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El ábside lateral del lado del evangelio, al igual que el de la epístola, queda enmarcado por estribos poco pronunciados, pero muestra inferior altura, ya que tiene su nacimiento a un nivel ligeramente por encima del pavimento empedrado de la plaza de Santo Tomás, el cual, además, en este punto se encuentra más elevado que la calle del Rosario. El ábside se remata con una cornisa que apoya en canecillos pertenecientes a la construcción original del templo, los cuales se ornamentan: unos con varias molduras y otros con formas cilíndricas o semicilíndricas dispuestas en vertical y aparentando haber sido abollados  en el frente, así como los que ostentan individualmente un paralelepípedo en perspectiva, un motivo floral, la cabeza de un animal que parece lobo, un perro y otros dos que tienen una máscara humana.

Bajo una ventana abocinada, el muro rompe su austera monotonía mediante una imposta carente de ornato alguno que cruza de lado a lado, cuya ejecución data de la restauración efectuada en la década de los sesenta del siglo XX. Acompañando a esta imposta, decoran también el ábside los pequeños huecos de arco trilobulado.

Dicha ventana tiene menor altura que cualquiera otra de las vistas en la cabecera. Tal rebaje de altura se llevó a cabo durante su restauración en la tan repetida década de los sesenta del siglo XX, restauración que se advierte en los materiales utilizados en el interior de la ventana.

El vano de la ventana está guarnecido por arco de medio punto que descansa sobre un par de columnas. Las piedras del arco se ornamentan con motivos geométricos, ya que en cada una luce una línea quebrada en zig zag por encima de puntitos en forma de  diminutas esferas. Las columnas bizantinas constan de un pequeño plinto y basa ática, es decir, compuesta por una escocia entre dos toros, además de fuste cilíndrico y liso que está sujeto al muro por un aro metálico colocado en el momento de la restauración, así como capitel de estilo corintio que está formado por un levísimo astrágalo sogeado (collarino que tiene por decoración un cordel vegetal), y equino con labra de líneas quebradas que, dispuestas en vertical, sirven de arranque a volutas vegetales muy resaltadas y con estrías, las cuales no guardan simetría en ambos capiteles. Las zapatas molduradas que descansan sobre estos capiteles, exhiben una ornamentación ajedrezada compuesta de un par de franjas de cuadraditos.

Este ábside del lado del evangelio, en su corto y rectilíneo tramo mural que enlaza con el brazo norte del crucero, presenta una pequeña abertura rectangular realizada en época posterior al momento en que se construyó la iglesia. Esta ventana está situada a unos dos metros del pavimento de la calle y se abrió para dar mayor luz a esta capilla absidal que, al final de la primera década del siglo XVII, acogió los restos mortales del fundador del cercano y ya extinguido Colegio Menor de San Ildefonso. Su correspondiente tramo de cornisa es soportada por canecillos rematados por algunos de los diferentes motivos que vimos con anterioridad: formas geométricas, una flor, cabeza de lobo, un perro, y los que individualizan una máscara de hombre y otra de mujer.

Pasando una última revista a la cabecera, observamos que en las zonas donde no se han sustituido los sillares durante la restauración efectuada entre 1958 y 1970, aparece un pequeño motivo trilobulado concebido en hueco-relieve.

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