Buscador

Estos tres ábsides albergaron en su día otras tantas capillas, pero, hoy, solamente es utilizada como tal la capilla mayor que alberga el ábside central. En cuanto a las colaterales, la ubicada en el ábside del evangelio se comunica con la capilla mayor mediante un arco de medio punto sin decoración alguna y, aún faltándole el altar con frontal de azulejos talaveranos y la pintura sobre tabla que ofrecía una escena de "El Calvario", sigue siendo una capilla funeraria, pues en ella se sepultó al fundador del Colegio Menor de S. Ildefonso. Por el contrario, la capilla de Santa Águeda que acogió el ábside del lado de la epístola se convirtió en sacristía del templo tras la restauración  de la década de los sesenta del siglo XX.

Aunque el espacio que ocupa la capilla mayor es superior al de las colaterales, todas ellas tienen idéntica estructura: planta rectangular que se cubre con bóveda de cañón apuntado y fondo absidal de forma semicircular que se cierra en la altura mediante una bóveda de cuarto de esfera; bóvedas éstas que, desde 1745 hasta la finalización de la restauración general de la iglesia en 1970, estuvieron forradas de yeserías churriguerescas*. No obstante, un análisis comparativo entre las tres nos permitirá conocer sus diferencias y cuáles son los elementos que se han perdido o han sido sustituidos por otros en cada una de ellas con ocasión de las reformas y restauraciones por las que pasaron a lo largo de los siglos.

En consecuencia, si comenzamos por el ábside central, veremos que su ventana carece de columnillas y ornamentación, pues todo ello fue eliminado cuando en el siglo XVIII se amplió la ventana para dar mayor luz al pequeño camarín que se construyó detrás del retablo mayor. Más tarde, cuando con la restauración de la década de los sesenta de la vigésima centuria se devolvió a la ventana su tamaño primitivo, las columnillas y demás elementos ornamentales asociados a la misma no se restituyeron, ya que se habían perdido.

Por el contrario, las ventanas que se abren en los centros curvos de ambos ábsides colaterales, conservan sus elementos arquitectónicos y ornamentales tenidos desde sus orígenes. Las dos ofrecen por el interior una estructura similar a la que tienen por el exterior, aunque por el lado que ahora nos ocupa están más protegidas y en buena lógica mejor conservadas.

En la ventana del ábside del lado de la epístola, el capitel de la columnilla situada a su izquierda luce volutas de labra muy tosca y un pequeño búcaro que tiene una azucena, mientras que el capitel de la columnilla derecha se decora con piñas y cartelas. Ambos capiteles cuentan en su nacimiento con el respectivo astrágalo sogueado.

En el ábside del lado del evangelio, el vano de la ventana que se abre en el centro del muro fondal está flanqueado por dos columnillas, cuyos capiteles se ornamentan con diferentes volutas, aunque en ambos queda patente su tosca labra.

En cuanto a la decoración que ofrecen sus paredes, bajo las ventanas de los tres ábsides discurre una imposta de sección muy simple, que conocida técnicamente como "filete", exhibe una incisa e irregular decoración de meandros. Otra imposta formada por doble moldura convexa recorre el ábside central por encima de la ventana, mientras que en este mismo ábside y en el de la epístola, han desaparecido algunos elementos decorativos, siendo sustituidos por franjas lisas. Incluso, en el ábside del lado del evangelio, por encima de los capiteles de la ventana corren dos cortas franjas decorativas que muestran motivos circulares.

Si las impostas son elementos ornamentales que constituyen un resalte en las paredes, las hornacinas ubicadas en los muros de los ábsides suponen el vaciado y desalojo de ciertas  piedras para acoger el sagrario o alguna imagen. Así, en el curvilíneo muro fondal de los tres ábsides se advierten hornacinas de variado diseño. Comenzando por el ábside del evangelio, observamos una hornacina de unos veinticinco centímetros de profundidad que cuenta con arco de medio punto ligeramente rebajado, es decir, el técnicamente llamado arco "escarzano"*. La hornacina que se abre en el fondo del ábside central presenta un arquillo exterior ligeramente convado y, bajo él, otro arco interior que se muestra trilobulado. Y en el ábside de la epístola contemplamos la hornacina de estructura más complicada, pues cuenta con un arco polilobulado*.

Por otra parte, en 1746, cuando ya se había apeado el retablo principal y habían sido cubiertas con yeserías churriguerescas las dos bóvedas de la capilla mayor, se asentaron los otros dos retablos que, usados y procedentes de otras parroquias, pasaron a presidir la capilla absidal del lado de la epístola y el testero del brazo norte del crucero. El mismo año se pagaron 6600 reales de vellón por realizar un nuevo retablo mayor y mil reales más por la boquilla que se le añadió en redondo para mayor adorno del mismo y componer los frontales y su marco, así como diez cornucopias de latón que costaron otros cien reales de vellón. Los dos frontales citados, pintados al óleo con pájaros y flores en este momento de mediados del siglo XVIII fueron eliminados, mientras que el retablo mayor y el frontal tallado con racimos de uvas y  roleos* de hojas de cardo que tuvo su altar, desde 1992, se encuentran en la iglesia parroquial del pueblo salmantino de Carrascal del Obispo.

Por el mismo Libro de Fábrica 431/22 sabemos que, también en 1746, se hizo el pedestal de piedra para el retablo y el altar mayor, así como el que, a Santiago de la Piedra, se pagó 142 reales de vellón por pintar y tapiar el basamento o pedestal de dicho altar.

El retablo mayor que tuvo esta iglesia y hoy preside el de la parroquia del pueblo de Carrascal del Obispo (foto 9), tiene forma de hornacina de fondo semicircular y cobertura de cuarto de esfera, además de embocadura de arco de medio punto rebajado, escarzano. Está distribuido en tres calles, siendo más amplia la central que las laterales.  Por tanto, enmarcan el retablo e individualizan sus calles cuatro columnas de fustes estriados que se ornamentan  con talla vegetal y de lazos, además de rematarse con capiteles corintio-jónicos compuestos de hojas de acanto que se abolutan en caulículos. En el frente, la calle central está coronada por un escudo oval que luce la mitra episcopal símbolo del  titular del retablo, Sto. Tomás Cantuariense, mientras que la de la izquierda nos muestra, en idéntico lugar, otro ovalado escudo que ostenta en el campo un sol figurado de dieciséis rayos, blasón del apellido Solís. Coronando la calle de su derecha aparece otro sol, también de dieciséis rayos, que se encuentra semioculto por una luna en cuarto creciente. Pudiera ser que estos últimos elementos estuvieran simbolizando a Dios Padre, sol del Universo, y a la Virgen  como Madre de Cristo, que a la vez son Padres de todos los cristianos desde el cielo. El escudo oval que señorea el sol figurado con dieciséis rayos parece testimoniar que el retablo fue costeado por alguien perteneciente a alguna de las ramas de la amplia familia salmantina de los Solís.

Retablo mayor que hoy preside el Altar Mayor de la parroquia de Carrascal del Obispo
Retablo mayor que hoy preside el Altar Mayor de la parroquia de Carrascal del Obispo

Como parte de este retablo observamos dos bellas puertas barrocas talladas con ornamentación vegetal de hojas y flores, las cuales sirvieron de acceso al desaparecido camarín que tuvo esta iglesia de Sto. Tomás tras dicho retablo mayor.

En cuanto al pétreo altar mayor, unido al retablo por ser de factura anterior al Concilio Vaticano II de 1965, donde se normativizó la separación de ambas piezas, también podemos verlo en la Parroquia de Carrascal del Obispo. Su frontal, en 1997, seguía exhibiendo su  talla de madera con racimos de uvas y grandes roleos de hojas de cardo, a pesar de haber estado semiabandonado en el sótano del salmantino Excolegio de la Orden Militar de Calatrava durante más de 30 años. Incluso, en esta misma iglesia de la provincia de Salamanca, advertí dos mesas de altar trabajadas en madera y los restos de un pequeño retablo que había acogido esta nuestra capitalina iglesia de Sto. Tomás Cantuariense y luego almacenó el edificio calatraveño: dos pilastras de fuste estriado y, sostenido por estas,  un arco de medio punto rebajado, el técnicamente llamado "escarzano"; elementos que no parecen identificar al retablo como de estilo barroco. Las dos mesas de altar, pintadas en varios colores, pertenecieron a las capillas de los absidiolos* laterales, es decir, a la de S. Ildefonso y a la de Sta. Águeda.

Ya realizada la primera revista a los ábsides, continuaré con una individualizada visita a cada uno de ellos para completar su configuración y contenido actual, a fin de tener un mayor y mejor conocimiento de los cambios que fue experimentando el edificio a lo largo de su historia.

subir arriba