* (foto 19) y nervada*, aunque desprovista de tambor, por lo que no es más que una bóveda de crucería* octopartita. Está confeccionada con sillares de piedra arenisca de Villamayor dispuestos en hiladas concéntricas, además de reforzarse y dividirse en ocho gallones* mediante prominentes nervios protogóticos de triple bocel que se cruzan en la clave; clave que muestra decoración vegetal.

Cuatro mascarones de rostro humano adornan un número igual de ménsulas* ubicadas en los ángulos del cuadrilátero formado por los arcos torales apuntados que dan paso a los brazos del crucero y a la nave y capilla mayor; arcos que, junto a las ménsulas, soportan la citada cúpula. Estas ménsulas hubo que realizarlas por no responder la estructura de los pilares de los arcos a las necesidades de soporte que debe tener este tipo de abovedamiento. Cada par de ménsulas afrontadas en diagonal sirven de arranque y término a uno de los dos nervios que se cruzan en la clave central, mientras que las otras dos nervaduras enlazan, respectivamente, las claves de los citados arcos torales que soportan la cúpula. Obligado me parece señalar que las cabezas humanas que adornan el frente de las ménsulas, pareciendo emerger de ellas, ofrecen una no muy esmerada talla.

En suma, se trata de una cúpula en forma de bóveda protogótica que, construida en el primer tercio del siglo XIII, pertenece a las que Alcaraz Ristori llama de "estilo plantagenet",aunque cinco años antes de mediados del siglo XVIII fue reconstruida y recubierta con una ornamentación de yeserías barroco-churriguerescas seguramente talladas por Alberto Churriguera, ya que, en 1745, sus hermanos Joaquín y José Benito Churriguera ya habían fallecido. La talla en yeso que cubría la clave configuraba la paloma del Espíritu Santo, que fue dorada, pero ésta y todas las demás yeserías fueron retiradas durante la restauración llevada a cabo en la Iglesia en la década de los sesenta del siglo XX.

Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: bóveda en forma de cúpula vaída y con nervios que forman gallones. Cubre el centro del crucero y se ven las máscaras que sirven de arranque a los nervios (4 de mayo de 1999).
Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: bóveda en forma de cúpula vaída y con nervios que forman gallones. Cubre el centro del crucero y se ven las máscaras que sirven de arranque a los nervios (4 de mayo de 1999).

En relación con esta cúpula, por el Libro de Fábrica de la Iglesia que alberga el Archivo Diocesano con el número de signatura 431/22, sabemos que el 3 de Mayo de 1746 se pasaba factura por la reconstrucción de la media naranja de la bóveda y las cuatro repisas (ménsulas) de los ángulos que forman los arcos, además del tallado en yeso que se efectuó en dichas repisas, arcos y la media naranja que estos sostienen.

Como ya dije anteriormente, a partir de aquí, un arco apuntado sirve de arranque al brazo norte del crucero. Este arco es soportado por un trío de pequeñas zapatas coronadas  por un cimacio*; elementos que descansan sobre un pilar cruciforme y otro semicruciforme que tienen dos columnas adosadas cada uno. Sobre una de las columnas adosadas al pilar cruciforme descansa la mitad izquierda del arco apuntado que sirve de entrada a la capilla mayor, mientras que sobre la otra columna adosada al mismo pilar apoya el arco apuntado de acceso al brazo norte del crucero que ahora estoy describiendo.

La columna adosada, últimamente citada, asienta en un doble plinto de sección rectangular cuya parte inferior ofrece un volumen en torno al triple que la superior. La basa ática de esta columna se compone de dos molduraciones llamadas técnicamente "toros"; molduraciones que, respecto a la inferior, se encuentra unida a la parte superior del plinto mediante la labra de un motivo decorativo que tiene forma de garra de ave prensora provista de dos espolones estriados. Su fuste es cilíndrico y liso, en tanto que el capitel consta de collarino doble y equino que luce labra vegetal de bastante buena calidad que configura hojas de berza, además de sendas volutas animadoras de los dos ángulos formados por su adosamiento al pilar.

En la otra columna adosada, los ángulos que forman el capitel con el pilar están ocupados por su correspondiente cogollo floral, mientras que el equino capitelino se adorna a base de ramas con hojas conformadoras de dibujos geométricos de arquitos y espirales que ofrecen una labra de buena calidad.

Como remate de estos dos capiteles de estilo románico avanzado que aparecen adosados, tres pequeñas zapatas se coronan con un cimacio ornamentado por hojas arbóreas estilizadas, al tiempo que discurre por todas las caras del pilar.

En cuanto al pilar semicruciforme, como su nombre indica, solamente cuenta con dos lados de la cruz: (foto 20) uno está pegado al muro de cerramiento de la nave del templo, y el otro cumple el mismo oficio en el lateral occidental del brazo del crucero al que estamos pasando revista. Este pilar semicruciforme se convierte así en dos pilastras unidas en ángulo que cuentan con su correspondiente columna adosada. Estamos ante un par de columnas adosadas que, salvo en lo que respecta al doble plinto, tienen las mismas características que las que ofrecen las adosadas al pilar cruciforme anteriormente descrito. Únicamente varía la decoración de  sus capiteles y del cimacio que los remata. Sí, porque estos capiteles ornan su collarino con una moldura lisa y el equino con un hueco-relieve de bastante calidad que, en forma de "V", enlaza los dos manojos de cinco plátanos situados en los ángulos formados por su adosamiento al pilar, mientras que el cimacio sólo tiene decoración de tipo ajedrezado en las zonas que coronan los capiteles, aunque en los tramos correspondientes a ambos lados de este pilar semicruciforme parece que también tuvo ornamentación en otra época. En este caso, se trataría, por tanto, de la talla barroco-churrigueresca de yesería estucada realizada allá por el año 1745, la cual fue retirada cuando, en la década de los sesenta del siglo XX, se realizó la restauración general de la iglesia.

Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: pilar semicruciforme con semicolumnas adosadas. En la esquina del lado del evangelio de la nave con el brazo norte del Crucero y ventanas enrejadas (celdas) de las emparedadas (4 de mayo de 1999).
Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: pilar semicruciforme con semicolumnas adosadas. En la esquina del lado del evangelio de la nave con el brazo norte del Crucero y ventanas enrejadas (celdas) de las emparedadas (4 de mayo de 1999).

Estamos en el brazo norte del crucero, escasamente desarrollado y cubierto por una bóveda gótica de cañón agudo concebida a principios del siglo XIII y recubierta de estucada yesería barroco-churrigueresca desde 1745 hasta la década de los sesenta del siglo XX. En el muro longitudinal que lo cierra por el lado del poniente observamos tres enrejadas ventanas asimétricas. Estas fueron abiertas con posterioridad a la construcción original del templo para las antiguas y ya obsoletas celdas de los hombres y mujeres llamados "emparedados", que tanto proliferaron en el siglo XIV; celdas que, al parecer, luego se utilizaron también como cárcel eclesiástica. Son ventanas rectangulares carentes de decoración, y el que estén situadas en esta pared, responden al deseo de posibilitar que la persona voluntariamente emparedada o el clérigo retenido viesen desde la celda al Santísimo y pudiesen estar presentes en el culto de la misa y demás actos litúrgicos.

Desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la restauración de los años sesenta del siglo XX, el estrecho espacio que conformaron las celdas fue utilizado como almacén de herramienta o trastero de la Iglesia, y, anexo a él estuvo hasta los mismos años la hoy derruida sacristía, estancia a la que se accedía desde el interior del templo a través de la puerta gótica tipo tudor que se abre en el muro norte de la nave. Por otra parte, ya sabemos que durante la  restauración llevada a cabo entre 1958 y comienzos de 1970 se demolió, además de la sacristía, la casa del sacristán, que estaba anexa a ella.

En el testero de este brazo del crucero se abre una ventana abocinada que, rectangular y alargada en vertical, deja pasar la luz al interior. Su arco de medio punto descansa en dos columnas que la flanquean y guarnecen. Dichas columnas constan de: basa ática compuesta de dos toros y escocia, fuste cilíndrico y liso y capitel corintio configurado por su correspondiente collarino y equino ornamentado con labra de hojas de acanto, además de un ábaco sobre el que descansa la zapata que sirve de asiento al arco.  Esta ventana estuvo tapiada entre 1746 y  la  restauración de la década de los sesenta del siglo XX, tiempo en que estuvo colgado en la pared uno de los dos pequeños y viejos retablos barrocos traídos  de otras iglesias, los cuales fueron eliminados.

Bajo esta ventana, en la parte inferior del muro se observa un arcosolio o sepulcro de pared de mediados de la segunda década del siglo XVI (foto 21). Muestra gótico-tardío arco apuntado, y, al igual que el resto de la Iglesia, fue construido con la arenisca y dorada piedra salmantina traída de las canteras del pueblo de Villamayor. Sobre su sarcófago de estilo renacentista, contemplamos la estatua yacente de Don Diego Velasco vestido con ropas pontificales, quien falleció en 1514. El conjunto sepulcral se policromó en su totalidad, pero el paso del tiempo y la restauración general efectuada en la Iglesia durante la década de los sesenta del siglo XX, sólo dejaron restos de policromía en la cara y zona superior de los vestidos de Don Diego, distinguiéndose todavía sus tonalidades rojas y doradas. No obstante, en el frente de la urna se aprecia un mediorrelieve de motivos florales y dos grandes roleos formados por zarzas enroscadas que flanquean el escudo del ilustre difunto, cuyo campo y muebles conservan aún algún resto de sus colores. Entre los motivos florales se advierte un racimo de uvas, símbolo cristiano de la eucaristía, ya que de este fruto se obtiene el vino y, una vez consagrado, queda simbólicamente transformado en sangre de Jesucristo.

Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: sepulcro de Don Diego Velasco, en el fondo del brazo norte del crucero (4 de mayo de 1999).
Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: sepulcro de Don Diego Velasco, en el fondo del brazo norte del crucero (4 de mayo de 1999).

El escudo muestra el campo jaquelado* con quince piezas, de las que ocho son de oro y siete tienen veros* de azur* sobre fondo de plata. Además, se timbra con gorro arzobispal del que penden diez borlas por cada lado. La orla exterior y los citados roleos de zarzas fueron calificados por Gómez Moreno de "adornos romanos, toscos pero decididos".

El mismo Gómez Moreno habla de la existencia de leones en el zócalo, pero, en 1997, yo no encuentro el más mínimo indicio de que los haya habido. Por tanto, aunque en los tiempos de su construcción era frecuente labrar leones en este tipo de sepulcros, resulta muy difícil saber si algún día los tuvo o si estamos ante un error del historiador D. Manuel Gómez Moreno.

Don Diego de Velasco, familiar de los Condestables de Castilla, fue obispo de Galípolis (Italia) y electo de Ávila, además de fundador del Colegio de Santo Tomás Cantuariense en la calle que antiguamente estuvo dedicada a este santo y hoy forma parte de la calle del Rosario. Al contemplar su estatua yacente y deslizar la mirada hacia el frontal de la urna, vemos que ofrece cierta tosquedad en cuanto a la técnica empleada para la elaboración de sus adornos.

Por otra parte, en el fondo de este arcosolio hubo una hermosa tabla pintada, pero, según información recibida en 1997 de Felipe Álvarez Pérez, sacristán de la Iglesia, dicha tabla fue vendida durante la restauración de la década de los sesenta del siglo XX por el sacerdote D. Fulgencio Riesco Lorenzo, que era el párroco beneficiado de la Iglesia de San Pablo y en aquellos años ya tenía también a su cargo este templo de Santo Tomás. Desde entonces se perdió el rastro de esta obra de arte, desconociéndose su paradero y las razones que tuvo para optar por su venta. No obstante, sabemos que se trata de una tabla con pintura de carácter italiano que había sido concebida cuando se construyó el sepulcro y el que en ella se escenificaba "la deposición de Cristo en el Sepulcro".

A la izquierda y derecha del arcosolio sepulcral de D. Diego Velasco encontramos otras dos obras artísticas de interés: una es la imagen de S. José con el Niño en brazos, que alza su silueta sobre la especie de pedestal que conforma el pedazo de columna idéntica a las que soportan a la Virgen del Pilar y otras figuras ya vistas en la Iglesia; y la otra es el polícromo altorrelieve que, colgado en el muro, escenifica a "La Virgen Niña entre S. Joaquín y Sta. Ana" (foto 23).

La imagen barroca tallada en madera y policromada que representa a S. José con el Niño en brazos muestra al patriarca de pie, con cabello largo y rizado, además de idealizado rostro que aparece recortado por el borde de su barba. Es de un barroco clásico, y, su expresión poco naturalista denuncia su no pertenencia a la escuela castellana, aunque hace pensar que bien pudiera ser de la murciana. Su cabeza es circundada por una aureola de metal que indica su santidad, mientras que su cuerpo aparece vestido con larga túnica que se encuentra algo recogida a la altura de su cadera derecha, lo que permite contemplar ligeramente adelantada la pierna y bota que calza el pie de ese mismo lado. La ese mismo lado. La túnica, en virtud de su recogimiento, forma pliegues simétricos y triangulares en los que, el buen tratamiento de las telas, imprime cierta naturalidad y ligereza de las mismas, es decir, crea en las telas una sensación de menor peso, así como algo de movimiento en el conjunto del ropaje. El Niño Jesús está sostenido por las manos de S. José y, desnudo y en posición yacente, muestra cabello  rizado y carita más idealizada que el rostro de su padre.

Talla de San José con el Niño en brazos.
Talla de San José con el Niño en brazos.

Altorrelieve en madera de "La Virgen Niña entre San Joaquín y Santa Ana".
Altorrelieve en madera de "La Virgen Niña entre San Joaquín y Santa Ana".

Se trata de una imagen que perteneció a los antepasados de Juan Mirat, cuyo padre, D. Juan Casimiro Mirat, fue el fundador de la cercana empresa "Mirat" y, a finales del siglo XX y comienzos del XXI, todavía se dedicaba a la fabricación de abonos para el campo. D. Juan fue quien la donó a esta parroquia con ocasión del matrimonio celebrado entre su hija, Carmen Mirat, y el cantante aragonés Miguel Fleta, tenor de ideología fascista que fue miembro del partido político "Unión Patriótica", creado por el capitán general de Cataluña y  dictador Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, y más tarde se enroló en el de "Falange Española  Tradicionalista y de las J.O.N.S." que fundara  el abogado y político D. José Antonio Primo de Rivera y Saenz  de Heredia, hijo del  anterior. Los esponsales se celebraron el día 20 de Abril de 1927 en la Iglesia de S. Esteban del salmantino convento de los R.R. P.P. Dominicos, asistiendo a la ceremonia numerosos familiares y amigos que, en su mayoría, pertenecían a la alta sociedad salmantina. El ágape nupcial tuvo lugar en el entonces nuevo restaurante "Las Torres" que con este motivo abrió una puerta espléndidamente engalanada por la calle Pérez Pujol, hoy calle del Concejo.

En cuanto al relieve en madera policromada que representa a la Virgen Niña entre S. Joaquín y Sta. Ana formó parte de un retablo ya desaparecido y parece haber tenido por modelo una estampa gótico-tardía, pero  fue trabajado en época barroca de fines del siglo XVII o comienzos del XVIII. No obstante, la obra está incompleta, pues le faltan las dos tablas que ocupaban los extremos izquierdo y derecho, donde aparecían, entre nubes, aladas cabezas de angelotes semejantes a los escenificados en la zona superior del relieve. Así, en la parte inferior se ve a la Virgen Niña flanqueada por sus padres, mientras que en la superior se contemplan tres aladas cabezas de angelitos en nubes grises azuladas, y rayos divinos que bajan del cielo. La Virgen está representada en edad juvenil, expresando resignación en su rostro. Se encuentra en posición de marcha, pues tiene la pierna izquierda adelantada y los brazos despegados del cuerpo, mientras que Sta. Ana, su madre, la lleva agarrada por la mano izquierda. Viste túnica larga y se cubre con un manto que le cae por el hombro izquierdo.

A la izquierda de la Virgen está Sta. Ana, también de pie y en posición andante, ya que se advierte su pierna derecha adelantada. Con su mano diestra coge la de la Niña, en tanto que lleva la izquierda apoyada en el pecho. Cubre su cabeza con turbante y lleva expresión de resignación en el rostro.

A la derecha de la Virgen Niña se ve a S. Joaquín, quien adelanta igualmente la pierna derecha en actitud de caminar. Lleva apoyada su mano izquierda en la Virgen, y la derecha en la empuñadura de lo que debió ser un bastón, pues el resto le falta. Está concebido como anciano de barba larga y cana, y, dentro de la naturalidad que muestran sus facciones, parece advertirse  una cierta sensación de resignación. Está vestido con ropas de tipo oriental y lleva turbante a la cabeza. La postura que ofrece su figura resulta un tanto forzada, ya que de cintura para arriba está de frente y el resto de perfil.

Terminando de examinar este lado del transepto, continuamos la andadura por el interior para pasar a su brazo sur, donde observamos que también tiene escaso desarrollo y se cubre con bóveda gótica de cañón agudo que fue trabajada a principios del siglo XIII, aunque desde 1745 hasta la restauración general realizada en la Iglesia durante la década de los sesenta del siglo XX estuvo forrada de barroco-churriguerescas yeserías. Ésta arranca de un gótico arco apuntado que descansa en un pilar cruciforme y otro semicruciforme, los cuales tienen columnas adosadas que guardan idéntica estructura a las vistas en los pilares del arco que da paso al brazo norte del crucero, aunque se diferencian en los motivos decorativos que tienen labrados sus capiteles.

Las dos columnas adosadas al pilar  cruciforme quedan, una mirando a la nave y otra al interior del ábside central. El capitel  románico avanzado de la primera muestra en el equino labra vegetal que forma motivos geométricos, además  de una escena historiada que representa el enfrentamiento de dos guerreros con escudo y a caballo (foto 24) que ocupan los ángulos formados por su adosamiento al pilar. Por encima, el capitel se corona con un cimacio ornamentado por motivos geométricos de carácter vegetal.

Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: capitel labrado con la lucha de caballeros (4 de mayo de 1999).
Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: capitel labrado con la lucha de caballeros (4 de mayo de 1999).

La representación del enfrentamiento entre caballeros que acabamos de ver tiene como fin el recordarnos la lucha entre Roldán y Ferragut, campeones en el "Juicio de Dios" entre religiones.

Esta columna tiene, al igual que su  homóloga  del pilar cruciforme en el que asienta el arco del brazo norte del crucero, basa ática ornamentada con una garra de ave prensora que luce dos espolones estriados, así como el doble plinto rectangular sobre el que asienta dicha basa.

El capitel de la columna adosada citada en segundo lugar tiene, como el resto de las del crucero, su correspondiente astrágalo o collarino, así como equino engalanado con labra de hojas arbóreas y flores, mientras que en cada uno de los ángulos que forma su adosamiento se ubica un cogollo floral. Lo que constituye el cimacio figuran también motivos vegetales que crean formas geométricas.

El pilar semicruciforme, además de servir de apoyo al arco apuntado que da acceso al brazo sur del crucero, es punto angular de confluencia de los muros que cierran el costado meridional de la nave y el occidental de dicho brazo del transepto. Los capiteles de sus dos columnas adosadas cuentan con decoración distinta a la que vimos en los anteriores. Así, el capitel de la que se eleva en el lado del crucero muestra por labra un par de conchas y otros motivos deteriorados que se divisan en la parte superior, mientras que dos conchas más, mayores de tamaño y decoradas con puntitos, ocupan los ángulos. El capitel de la que se alza por el lado de la nave muestra en la zona superior molduras paralelas y onduladas que acogen en cada curva una hoja arbórea geometrizada, en tanto que un motivo  en forma de "V"  que aparece configurado por cinco líneas de puntitos y tiene por eje un vástago, enlaza los dos cogollos que ocupan los ángulos. Por encima, el cimacio está ornamentado con labra de líneas quebradas dispuestas en zig-zag.

Frente al ábside del lado de la Epístola, el muro que cierra este brazo del transepto por el lado de occidente deja ver una puerta de madera con arco de medio punto que casi siempre está clausurada; puerta  que ya quedó descrita al hablar del exterior de la iglesia.

En el testero de este mismo brazo del crucero se abre una ventana abocinada de arco de medio punto. Bajo ella contemplamos la Capilla de Nuestra Señora de la Consolación, ordenada construir en 1569 por D. Luis de la Peña con cargo a su patrimonio. Es una capilla a la que inicialmente se llamó "de Las Rejas" y luego "de Los Múgica", pasando más tarde a ser conocida como "Capilla de Los Canetes o Cañetes". El que la denominación más antigua sea  "Capilla de Las Rejas" indica  que desde sus orígenes estuvo protegida por unas rejas de hierro forjado, las cuales, por orden del Conde de Marcel de Peñalva  D. José de Cienfuegos Caso y Valdés, Nieto Múgica y Acevedo, fueron retiradas y vendidas en 1754 y donado su importe a la parroquia.

Conforme a lo que expresa el libro de fábrica del templo que guarda el Archivo Diocesano con el número de signatura 431/22, el año 1743 pagó 88 reales de vellón y 8 maravedíes D. Joseph Fuentecilla en nombre de la Sra. Condesa de Marcel de Peñalva, vecina de Oviedo, por el mantenimiento y goce de dicha capilla. Igualmente, en los Libros de Fábrica 431/23,24 y 25, consta que el Conde de Marcel de Peñalva, por medio de D. Joaquín González de la Huebra, su administrador, pagó la misma cantidad y por idéntico concepto en los años 1826, 1827, 1828, 1842 y 1849, así como el  conde sucesor en 1854.

Por otra parte, en 1744, al rehacerse su altar y cubrirse su bóveda protogótica con yeserías churriguerescas, la capilla quedó remodelada; remodelación sobre cuyo proyecto se hicieron dos copias que costaron 50 reales de vellón, remitiéndose una en 1754 al Conde de Marcel de Peñalva, residente en Oviedo y Sr. de Arabayona de Múgica (provincia de Salamanca), mientras que la otra se guardó con todos los papeles de la iglesia.

La sepultura de D. Luis de la Peña (foto 25) se encuentra a los pies del altar de esta capilla, luciendo en la lápida una inscripción y el hueco-relieve representador del escudo de armas de sus apellidos. Dicha inscripción recoge el siguiente epitafio: "AQUI YACE LUIS DE LA PEÑA OLIVARES, FUNDADOR DE ESTA CAPILLA, Y SUS PADRES Y ABUELOS. FALLECIÓ EL DÍA 9 DE MAYO DE 1569".

Sepultura de Don Luis de la Peña y sus padres y abuelos.
Sepultura de Don Luis de la Peña y sus padres y abuelos.

El escudo muestra el campo partido verticalmente en dos partes iguales, y la mitad derecha, a su vez, cortada horizontalmente en otras dos: en el cuartel superior derecho se observa una cuerna de caza por encima de un perro detenido y cotornado, pues tiene las patas delanteras en posición de frenada y la cabeza vuelta hacia atrás  mostrando la lengua fuera; todo lo cual conforma las armas de los Montero que emparentaron con los Olivares; en el compartimento inferior derecho hay un  pino con raíces que es flanqueado por dos cabras empinadas al mismo, constituyendo el blasón de los Farfán de Cabrera; y en la mitad izquierda luce un pino u olivo con raíces y un oso en actitud de gatear por su tronco, en tanto que, cruzando en diagonal la copa del árbol, aparece una banda,  que engolan* por sus extremos   sendas cabezas de dragones, representando así el apellido Olivares.

En otra lápida colindante (foto 26), un escudo acompaña a la inscripción en que reza lo siguiente: "ESTA SEPULTURA ES DE LOS PATRONES DE ESTA CAPILLA QUE FUNDARON LUIS DE LA PEÑA Y EL PRIOR JUAN DE OLIVARES".

Sepultura de los Patronos de la Capilla de Nuestra Señora de la Consolación.
Sepultura de los Patronos de la Capilla de Nuestra Señora de la Consolación.

El escudo  se encuentra cuartelado* y ofrece en su cuartel superior derecho las ya familiares armas de los Montero: una cuerna  de  caza surmontando*  a  un perro detenido que mira hacia atrás;  en el  superior izquierdo las armas del apellido  Guedeja, es decir, en campo de gules* cinco  guedejas* de  oro  dispuestas en sotuer*, entre las que, a pesar de la falta de policromía, destaca la central por ser de mayor tamaño que las demás y ceñir  un coronel que denota el vínculo parental existente entre Fray Juan de Olivares y los Nieto de León que entroncaron con la familia salmantina de los Maldonado de Monleón;  el inferior derecho un  pino flanqueado por dos cabras que se empinan al árbol para tomar  el alimento  son símbolo de los Farfán; y el inferior izquierdo muestra  las armas del apellido Osorio, que son: dos lobos pasantes  puestos en  palo, es decir, aparecen situados uno por encima del otro.

En el Archivo Histórico Nacional de Madrid se encuentra el expediente nº 481 de Religiosas de la Orden de Santiago, fechado en 1585 para el ingreso de doña Beatriz de Olivares en el convento salmantino de Sancti Spìritus, mientras que en el Archivo Histórico Provincial de Salamanca se recoge el protocolo del escribano de esta ciudad don Joaquín Mendoza Carrillo, año 1771, con el nº de signatura 3091. Esta documentación  me permitió conocer toda una serie de datos relacionados con los escudos de las lápidas sepulcrales de don Luis de la Peña Olivares y del Prior Fray Juan de Olivares, así como de los que coronan la capilla y  los que figuran labrados en las paredes costaneras de la nave de la iglesia, los cuales paso a enumerar y describir seguidamente:

1.- Que don Jerónimo Farfán de Cabrera, escudero de la madre de don Pedro Enríquez de Monroy, se casó con doña Isabel de Olivares González  y fueron padres de la citada religiosa de la Orden de Santiago doña Beatriz de Olivares, así como el que esta tuvo por abuelos paternos a Juan de Cabrera Farfán y Elvira Chamoso y por maternos a Alonso de Olivares e Isabel González, todos ellos naturales y vecinos de Salamanca.

2.- Que doña Isabel de Olivares González, esposa de don Jerónimo Farfán de Cabrera, era hermana del aquí sepultado Fray Juan de Olivares, que ingresó en la Orden de Santiago en 1533 y fue Prior del convento de León, así como el que don Alonso de Olivares, padre de ambos y abuelo de la religiosa Beatriz de Olivares, pasó a ser miembro de la citada Orden religioso-militar en 1553.

3.- Que el Prior Fray Juan de Olivares González era pariente de Juan Montero y que un hermano de este, llamado Juan Fernández, ejercía por entonces como  mercader en Medina del Campo (provincia de Valladolid) y había probado su hidalguía.

4.- Que las armas de los linajes expresados en los tres puntos anteriores están representadas en dicha documentación y corresponden exactamente a las que figuran en el blasón de la lápida funeraria del Prior Fray Juan De Olivares González y en el del sepulcro de don Luis de la Peña Olivares, así como en determinados cuarteles de los escudos labrados a los lados de la ventana que corona la capilla y en las paredes laterales de la nave de esta iglesia: las dos cabras empinadas a un árbol para comer su fruto pertenecen al apellido Farfán de Cabrera; la cuerna de caza por encima de un perro (lebrel)  con la cabeza vuelta hacia atrás son las armas de los Montero; un árbol -¿pino u olivo?-  con la copa cruzada por una banda engolada en dos cabezas de dragones y un oso empinado al tronco corresponden al linaje de los Olivares; y los cinco mechones de cabello, dispuestos en sotuer, constituyen el distintivo de los Guedeja, apareciendo el central en mayor tamaño y coronado como nota testimonial de su vinculación con los Nieto de León, que, junto con el también alcurniado apellido Maldonado de Monleón y sus correspondientes mayorazgos fueron heredados por quienes ostentaron el título de Condes de Marcel de Peñalva.

5.- Que en virtud de lo dicho anteriormente, el escudo cuartelado que señorea su labra en el muro que cierra la nave de la iglesia por el lado del evangelio luce en el primer cuartel un león coronado todo de oro en campo de gules, el cual es guardado por bordura* dorada que ostenta cuatro flores de lis en azur que alternan con cuatro hojas de higuera de sinople*, figuras que conformaron  el blasón de los Nieto de León al entroncar con ellos la familia salmantina de los Maldonado de Monleón, descendiente de aquel legendario don Rodrigo Maldonado, que fue alcaide de la fortaleza de Monleón.  Con motivo de este entronque, las flores de lis y hojas de higuera dejaron de estar posicionadas en orla  en torno al león y pasaron a formar la citada bordura, además de cambiar de lugar, pues antes las lises estaban en los ángulos y las hojas de higuera en el punto medio de cada uno de sus lados. Incluso, al no admitir los cánones heráldicos situar metal sobre metal, las flores de lis de color plata se trocaron en azur, ya que la superficie de la bordura es de color oro. Las armas representadas en los cuarteles 2º, 3º y 4º pertenecen a los ya conocidos linajes de los Guedeja, los Montero y los Farfán de Cabrera.

La vinculación parental de los Guedeja  con los Nieto de León viene por parte de doña María Bernal, esposa de don Diego Nieto de León, ya que Luis Guedeja, vecino del pueblo salmantino de Villoria y nacido hacia 1460, casó con Juana Vergara y tenía una hija llamada doña María, la cual llevaba por apellidos "Bernal y Guedeja".

Para mayor abundamiento, el caballero salmantino del siglo XVII don Rodrigo Maldonado de Monleón, descendiente de aquel personaje de idéntico nombre y apellidos que fue alcaide de la fortaleza de Monleón y se hizo famoso en la historia de Salamanca por su pertinaz negativa a entregarla a los Reyes Católicos, entroncó con el linaje de los Nieto de León y poseyó la casa que los Maldonado construyeron en la calle de la Compañía en un momento muy avanzado del siglo XVI; casa donde hoy se encuentra ubicado el "Hotel Emperatriz".

Dicho descendiente del alcaide de Monleón contrajo matrimonio con doña Josefa de Mújica, hija de Fernando de Mújica y Antonia Canete Paz, fallecida en 1679; familia esta de los Mújica que, estando  avecindada en Salamanca, procedía por estirpe directa de Galaor de Santander Mújica, que era natural de Herrera del Río Pisuerga e hijosdalgo de este lugar aunque sus descendientes prescindieron del apellido "Santander" y tomaron como principal el de "Mújica", tal como acredita la documentación referida a un Nieto suyo llamado Rodrigo de Mújica. Este era natural de Salamanca  y ostentó el grado de Teniente General de Caballería del Rey de Nápoles en el ejército de  Milán, además de ser caballero de la Orden de Santiago en 1640. No obstante, tal caballero, que era tío de la ya citada doña Josefa de Mújica, aunque prescindió del apellido Santander, conservó en su escudo las armas correspondientes al mismo, motivo por el que, en uno de los cuarteles del escudo labrado en el muro que cierra la nave por el lado de la epístola, figura en campo de gules un castillo de Plata sobre ondas de agua de azur y plata.

En cuanto a los Condes de Marcel de Peñalva, por todos estos apellidos heredados y los respectivos mayorazgos acumulados, fueron en Salamanca y su provincia propietarios de diversas casas y bienes y poseedores, en calidad de patronos, de varias capellanías y fundaciones. Así, a título de ejemplo, tuvieron: el patronazgo sobre la Capilla de Nuestra Señora de la Consolación de esta parroquia y el que les perteneció en la salmantina Iglesia de San Benito  por su vinculación con los Maldonado de Monleón, que comprendía un altar, cuatro arcos y tres enterramientos; el mayorazgo fundado por don Diego Nieto de León, que recayó en la citada familia de los Maldonado y la mansión que estos tenían en la calle de la Compañía y hoy está convertida en hotel; y la casa principal, ya desaparecida, que los Condes de Marcel de Peñalva ostentaron en propiedad en la Plazuela del Peso, haciendo esquina con la calle de San Justo y formando parte de lo que fueron los llamados "Portales del Lino", también nefastamente derribados en aras de sórdidos móviles arquitectónicos nada cromatísticos que en tan gran medida han contribuido a desencantar esta parcela de la ciudad.  A este edificio pertenecieron los dos escudos de los Condes de Marcel de Peñalva, uno de ellos muy deteriorado, que figuraron adheridos a la fachada lateral sur del "Gran Hotel", mirando a la Plaza del Peso.

Por lo demás, según recogen en su Enciclopedia  Heráldica  y Genealógica los hermanos García Carraffa, fueron  titulares del Condado de Marcel de Peñalva las siguientes personas:
El primer Conde de Marcel de Peñalva se llamó don García Valdés y Osorio, siendo el rey Felipe IV quien le concedió tal título en Méjico el día 30  de mayo de 1649. Este se casó con doña Margarita Beltrán de Ezquivel   y tuvieron por hijo al segundo Conde de Marcel de Peñalva, don García de Valdés Osorio y Beltrán  de Ezquivel , quien contrajo matrimonio con doña Luisa de Urrutia Vergara y Florez de Valdés. Al morir sin descendencia, le sucede como tercer Conde de Marcel de Peñalva su sobrino-nieto don Rodrigo González de Cienfuegos y Estrada, que era hijo de don Baltasar González de Cienfuegos y Valdés y de doña María de Estrada y Ceballos Manrique. Este tercer conde se casó con doña María Antonia Valdés y Alas y tuvieron dos hijos: don José Francisco y don Rodrigo González de Cienfuegos y Valdés, que ingresaron en la Orden Militar de Santiago el 3 de agosto de 1699. El segundo de estos hermanos fue el cuarto Conde de Marcel de Peñalva y tuvo por esposa a doña Ana Manuela de Caso Maldonado, quien le dio por hijo a don Baltasar José González de Cienfuegos y Caso Valdés y Maldonado, Nieto Mújica y Acevedo, que, en 1752, ya era quinto Conde de Marcel de Peñalva y Señor de la villa salmantina de Arabayona de Mújica. Don Baltasar, que era vecino de Oviedo y tuvo por administrador a don Marcos García, se casó en tres ocasiones. Su segunda esposa, doña María Josefa Velarde Queipo de Llano, le dio un hijo llamado don Rodrigo Antonio González de Cienfuegos y Velarde, Caso y Queipo, que fue sexto Conde de Marcel de Peñalva y falleció en 1813. Este se había casado con doña María Bernalda de Carrió Argüelles Miranda y tuvieron por hijo a don Juan Martín Ramón José María Rodrigo Baltasar Torcuato González de Cienfuegos y Carrió Velarde Argüelles, que, a mediados del siglo XIX, era séptimo Conde de Marcel de Peñalva y Señor de la villa de Arabayona de Mújica, además de haber celebrado sus esponsales con doña María Ana de Navia-Osorio y Montenegro, hija del sexto Marqués de Santa Cruz de Marcenado. Don Juan hizo a doña María Ana madre de don Ignacio González de Cienfuegos y Navia-Osorio Carrió y Montenegro, octavo Conde de Marcel de Peñalva, que contrajo matrimonio con doña Antonia Manuela Fernández de la Cabada y tuvieron por hija a doña María de la Concepción González de Cienfuegos y Fernández de la Cabada, que murió soltera. No obstante, el 11 de noviembre de 1986, se expidió carta de sucesión en el título de Conde de Marcel de Peñalva a favor de don Iván Bernardo de Quirós y Álvarez de los Asturias Bohorques.

Capilla de Nuestra Señora de la Consolación.
Capilla de Nuestra Señora de la Consolación.

La capilla de Nuestra Señora de la Consolación (foto 27) queda constituída por el altar y un pétreo retablo en forma de arco de triunfo enmarcado por dos pilastras situadas en los extremos, las cuales apean en sendos plintos de sección rectangular que tienen la misma altura que el altar; plintos que lucen en la cara frontal su respectivo escudo rectangular de esquinas romas, mostrando en el campo la labra de una sencilla cruz.

Las dos pilastras citadas constan de basa, fuste y capitel. Las basas están formadas por seis molduras: una de ellas es convexa y se la conoce técnicamente como "toro"; otra se la denomina "escocia" y es cóncava; y las cuatro restantes muestran forma cuadrangular. Los fustes son acanalados, y los capiteles aparecen conformados por: el collarino, que le sirve de arranque, y un equino decorado con labra vegetal en bajo-relieve, además de la parte superior, que, conocida como "ábaco", tiene por remate un par de volutas que acreditan su estilo jónico.

Los capiteles recientemente descritos soportan un entablamento compuesto de friso, arquitrabe* y cornisa. El friso exhibe una inscripción apenas legible por su deterioro, aunque todavía llegamos a recomponer lo siguiente: "ESTA CAPILLA ES DEL PATRONATO QUE FUNDO FLI JUAN DE OLIVARES YOYGOZA EL SR. CONDE DE PEÑALBA AÑO 1744"

Coronando la cornisa de este entablamento se ven dos escudos que flanquean la ya mencionada ventana abocinada del testero de este brazo del crucero. Los dos blasones tienen por timbre lo que parece un yelmo que se corona con cimera, aunque esta es más alta en el de la derecha que en el de la izquierda. En caso de tratarse verdaderamente de yelmos, al parecer vistos  de frente y con la visera caída,  significa que son de duque o marqués, lo que acredita recaer alguno de estos títulos nobiliarios en los familiares de Fray Juan de Olivares, cuyas armas representan en sus campos.

Estamos ante dos escudos que han perdido su policromía. En cuanto al situado a la izquierda de la ventana, está partido verticalmente en dos mitades: la mitad derecha muestra las armas de los Montero, esto es, una cuerna de caza por encima  de un perro andante que vuelve la cabeza hacia atrás; y la mitad izquierda tiene los símbolos del linaje de los Guedejas, es decir, los cinco mechones de cabello dispuestos en sotuer, siendo distinto el central pues está coronado  y ofrece mayor tamaño que los demás. El   segundo de los escudos, localizado a la derecha de la ventana, también se encuentra partido en dos mitades, al tiempo que su mitad diestra está cortada horizontalmente en otras dos: el cuadrante superior derecho ofrece un pino flanqueado por dos cabras empinadas al tronco, las cuales constituyen la armería de los Farfán de Cabrera ; el sector inferior derecho muestra los dos lobos pasantes dispuestos en palo que son el distintivo del apellido Osorio; y la mitad izquierda del blasón contiene un árbol con raíces que pudiera ser un olivo o un pino, y un oso  empinado y agarrado al tronco, además de estar atravesada la copa del árbol por una banda cuyos extremos engolan dos cabezas de dragón, figuras que corresponden al apellido Olivares. Se trata de un par de escudos correspondientes a familiares   del Prior Fray  Juan de Olivares, por lo que no pertenecen  a los condes de Marcel de Peñalva que fueron patronos de la capilla y, desde su residencia de Oviedo, ordenaron la remodelación de la misma  en 1744.

Por debajo del entablamento, dos medallones que efigian, respectivamente, un hombre y una mujer del siglo XVIII en tres cuartos de altura, señorean en las enjutas del abocinado arco triunfal de medio punto que ocupa el cuerpo central de la capilla: en el de la enjuta izquierda, visto a la derecha por el espectador, está el conde de Marcel de Peñalva, con vara de mando en la mano izquierda y levantando el puño cerrado de la diestra; en el de la otra enjuta se encuentra la condesa, sosteniendo un libro abierto en la mano derecha y sujetando las páginas con la  otra, al tiempo que cubre su cabeza con un manto. En suma, dos  personajes que, en contra de lo que algunos pudieran pensar, no son los padres de don Luis de la Peña Olivares.

Como ya quedó  indicado, el cuerpo central lo ocupa el propio arco de medio punto y abocinado que apoya sobre un par de pilastras de fuste acanalado; pilastras que, en vez de rematarse en capitel, se coronan en el intradós* con sus respectivos resaltes de moldura y cornisa, entre la que corre un friso de motivos geométricos, conformando todo ello una especie de consolas sobre las que asienta dicho arco.

El intradós de este pétreo arco está labrado con casetones* que acogen alternativamente caras de ángeles o motivos vegetales, mientras que el trasdós* cuenta con ángeles a los que se ve la cara y las alas entre nubes.

Como hemos visto, en este arco abocinado se alojan el altar y la pintura al óleo de la virgen titular de la capilla. El altar se decora con un medio-relieve muy barrido que conserva restos de su policromía, aunque los motivos representados no se aprecian con nitidez. La pintura constituye el único cuadro de este retablo de piedra concebido y diseñado a fines del siglo XVI por el maestro Martín de Espinosa. Ocupa todo el fondo de la hornacina que crea este pétreo y abocinado arco de medio punto, y, su enmarque, totalmente de madera dorada, está conformado por un arco que asienta en dos pilastras de fuste estriado, capitel corintio de hojas de acanto formando caulículos, y basa también corintia, pues consta de: filete, toro, filete, escocia, filete y toro.

El mencionado cuadro retablístico ofrece, sobre tabla, una pintura goticista realizada por el pintor Diego Gutiérrez en época renacentista algo tardía, pues data de finales de la década de los cincuenta del siglo XVI. Estamos ante una pintura que combina iconografía goticista con elementos renacentistas, con lo que, en cuanto a su concepción, está en una línea muy cercana a la idea de algunos pintores de la última generación italiana del siglo XV, los cuales conciben el objeto como utensilio generador de espacios perspectivos y tienen a la arquitectura como algo que sirve para mejor racionalizar la concepción de la obra pictórica por parte del espectador. Fue ordenada pintar por el propio don Luis de la Peña Olivares, quien la dotó a esta capilla que él mismo había mandado construir, tal como acredita el letrero que figura en la parte inferior del cuadro. Aquí se lee: "ESTA PINTURA Y RETABLO MANDO HACER LUIS DE LA PEÑA A HONOR DE N. S. DE LA CONSOLACION".

Se trata de una pintura que escenifica a la Virgen "Majestad" dentro de una composición en perspectiva vista desde cierta altura. La Virgen aparece sentada en el trono, teniendo en sus rodillas a Cristo niño cogido con el brazo derecho y su correspondiente mano. Le está ofreciendo una canastilla de frutas que sostiene en la mano izquierda, al tiempo que juega con dos cerezas que tiene entre sus dedos. María mira a su hijo, mientras que este bendice con la mano derecha y sostiene la bola del mundo en la izquierda, a la vez que dirige la mirada hacia los cuatro varones que aparecen más abajo. El trono con dosel sobre el que se sienta la Virgen es sostenido por dos ángeles que, en actitud voladora, se encuentran más arriba, mientras que, detrás, se ven paisajes con montañas y casas que crean una perspectiva de lejanía escasamente conseguida. Por encima del trono se observa al Espíritu Santo, representado en forma de paloma.

En la zona inferior, ocupando un primer plano en la pintura, se ven cuatro medias figuras de hombres contemplativos de tamaño casi natural. Uno de ellos, a la manera en que lo hacía Giotto, se encuentra de espaldas al espectador, y podría estar representando al propio D. Luis de la Peña, ya que, en la época en que fue concebida esta pintura, era usual incluir en la escena al donante de la misma, situándosele en la parte baja derecha o de espaldas y vestido con indumentaria de su época. Obsérvese que en todos ellos destaca la gran expresividad de sus manos en actitud implorante y el que la vestimenta de éste es diferente a la que cubre los cuerpos de los otros tres personajes.

La composición crea una atmósfera irreal, y la escasa perspectiva que muestra la escena se ha tomado desde un punto situado a cierta altura, motivo por el que se ve más paisaje que cielo; paisaje que, por otra parte, resulta poco naturalista, ya que son las diferentes edificaciones las que marcan los distintos planos compositivos de la obra. En cuanto al colorido se ha utilizado una gama fría de tonalidades, predominando las de los azules y los rojos.

En suma, estamos ante una pintura de estilo italiano que muestra muchas de sus partes incorrectamente concebidas, mientras que  cromáticamente forma un conjunto de tono seco, aunque agradable.

El fondo de este brazo del crucero acoge también dos imágenes de madera, mientras que en su pared longitudinal del poniente cuelga un cuadro donde, a pesar de su mal estado de conservación, es posible contemplar una escena que pudiera representar alguna de las visiones sobrenaturales que tuvo Sta. Teresa de Jesús.

La citada pintura escenifica a la santa abulense vestida con la indumentaria propia de la Orden Carmelita que ella misma reformó, cambiando el nombre de "religiosas calzadas" por el de "monjas descalzas" . Está mirando a Jesucristo, que va con la cruz a cuestas camino del calvario. Lo representado en este cuadro está visto desde cierta altura, y, en cuanto al colorido, predominan los tonos fríos.

Las  dos imágenes se encuentran  a los lados de la capilla, elevándose sobre sendos pedazos de columnas que, a modo de pedestales, son idénticos a los que sirven de asentamiento  a la Virgen del Pilar con el niño en brazos y a Sto. Tomás Cantuariense en los lados del arco de ingreso al ábside central. Se trata de dos obras que representan a la Virgen de la Gracia con el Niño en brazos (foto 28) y a San Ramón Nonato (foto 29).

Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: Virgen de la Gracia, con el Niño en brazos, a la derecha de la Capilla de Nuestra Señora de la Consolación en el fondo del brazo sur del Crucero (4 de mayo de 1999).
Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: Virgen de la Gracia, con el Niño en brazos, a la derecha de la Capilla de Nuestra Señora de la Consolación en el fondo del brazo sur del Crucero (4 de mayo de 1999).

Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: imagen de madera policromada que representa a San Ramón Nonato, a la izquierda de la Capilla de Nuestra Señora de la Consolación, en el fondo del brazo sur del crucero (4 de mayo de 1999).
Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: imagen de madera policromada que representa a San Ramón Nonato, a la izquierda de la Capilla de Nuestra Señora de la Consolación, en el fondo del brazo sur del crucero (4 de mayo de 1999).

La Virgen de la Gracia con el niño en brazos es una figura de bulto redondo trabajada en madera y policromada, además de estar casi toda ella dorada. María está de pie y sostiene a su hijo en el brazo izquierdo, cuya mano apenas sobresale entre el ropaje. El Niño, de grande y desproporcionada cabeza con facciones de adulto, coge en la mano izquierda la bola del mundo que está coronada por una cruz, mientras muestra la diestra en actitud de bendecir. Al igual que ocurre con las vírgenes románicas, entre madre e hijo no existe ninguna relación de comunicación a través de la mirada o de cualquiera otra significación expresada en sus semblantes, pero la túnica de María no aparece ya con los pliegues simétricos propios de ese estilo que tiene su fin al terminar el siglo XII, sino que, sus rígidas y  bien conseguidas telas muestran pliegues configurados en forma de "Z". Incluso por el posicionamiento de la tela se advierte que tiene el pie derecho adelantado, lo que indica cierto movimiento. Por todas estas características podemos asegurar que se trata de una imagen de transición entre el Renacimiento  y el  Barroco, por lo que debió ser trabajada pasada la mitad del siglo XVI, y, con mayor exactitud, a caballo entre finales de dicha centuria y comienzos de la del XVII.

La que representa a San Ramón Nonato se trajo del convento de mercedarios descalzos ubicado en las cercanías del monasterio de Nuestra Sra. de Guadalupe (hoy fábrica de abonos Mirat) cuando dicho edificio conventual quedó destruido durante la guerra de la Independencia; convento este que había sido fundado en 1604 a costa y bajo el protectorado de Dña. María de Figueroa. Estamos, igualmente, ante una imagen trabajada en madera y policromada que se encuentra en posición de pie. Es de bulto redondo, exenta, y los pliegues de su ropaje son  simétricos y triangulares, dejándonos adivinar en su ondulación el adelantamiento de la pierna izquierda. Tiene el brazo derecho despegado del cuerpo, flexionado y algo elevado, sosteniendo la custodia  en su mano derecha, mientras que en la mano izquierda tiene cogida una pluma de ave con tres coronas, lo que acredita su cualidad de escritor y su espléndido virtuosismo. En su rostro muestra facciones naturales carentes de expresión, por lo que estamos ante un modelo estereotipado y falto de rasgos individualizadores. Al resto de la figura parece imprimirle cierta movilidad la posición avanzada en que han sido concebidos el brazo derecho y la pierna izquierda. No obstante, sigue siendo una imagen rígida y estática que luce ropas de pesados pliegues. Por todo ello, y, sobre todo,  teniendo en cuenta que en sus vestimentas no ha alcanzado el movimiento y ligereza de telas que le daría un renombrado artista, podemos decir que se trata de una obra barroca bastante aceptable que data del siglo XVIII.

Sabemos que S. Ramón Nonato fue un prelado catalán (1200 a 1240) amigo de Pedro Nolasco, quien lo recibió en la Orden Mercedaria en 1224 para ingresar en ella. Realizó misiones de redención en Argel, donde sufrió tormento, pues, para evitar que predicase, le cosieron los labios con un candado; y el pontífice  Gregorio IX le llamó a Roma en 1239 para nombrarle cardenal, pero murió en el camino. El papa Alejandro VII le incluyó en el martirologio  el año 1657 y, en 1681, su festejación se extendió a toda la Iglesia. El sobrenombre de "Nonato" le fue atribuido como apellido por haber sido extraído del seno de su madre cuando esta ya había muerto. Su fiesta se celebra el 31 de Agosto de cada año.

subir arriba