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Terminada la descripción de la cabecera del templo, paso a realizar el mismo oficio respecto a  los muros de los costados de la nave, es decir, los que la cierran por los lados del evangelio y de la epístola. El del costado del evangelio mira al norte, concretamente a la zona de la plaza de Santo Tomás que se conoce como "Corralillo de Santo Tomás", mientras que el que cierra la nave por el lado de la epístola mira al sur y, por tanto, se levanta junto a la acera izquierda de la calle del Rosario, vía urbana que se estira desde el paseo de Canalejas hasta el punto de la Gran Vía donde confluyen la Plaza del Concilio de Trento y las calles Juan de la Fuente y Arroyo de Santo Domingo.

En el muro del costado del evangelio, incluidos los tramos del brazo norte del crucero correspondientes al testero y a sus caras oriental y occidental, aparecen algunas zonas donde se percibe que han sido reconstruidas, aunque sufriendo algunas alteraciones respecto a su estructura primitiva. En contrario, el corto tramo final del muro que cierra por el norte el ábside del lado del evangelio no ha conocido la reconstrucción en su parte baja, motivo por el que, a comienzos del siglo XXI, seguiremos contemplándola atacada por el llamado "mal de la piedra" hasta una altura aproximada de dos metros.

En cuanto al muro que conforma el testero del brazo norte del crucero, alza en sus extremos dos reconstruidos contrafuertes de poco resalte que son asimétricos, pues, aunque mínima, tienen diferente altura y remate. Esta parte del crucero se cubre con un tejado a dos aguas, que, junto con el resto de la cobertura de tejas que tiene la iglesia, pasó por una reparación general de sus goteras en marzo de 1633, trabajo que realizó el albañil Juan Moreno.

En dicho muro fondal, a media altura del muro y algo descentrada hacia la derecha, abre su amplio vano una ventana sin derrame (foto 4) que muestra arco de medio punto con moldura de bocel que resalta en los bordes superior e inferior de su cara frontal. Dicho arco descansa en un par de columnas que se alzan sobre pequeños plintos coronados en la esquina interna por su respectiva bolita; en los que, el buen estado de  conservación denuncia que han sido reconstruidos.

En ambas columnas, como es costumbre, las basas áticas se componen de dos toros y una escocia, mientras que los fustes son cilíndricos y lisos. Los capiteles, de tipo corintio, cuentan con collarino y su correspondiente equino. Los equinos de ambos capiteles aparecen labrados con hojas de acanto en tanto que, encima de ellos, su correspondiente zapata con moldura saleriza carente de ornamentación sirven de arranque al arco.

En suma, estamos ante una ventana que se encuentra en muy buen estado de conservación, quizás porque fue tapiada en 1746 y no volvió a abrirse hasta que se desmontó y reconstruyó durante la restauración general llevada a cabo en la iglesia  entre 1958 y 1970.

Ventana del brazo norte del Crucero del Templo de Santo Tomás Cantuariense
Ventana del brazo norte del Crucero del Templo de Santo Tomás Cantuariense

Esta ventana está exteriormente protegida por una alambrada metálica y sabemos que fue desmontada, restaurada y reconstruida en la década de los sesenta del siglo XX. Acreditan estos extremos, además de la documentación pertinente, los materiales utilizados, ya que a estos les falta la oxidación que ofrece la piedra perteneciente a la primitiva construcción del edificio.

En la cara occidental de este mismo brazo del crucero, entre el muro externo y la pared interna del mismo, hay un estrecho hueco que estuvo unido a la sacristía hasta finales de los años sesenta de la vigésima centuria. En dichos años, con motivo de la restauración del templo y para darle una mayor vistosidad y permitir una mejor comunicación entre el Corralillo de Santo Tomás y las calles Marquesa de Almarza y del Rosario, se demolió la sacristía  y la casa anexa que era vivienda del sacristán, pues se trataba de construcciones que, realizadas con posterioridad al inicial levantamiento de la iglesia, la afeaban y estrechaban el paso en tal medida que quedaba semicerrada esta parte de la plaza, originando que se llamase "Corralillo de Santo Tomás".

El estrecho hueco existente entre el muro y pared occidental de este brazo del crucero estuvo, desde época medieval, dividido en pequeñas y angostas celdas donde los hombres o mujeres conocidos como "emparedados" permanecían voluntariamente encerrados de por vida en estricta clausura y en calidad de acto penitencial.

Estas celdas tenían sus puertas cerradas a piedra y lodo, contando solamente con dos aberturas: una muy estrecha que daba a la hoy demolida sacristía y servía como medio de comunicación con sus familiares y amistades, además de posibilitarle la entrega de alimentos y la retirada de basuras y excrementos; la otra era una ventana enrejada (por el interior se ven tres en este brazo del crucero) por la que recibían los sacramentos y seguían el culto de la misa u otros actos litúrgicos.

Parece ser, según comunicación personal del padre carmelita D. Enrique Llamas Martínez, que el obispado salmantino también habilitó estas celdas como cárcel eclesiástica, a fin de encerrar a los clérigos que habían realizado alguna actividad política o moral no acorde con lo establecido o permitido en cada  momento por la iglesia. Y es que, este tipo de hechos, aunque eran considerados como delitos civiles, debido a la cualificación del inculpado, se veían y sentenciaban por un juez o tribunal eclesiástico.  Entre los tribunales tuvo especial significación, no sólo por la justicia que impartió, sino por las  injusticias e incluso atrocidades que cometió, el de la Santa Inquisición. Este fue instituido en España por "los Reyes Católicos" Isabel y Fernando, y funcionó desde 1482 hasta 1820, aunque su muerte le llegó por decreto de 15 de Julio de 1834. Sabido es que este tribunal ajustició a muchos judíos y herejes, e incluso procesó a algunos místicos católicos de excepcional valía en los siglos XVI y XVII, tales como:  Fray Luis de León y S. Ignacio de Loyola, entre otros.

Continuando la descripción del lado norte de la iglesia, diré que en el muro de la nave observamos una puerta gótica tardía de tipo inglés (foto 5), abierta donde antes hubo una románica de arco de medio punto. También contemplamos un contrafuerte o estribo y el trozo de muro correspondiente al costado septentrional de la torre, cuyo frente occidental alza su silueta sobre toda la fachada principal del templo.

La puerta gótica, construida nada más pasar la mitad del primer cuarto del siglo XVI, pertenece al modelo Tudor. Se trata de una puerta muy retocada que tiene forma abocinada y muestra arco de dos arquivoltas apuntadas que descansan en columnas apeadas sobre plintos, las cuales conservan sus capiteles originarios. Son dos columnas a cada lado, las cuales constan de: basa toscana compuesta por un filete y un toro*, fuste cilíndrico y liso y capitel corintio provisto de collarino y equino* ornamentado con labra vegetal y floral; capiteles que, en opinión de  Gómez Moreno imitan a los del cimborrio de la Catedral Vieja. Encima de cada capitel apoya una zapata* moldurada que sirve de asiento y nacimiento de las arquivoltas mencionadas.

La ornamentación vegetal de los capiteles fue causa de que Gómez Moreno afirmase que imitan groseramente a los del cimborrio* de la Catedral, refiriéndose a La Vieja.

Enmarca esta puerta una especie de alfiz* que se remata en tejaroz* con cornisa sostenida por canecillos de idéntico formato que los de la cabecera, aunque pudieron hacerse tres siglos más tarde. Estos canecillos se rematan en molduras horizontales o en un cilindro o semicilindro dispuestos en vertical.

Se trata de una puerta gótica que estuvo oculta desde la construcción de la sacristía y casa del sacristán hasta su demolición, ya que servía de comunicación entre éstas y el interior del templo.

Por otra parte, pegado al muro, entre esta puerta gótica y la torre se advierte un contrafuerte que tiene alrededor de tres metros de altura, aunque anteriormente fue mayor, pues se cortó al nivel que hoy vemos cuando, en la década de los sesenta del siglo XX, se reabrió la citada puerta y se reconstruyó este lado de la torre.

Puerta gótica-tudor del costado del evangelio del Templo de Santo Tomás Cantuariense
Puerta gótica-tudor del costado del evangelio del Templo de Santo Tomás Cantuariense

Así pues, la torre, de planta cuadrada, está reconstruida, y el que alguna de sus piedras se encuentren grapadas, testimonia que amenazaba ruina cuando se llevó a cabo dicha labor reconstructora entre 1743 y 1745 y su reparación y remodelación del cuerpo de campanas entre 1841 y 1845. Sí, porque esta torre tuvo desde el primer cuarto del siglo XVI, momento de su construcción, un cuerpo de campanas, pero éstas fueron retiradas de él temporalmente cuando, por amenaza de ruina, tuvo que ser remodelado a mediados del  siglo XIX y cuando se reconstruyó la torre en la década de los sesenta del siglo XX. Por tanto, a partir de mediados del siglo XIX, el cuerpo de campanas quedó reducido a lo que actualmente es.

Aunque algo más tarde volveré a hablar de esta torre campanario, en mi deseo de aportar los humildes conocimientos que tengo sobre ella, necesario me parece reseñar que, según el libro de fábrica albergado en el Archivo Diocesano de Salamanca con el número de signatura 431/22, el año 1743 se repararon los cabezales y cabezas de las dos campanas y se colocaron algunos herrajes a las mismas, mientras que, en 1746, se sustituyó una de las campanas por otra nueva que costó 460 reales de vellón. Más tarde, en 1829, esta parroquia cobró 498 reales de vellón y 24 maravedís al convento de "Los Mínimos" como importe de la mitad del precio pedido por la vieja campana que retiraron el año 1746, ya que ésta había sido vendida y trasladada al citado edificio conventual, tal como consta en el expediente de compra-venta escriturado y firmado ante el notario D. Pedro López de Acebo. El 6 de Enero de 1849, conforme a lo expresado en el Libro de Fábrica 431/24, el cerrajero Cayetano de la Nosa realizó en el badajo una compostura que costó seis reales de vellón, aunque sin especificar si correspondía a la campana antigua o a la nueva. Finalmente el 28 de Febrero de 1867, el fundidor de metales Salvador Bonell hizo una nueva campana dedicada a la Virgen del Pilar por 715 reales de vellón, además de otros 30 reales que costó el metal utilizado a mayores, puesto que la campana salió con mayor peso del acordado. Para confeccionarla se aprovechó la vieja, por lo que hubo que fundirla, pero, al no quedar finalizada conforme a lo estipulado en el contrato, en 1868 se refundió totalmente para conseguir la deseada. En este año era párroco de la iglesia D. Manuel Mulas.

Estamos, por tanto, ante una torre que forma parte de la portada o fachada principal de la iglesia, la cual tiene su nacimiento a mayor altura que el nivel del pavimento de la calle, ya que en esta zona también fue rebajado a comienzos de la novena década del siglo XX. Anteriormente, en 1744, se había realizado su socalzo* con diecisiete varas y media de piedra tosca, cuyo coste ascendió a 102 reales de vellón y 36 maravedís, tal como se recoge en el Libro de Fábrica que conserva el Archivo Diocesano de Salamanca con el número de signatura 431/22.

Deslizando ahora mis pasos hasta el muro que cierra el templo por el costado de la epístola, describiré sus diferentes tramos por el exterior, es decir, los correspondientes al crucero y a la nave que se alzan en la calle del Rosario.

A continuación del ábside que hoy alberga la sacristía comienza el muro del crucero, es decir, del transepto que cruza de norte a sur toda la iglesia, el cual es recorrido en su cara oriental por una cornisa que descansa en canecillos  terminados en forma de pirámide truncada  e invertida de época bastante moderna. Dicho muro conforma el testero del brazo sur del crucero, donde el pavimento de la calle ofrece el nivel más bajo de toda la plaza de Santo Tomás, originando que el nacimiento del citado muro esté a mayor altura y que, por tanto, esta parte sea la más elevada de todo el edificio.

A este tramo oriental de la calle del Rosario y la plaza de Santo Tomás se refiere el Libro de Fábrica de la iglesia que guarda el Archivo Diocesano con el número de signatura 431/25 cuando dice que en 1854 se realizaron las obras necesarias para construir sus calzadas, lo que dio lugar a que el ingeniero encargado del proyecto y dirección de los trabajos tuviera que hacer un importante movimiento de tierras para su explanación en torno al templo; acción que originó el pago de una indemnización a la parroquia por valor de 400 reales de vellón.

En la parte superior del testero del brazo sur del crucero hay signos externos que testimonian estar reconstruido, y dos contrafuertes simétricos se alzan pegados al muro para darle mayor consistencia. Hacia la mitad del contrafuerte que, según visión del espectador, se encuentra a la derecha, una tapiada ventana románica (foto 6) de arco de medio punto asienta sobre dos columnas que apean en sus respectivos plintos. El plinto de la columna situada en la parte derecha de la ventana se decora en el frente con líneas quebradas en zig zag, mientras que el de la izquierda carece de ornamentación. Ambas columnas se componen de basa ática más el tan repetido fuste cilíndrico liso y capitel corintio formado por collarino, equino y ábaco. El collarino o astrágalo es poco pronunciado y se ornamenta con un cordel vegetal, mientras que el equino tiene forma de estípite* que nace de un astrágalo sogueado con cordel vegetal poco pronunciado. Estos capiteles están labrados con volutas que, al igual que en los de las columnas de la ventana absidal del lado del evangelio, arrancan del astrágalo y se elevan en vertical para luego enrollarse, al tiempo que muestran en toda su longitud idénticas estrías. Rematan los capiteles sus correspondientes zapatas subrayadas por un filete que, en el caso del de la izquierda, está decorado con ovas, mientras que el de la derecha está partido horizontalmente en dos. Sobre dichas zapatas, el arco señorea motivos geométricos de dos tipos: uno lo constituyen líneas paralelas y el otro líneas quebradas.

Ventana del brazo sur del Crucero de la iglesia de Santo Tomás Cantuariense
Ventana del brazo sur del Crucero de la iglesia de Santo Tomás Cantuariense

Flanqueado por las columnas, el centro del tapiado vano es ocupado por el ya conocido motivo decorativo de origen celta que recuerda a las estelas funerarias de algunos sepulcros de la provincia salmantina expuestos en el museo provincial de Bellas Artes de Salamanca. Se trata de un símbolo que, de forma circular y provisto de radios curvilíneos que configuran una especie de svástica* y representa al Sol, resulta análogo a las estelas funerarias romanas y de algunos pueblos bárbaros, donde estos elementos ornamentales tenían una fuerte significación devocionaria de carácter divino.

Entre los dos contrafuertes, la parte superior del muro que forma el testero de este brazo del crucero abre una ventana abocinada que está protegida por una alambrada metálica. Se trata de un vano de arco de medio punto que no es el original, sino fruto del momento en que, interiormente, se realizó la capilla de Nuestra Señora de la Consolación. También pudo ser objeto de algún cambio cuando se remodeló dicha capilla en 1744, y, con toda seguridad, fue reconstruida durante la restauración de la década de los sesenta del siglo XX.

El muro se corona con la correspondiente cornisa, mientras que, por encima del brazo del crucero tiene por cobertura un tejado de doble vertiente (foto 7).

A la altura de la fachada principal de la iglesia nace una especie de callejón que encauza el muro que sirve de cerramiento a la nave por el lado de la epístola y un antepecho que, en paralelo, se alza en la acera izquierda de la calle del Rosario. El pavimento achinarrado  de este callejón se inicia con una escalera de cinco pasos, la cual nos eleva y posibilita continuar la andadura hasta la puerta de adovelado arco de medio punto  bocelado que, de no estar clausurada, permitiría nuestro acceso directo al brazo sur del crucero. El citado arco tiene las dovelas más pequeñas y menor altura que el del vano tapiado que luego veremos en el muro de la nave, por su aspecto, parece pertenecer a la misma época que la puerta principal de la iglesia.

Estamos, por tanto, en la cara occidental de dicho brazo del crucero, cuya cornisa descansa sobre cinco canecillos rematados en forma de pirámide truncada e invertida que pertenecen a un momento bastante moderno y, por tanto, posterior a la fundación del templo, así como otros cuatro canecillos de época más avanzada que lucen cuatro canutillos horizontales, de los que el superior es de mayor grosor que los otros dos.

El muro de cerramiento de la nave por el lado de la epístola no sigue la misma línea en su totalidad. Así, el tramo correspondiente al lateral meridional de la torre no encaja con el resto del muro que llega hasta el crucero, pues en el punto donde se unen ambos lienzos murales se produce un retranqueo* en la fachada. El desencaje entre ambos tramos del muro es mínimo en la parte superior, pero no en la inferior, pues el desaplomo va creciendo paulatinamente conforme más se acerca al suelo. Ello es debido a un notorio abombamiento del muro, situación que se puede contemplar desde la esquina suroeste de la torre.

Callejón del lado de la Epístola del Templo de Santo Tomás Cantuariense
Callejón del lado de la Epístola del Templo de Santo Tomás Cantuariense

Hacia la mitad del primer tramo del muro se advierte el exornado hueco de arco adovelado de medio punto formado por grandes dovelas, el cual pertenece a una antigua puerta que fue tapiada y muy bien disimulada por el interior. Estamos ante una puerta que antaño fue entrada lateral a la nave y se clausuró con piedra arenisca en 1745. Por encima de esta cegada puerta aparece una ventana rectangular, adintelada, enrejada y carente de ornamentación. Se abrió a comienzos del año 1746 para dar más luz a los pies de la nave, y se aprecia con toda  nitidez que los sillares que la rodean, a pesar de no ser muy desiguales, están desencajados.

En este mismo muro, unos dos metros más a la izquierda y a nivel más alto que la ventana rectangular recientemente descrita, observamos una saetera que, estrecha y alargada en vertical, da luz a la escalera  interior de caracol en el tramo que conecta la sala del coro con el campanario; campanario que muestra en este costado su correspondiente vano de arco de medio punto.

Desde donde termina este costado de la torre, el resto del muro sur de la nave se remata mediante una cornisa apoyada en canecillos, los cuales pertenecen al momento en que se levantó la primitiva arquitectura de la iglesia. Estos son románicos y diferentes a los vistos recientemente en el brazo del crucero. En ellos se observa por remate una hoja de acanto u hojas arbóreas que forman caulículos* o se conjuntan con bolitas, así como otros que lucen los siguientes elementos: cinco canutillos horizontales, un cilindro vertical, y varias volutas espiraladas.

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