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Antes de entrar en el templo, sepamos que en 1746 se terraplenó y enguijarró la parte de la plaza de Santo Tomás situada ante la portada, además de hacerse los tres pasos que dan a la calle y los dos existentes en la propia puerta,  todo lo cual costó a la parroquia 140 reales de vellón y ocho maravedís. No obstante, los escalones y el enchinarrado que hoy vemos son fruto de la restauración llevada a cabo en la década de los sesenta  del siglo XX.

Pero... no dudemos más, conozcamos el interior de la iglesia, que, conformada en cruz latina, consta de una sola nave con cabecera triabsidal, crucero de leves brazos y un coro alto que se encuentra ubicado a los pies. Subamos los escalones de hormigón que hay a la puerta e introduzcámonos en el cancel de madera que se hizo en 1743, donde luego se abrió un " postigo nuevo" dos años más tarde para que los fieles pudieran entrar y salir con mayor fluidez. Las puertas de madera de estos postigos dan paso al habitáculo del culto. Enseguida, a los pies de la iglesia, nada más entrar encontramos en el arranque del muro de la epístola la pequeña puerta que posibilita el acceso a la escalera de caracol que conduce a la sala del coro y al campanario de la torre.

Deslizando nuestros pasos por el templo, apreciamos que casi todo su suelo se compone de sepulcros, aunque la mayoría están cubiertos por simples losas de pizarra carentes de epitafio o inscripción alguna, lo que no impide que, a partir de las seis y media de la tarde, pueda servir a algún coro o grupo instrumental como lugar de ensayo habitual. No obstante, comenzaremos la visita interna por la cabecera de la iglesia, que, como ya sabemos, se compone de tres ábsides de planta semicircular, siendo el central más ancho y profundo que los laterales.

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