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Iniciando el recorrido con una mirada al ábside central, vemos que acoge la capilla mayor (foto 10), abierta al crucero mediante arco apuntado de doble arquivolta que constituye un fiel exponente del protogótico , es decir, del primitivo estilo gótico que sucedió al románico a finales del siglo XII. Como ya dije anteriormente, se cubre con una bóveda de cuarto de esfera y otra de cañón agudo que se prolonga hasta el citado arco apuntado de doble arquivolta que sirve de entrada a la capilla mayor. Estamos ante dos bóvedas que pasaron por una reconstrucción en 1745, al tiempo que se cubrían de yeserías churriguerescas.

El altar de granito que hoy vemos se colocó durante la restauración de la década de los sesenta del siglo XX, y, en el centro del muro curvilíneo que forma la cabecera, se abre una estrecha ventana rectangular y abocinada que, alargada en vertical, es la exteriormente vista entre otras dos que se encuentran cegadas. Bajo dicha  ventana advertimos la ya referida hornacina de arco interior trilobulado y arquillo exterior algo convado, donde algún día debió haber una imagen.

Capilla Mayor
Capilla Mayor

A la izquierda, en el muro que hace medianía con la capilla del ábside del evangelio, cuelga un crucifijo que representa al Cristo de La Agonía (foto 11). Es de estilo barroco y, las características que ofrece, hacen datar su concepción a finales del siglo XVI o comienzos del XVII. Por tanto, es de los primeros momentos del barroco, pues carece de muchas manchas de sangre, ya que la profusión de éstas se da en los cristos barrocos más teatrales e impresionistas que se trabajan en los siglos XVII y XVIII. Con cabeza inclinada hacia su lado izquierdo y pelo ensortijado, ciñe corona, mientras que, mirando al cielo, en su boca entreabierta se adivinan las palabras que dirigía al Padre en solicitud del perdón para el género humano. Los brazos dejan ver pronunciada musculatura y las manos están cogidas con clavos que atraviesan sus palmas. El torso muestra un buen estudio anatómico. El paño de pureza es abultado, como consecuencia de sus muchos pliegues, y corto, dejando ver prácticamente toda la pierna derecha. Ambas piernas se encuentran bien flexionadas y, anatómicamente, excelentemente estructuradas y modeladas. Es un cristo de procesión, no de paso ni de retablo, pues el mástil de la cruz es muy largo desde el crucero para abajo, que es una característica propia de los crucifijos llevados en brazos por los cofrades en las comitivas procesionales. Al  no ser de un paso o de retablo, carece de desproporción corporal y de muchas manchas sanguinolentas, pues no es para verlo desde abajo ni para que su sangre impresione fuertemente a las gentes, ya que representa a Jesucristo cuando todavía no había muerto. Sus pies están montados y cogidos con un sólo clavo.

Al lado y a nivel más bajo que el  Cristo, empotrado en la pared, contemplamos un sagrario que constituye una preciosa pieza escultórica de estilo gótico (foto 12). El hueco está flanqueado por dos ángeles que, arrodillados, tienen en sus manos objetos que son atributos de la pasión de Cristo: uno lleva en sus manos la corona de espinas y el otro porta un látigo y tres clavos en las suyas. Todo el conjunto aparece enmarcado por tres arcos escarzanos que lucen ornamentación gótica.

En lo alto del muro medianero con el ábside del lado de la epístola se encuentra el único fragmento de pintura mural que conserva el templo (foto 13). Es parte de un fresco gótico de principios del siglo XIV que estuvo encalado y fue descubierto durante la restauración general hecha en la iglesia entre 1958 y 1970. Escenifica a Santo Tomás Cantuariense, sentado y bendiciendo, vestido con indumentaria arzobispal y tocado con mitra, además de circundar su cabeza con nimbo de santo. Bajo él aparece en el muro una literatura que dice: "Tomás Cant" y otra palabra que resulta ilegible por su deterioro. Está sobre fondo azul con decoración geométrica, como si se imitase un tapiz, al igual que ocurre en las pinturas de la capilla de San Martín de la Catedral Vieja salmantina. Estamos, por tanto, ante lo que debió formar parte de una serie de pinturas murales que aludían a momentos memorables de la vida de Santo Tomás Bécket. El protagonista ofrece las características propias de la pintura gótica de su tiempo: figura rígida y expresión ausente, colores planos y primarios, así como carencia de paisaje.

Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: Cristo de la Agonía en el lado de la Capilla Mayor (4 de mayo de 1999).
Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: Cristo de la Agonía en el lado de la Capilla Mayor (4 de mayo de 1999).

Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: Hornacina del Sagrario de la Capilla Mayor (4 de mayo de 1999).
Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: Hornacina del Sagrario de la Capilla Mayor (4 de mayo de 1999).

Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: Pintura mural del arzobispo Santo Tomás Bécket en posición sedente (4 de mayo de 1999).
Iglesia de Santo Tomás Cantuariense: Pintura mural del arzobispo Santo Tomás Bécket en posición sedente (4 de mayo de 1999).

Ante los pilares con columnas adosadas que soportan el arco apuntado bajo el que se pasa a este ábside desde el crucero (foto 16), observamos dos obras escultóricas sobre altos pedestales que son restos de columnas conformadas por su correspondiente fuste de sección octogonal y basa toscana moldurada con un filete y un toro. Son: el arzobispo de Canterbury Santo Tomás Bécket y nuestra Señora del Pilar con el Niño en brazos.

Así pues, la imagen de mediados  del siglo XVII que vemos a la derecha es de retablo y denota haber sido trabajada por un artista popular. Corresponde al santo arzobispo canterburiense o cantuariense que es titular de esta iglesia (foto 14). Es una talla de bulto redondo que acogió el retablo mayor y está realizada en madera y policromada. Se muestra de pie y en ligera posición de marcha, lo que implica escasez de movimiento. Sus facciones son naturales y serias, y, carente de expresión, tiene puesta la mirada en el infinito; características éstas que imprimen a su oval rostro firmeza y decisión. Los lisos pliegues de su ropaje no ofrecen rigidez, pero tampoco tienen una caída natural. Las telas están mal conseguidas, aunque permiten entrever la forma de la rodilla que tiene ligeramente adelantada. En la mano izquierda tiene el báculo, mientras que en la diestra sostiene un libro abierto.

Talla del arzobispo Tomás Bécket (Santo Tomás Cantuariense).
Talla del arzobispo Tomás Bécket (Santo Tomás Cantuariense).

Talla de "La Virgen del Pilar" en la Capilla Mayor de la iglesia de Santo Tomás.
Talla de "La Virgen del Pilar" en la Capilla Mayor de la iglesia de Santo Tomás.

La imagen de la Virgen del Pilar con el niño en brazos (foto 15) está asentada en el pedestal emplazado sobre la columna que contemplamos a la izquierda. Estamos ante una talla de bulto redondo trabajada en madera, policromada, dorada y estofada en el periodo barroco final, rayano con el neoclásico, tal como patentizan sus características: falta de expresión, rigidez de sus miembros, y, además, cuerpo algo desproporcionado, aspecto éste que indica haber sido realizada para su  colocación, a cierta altura, en el retablo mayor, tal como ocurrió desde su concepción en 1755. El mismo año se mandó hacer para ella una corona de plata que pesó seis onzas y media y costó 200 reales de vellón.

La Virgen del Pilar se realizó para sustituir a otra imagen que hasta entonces se había venido venerando con este título sin serlo.  Por ella y otras dos, también doradas y estofadas, que representaban a Santiago Apóstol y a San Segundo, se pagaron 1350 reales de vellón obtenidos a base de limosnas de los fieles. No obstante, las de Santiago y San Segundo desaparecieron, junto con otras cosas, con el robo realizado en la iglesia  el 30 de Julio de 1977.

La base donde apoya Nuestra Señora del Pilar está tallada con volutas que alternan con cabezas de ángeles. La Virgen, en posición de pie, acoge al niño en su brazo izquierdo, cuya mano se advierte entre el amplio manto. Con su mano izquierda recoge el manto a la altura de la cadera, y, sus pliegues, naturales, dejan ver la huella de la rodilla y permiten adivinar que tiene adelantada la pierna  de ese lado. El artista no se preocupó de idealizar los rostros, sino de darles un semblante lleno de naturalidad. La Virgen ciñe corona dorada y circunda su cabeza con aureola de rayos del mismo color. El Niño tiene su manita izquierda a la altura del corazón, mientras que con la derecha sostiene la parte izquierda del manto de su madre.

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