Buscador

El ábside central (foto 2) ofrece, respecto a los laterales, mayor profundidad, altura y anchura. Si observamos la parte inferior de esta cabecera, sobre todo las zonas del ábside central y del ábside lateral del lado de la epístola, así como del muro de cerramiento del brazo del crucero y nave de la iglesia por la calle del Rosario, advertiremos que el edificio ha ganado en altura como consecuencia de haberse rebajado en toda esta zona el nivel del pavimento de la calle en la década de los noventa del siglo XX. Ello permite apreciar que la base que sirve de cimientos a la cabecera es de piedra granítica, diferenciándose, por tanto, de la arenisca piedra de Villamayor con que se construyó el resto de la iglesia.

El ábside central está coronado por una cornisa sostenida mediante canecillos que guardan entre sí idéntico formato. Estos rematan en su correspondiente cilindro vertical, de frente aplanado, el cual rebaja más su volumen en el centro que en los extremos. Dicho ábside es de forma semicircular y su muro se distribuye en tres planos enmarcados o individualizados por dos contrafuertes  o estribos y un par de pilastras; contrafuertes y pilastras que ofrecen el resalte, anteriormente indicado. Además, este ábside está cruzado por dos impostas que forman franjas ornamentales: en una de ellas, subrayando las ventanas, se ven bolas enlazadas por arquillos en forma de "U" o herradura invertida, aunque algunas bolas han desaparecido. La otra es una sencilla moldura de filete* sin ornamentación alguna que discurre a la altura de los capiteles de las columnas enmarcadoras de la ventana saetera que ocupa el centro del ábside. Tengamos en cuenta que en el plano central se encuentra dicha ventana saetera y que en los otros dos aparecen sendas ventanas tapiadas.

Así pues, el ábside central abre en el plano situado en medio una ventana saetera y abocinada que tiene arco adovelado* de medio punto sustentado por columnas bizantinas, aunque sus dovelas* y los adornos de la misma son fruto de la restauración llevada a cabo en el templo durante la década de los 60 del siglo XX, pues todo ello había sido eliminado cuando, a mediados del siglo XVIII, se amplió la ventana y se construyó un pequeño camarín tras el retablo  mayor. Por tanto, enmarcan esta ventana un arco de medio punto y las dos columnas que lo sostienen, las cuales constan de basa*, fuste* y capitel* La basa está formada por dos toros y una escocia*, mientras que el fuste es cilíndrico y liso. El capitel,  coríntio*,  se compone de collarino* escasamente pronunciado, más equino tallado con ornamentación vegetal.

Estamos ante unos capiteles que se ornamentan con un motivo vegetal de hojas arbóreas superpuestas; labra ornamental que, especialmente en la referente al capitel derecho, se asemeja al tipo de decoración vegetal que hay en otras partes del interior de la iglesia, además de ser fácilmente relacionable con la que ornamenta los capiteles existentes en los restos del claustro del monasterio de Nuestra Señora de la Vega a orillas del río Tormes. En cuanto a las basas, son menos exageradas que las de las otras ventanas.

El frente del adovelado arco de doble arquivolta* muestra en la más interna una decoración de ajedrezado en los fragmentos originales que aún conserva, mientras que  las dovelas de la vuelta más externa aparecen lisas y con algunos fragmentos de la primitiva ornamentación floral la cual parece de tipo visigótico: en cada piedra se ven, en todo o en parte, tres círculos que llevan inscrita su correspondiente flor cuatrilobulada, es decir, de cuatro pétalos dispuestos a modo de cruz griega.

Las dos pilastras de treinta centímetros de resalte que enmarcan esta ventana, tienen como única ornamentación una hendidura que las recorre por sus bordes, mientras que en los extremos inferior y superior siguen el ritmo de escalonamiento a que se ven obligadas por la existencia del zócalo y la necesaria adaptación a la cornisa mediante una sencilla moldura convexa. Incluso, por encima del tejado, una especie de buhardilla muestra frontalmente un óculo* que no es muy grande y se encuentra tapiado. Los laterales de la buhardilla se afianzan con estribos y se coronan con su correspondiente cornisa sostenida por canecillos: los que miran al sur se rematan en una cara de hombre, un rostro de mujer, cuatro canutillos dispuestos horizontalmente, un tonel tumbado, una máscara humana, y una cara que, siendo también de una persona, resulta imperceptible por su deterioro. Los canecillos del lado norte terminan en una flor, una cara de mujer, un rostro de varón cubierto por máscara, un cilindro vertical, una superficie lisa sin ornato alguno, otra superficie en la que se aprecia la huella que dejó un cilindro desprendido, el rastro dejado por otro cilindro vertical que también se ha caído, y un tonel en posición horizontal.

En 1745, al tiempo que en la capilla mayor se reconstruían sus bóvedas y se reformaban sus muros para ampliar la ventana y construir el camarín que hubo tras el retablo mayor, se realizaron también obras de carácter restaurador en la especie de buhardilla a que me estoy refiriendo. Entre estos trabajos se encuentra  la reparación del tejado y el tapiado de la ventana en forma de óculo que tiene su cara norte, tal como se deduce del libro de fábrica de esta iglesia que guarda el archivo diocesano de Salamanca con el número de signatura  431/22, pues en él consta que el día  3 de mayo de 1746 se pagaron "ciento diecinueve reales de vellón y veintiséis maravedís por levantar, volver a asentar y macizar un pedazo del tejado de la iglesia, así como componer un trozo del alero de piedra y cerrar una ventana hacia el tejado, además del tabique del arco de la capilla mayor".

Como hemos podido comprobar, la ventana que ocupa el centro del ábside central, al igual que las situadas en los ejes de ambos ábsides colaterales, tiene arco de medio punto y es bastante estrecha; ventanas que, además, cuentan con derrame exterior e interior. Incluso están protegidas por pequeñas y elegantes rejas que, aunque no son las originales, imitan las formas románicas postreras propias de la época protogótica en que se levantó el templo.

La que ahora nos preocupa es la mayor ventana del ábside central y de todas las que se abren en la cabecera, y, debido a aquella antiartística ampliación a  que se la sometió en 1745, hoy sólo quedan de su construcción original las basas y capiteles de sus columnas y algunos fragmentos de la moldura del arco; motivo por el que Villar y Macías y Camón Aznar dijeron en su día que el ábside había quedado "deslucido".

Los planos laterales del ábside central, como ya dije anteriormente, muestran su correspondiente ventana cegada. El tapiado vano de la situada a la izquierda es el más pequeño de toda la cabecera. Está enmarcado por dos columnas exentas sobre las que descansa un adovelado arco de medio punto que muestra sus dovelas sin ornato alguno. Las basas de las columnas son áticas, por lo que constan de dos toros y escocia, mientras que los fustes, cilíndricos y lisos, están sujetos al muro con aros de hierro. Los capiteles son desiguales en cuanto a forma y decoración, pues el de su derecha está labrado con lo que parecen tres ventanas o tres cencerros y el de la izquierda tiene forma de pirámide truncada e invertida que luce en sus caras el relieve de una "U"  terminada en volutas muy sencillas. Coronando los capiteles se advierten unas cimaciales* molduras salientes con decoración vegetal muy estilizada.

En el centro de la ventana tapiada contemplamos una moldura circular con radios helicoidales, a modo de molinillo, que forman una especie de roseta recordatoria del arte romano-bárbaro de las esquelas funerarias. Se trata de un motivo decorativo en forma de estrella céltica que representa al Sol.

Bajo el arco, a la altura de los capiteles, se distingue igualmente otro motivo más pequeño formado por dos circunferencias concéntricas, cuyo círculo central lleva inscrito una estrella de seis puntas y es dividido en sectores por radios que se unen mediante arquitos situados en la corona circular; radios y arquitos que, por tanto, conforman  una flor de diez pétalos que luce una estrella en su centro.

La ventana cegada que se ubica a la derecha de la central es de mayor anchura que la anteriormente descrita. Está enmarcada por dos columnas, sobre las que descansa un adovelado arco de medio punto formado por dovelas desiguales que se ornamentan con dos franjas de motivos diferentes: una tiene pequeños círculos a modo de puntos, en tanto que la otra, más estrecha y subrayando a la anterior, ofrece una relievaria línea quebrada. En las citadas columnas se ven basas compuestas por dos toros y una escocia, mientras que los fustes son cilíndricos y lisos y los capiteles, de tipo corintio, acusan distinta labra ornamental: en uno es de carácter vegetal y en el otro es geométrica.

Al igual que en la ventana tapiada situada al otro lado del vano central, encima de los capiteles de ambas columnas aparecen sus correspondientes cimacios o zapatas con molduras en salerizo* que ostentan una  ornamentación vegetal muy estilizada. En el espacio a modo de tímpano que abarca el arco hasta la horizontal línea imaginaria que une estos capiteles, se aprecia un sillar cuadrado que efigia una cabeza humana tán erosionada que apenas son reconocibles los rasgos de su rostro. Pudiera ser la cabeza del santo titular de la iglesia, o, quizás, la de Randulfo o de Ricardo, sus fundadores, aunque por algunos vestigios en los que se aprecian signos de feminidad, parece que con ella se quiso concebir la temática escena de origen oriental conocida como " la mujer asomada a la ventana". Todavía se puede contemplar con clara nitidez que su cuello está rodeado por una ornamentación incisa en  zig-zag, además de cuatro estrellas que, una a una, adornan el igual número de esquinas que tiene el sillar.

En cuanto a la decoración de los capiteles, el de la columnilla izquierda luce sencillas estrías muy toscamente labradas y desigualmente repartidas, mientras que el de la columnilla derecha ofrece el relieve de dos báculos cruzados y enrollados en la empuñadura.

Ábsides central y de la Epístola del Templo de Santo Tomás Cantuariense
Ábsides central y de la Epístola del Templo de Santo Tomás Cantuariense

subir arriba