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A partir de su canonización por el Papa Alejandro III en 1172, el culto a Santo Tomás Cantuariense se difundió tan rápidamente por el occidente europeo que, el año 1175, sólo tres años después de su canonización, dos compatriotas suyos llamados Ricardo y Randulfo, que eran hermanos, fundaron en su honor esta Iglesia salmantina, siendo la primera del mundo que se dedicó a este santo. Para su construcción, Randulfo, cuyos restos mortales fueron enterrados en el claustro de la catedral vieja salmantina el año 1194, donó al cabildo catedralicio en 1179 la casa y huerto donde él vivía, que estaba enclavada dentro de esta colación de portogaleses, así como la heredad que había comprado su hermano Ricardo en el lugar de "Colledo", aunque con la condición de que la parroquia cumpliese una carga en la que se estipulaba la obligación de decir una misa aniversario a perpetuidad por el descanso de su alma, además de celebrar la fiesta de Santo Tomás Bécker el 29 de Diciembre de cada año y otras festejaciones, para lo cual establece una asignación pecuniaria a cargo de su patrimonio.

Por otra parte, todavía se conservan algunos documentos que hacen mención a las casas salmantinas que fueron vivienda de Ricardo y Randulfo. Así, una escritura de venta de "una casa con su corral" dice que fue comprada por los hermanos Ricardo y Randulfo en Febrero de 1179 a María Miguel y su marido, Fernando, y que ésta se encontraba situada a la puerta de la Iglesia de Santa María de la Sede, que no era otra cosa que la Catedral Vieja, entonces en proceso de construcción; momento en que era obispo de la diócesis salmantina don Vidal y gobernador el conde Gómez González en tanto que figuraba como alcaide del alcázar don Gonzalo Osorez u Osorio. Una segunda escritura señala que en 1180 compraron los dos hermanos otra casa con corral a Domingo Juanes y a su mujer, María Pedraz; año en que era don Vidal obispo de Salamanca y el infante don Sancho gobernador de la misma. Y en un tercer documento con fecha de 30 de Enero de 1183, Randulfo aparece como testigo respecto a la donación que hizo Pedro Bazón al cabildo catedralicio de una cuarta parte del alcornocal, sito en el término de Ledesma (provincia de Salamanca), donación que fue hecha en escritura pública y firmada en presencia del rey Fernando II de León, siendo obispo de Salamanca don Vidal y deán de la catedral don Alfonso, mientras que el conde de Urgel don Armengol ostentaba el título de gobernador.

El nombre completo de Ricardo era "Willelmo Ricart", mientras que a Randulfo se le llamaba también Rodulfo. Ambos hermanos eran, al menos desde el año 1150, maestres, es decir, profesores de aquel primitivo e incipiente Estudio Salmantino que fue origen de la Universidad de Salamanca y tuvo sus aulas en algunas casas del cabildo situadas en las inmediaciones de la Catedral Vieja, entonces en construcción.

En aquel tiempo no resultaba extraña la presencia de maestros francos o ingleses  en los diversos reinos cristianos de la península ibérica. Uno de estos era el reino de León, donde el matrimonio contraído entre el monarca leonés Alfonso VIII y doña Leonor de Plantagenet, hija del rey Enrique II de Inglaterra y de doña Leonor de Aquitania, facilita la llegada a tierras leonesas, al igual que al resto de la península, de personas e influencias del mundo anglonormando y del sudoeste de Francia. Y es que en estos lugares, las diferentes formas artísticas y, especialmente las arquitectónicas, comenzaban a enfilar innovaciones en busca de una nueva estética que fuera acompañada de mejoras prácticas y abaratamiento de los costes.

Así pues, los arquitectos ingleses Ricardo y Randulfo fueron quienes fundaron en 1175 esta Iglesia de Sto. Tomás Cantuariense. Al parecer, ellos se encargaron igualmente de realizar el proyecto y de dirigir inicialmente la ejecución de las obras, tal como se deduce del decir del arquitecto Chueca Goitia  cuando cita a Randulfo como "arquitecto de la iglesia". La construcción del templo se prolongó durante el resto del siglo XII y el primer tercio de la décimo tercera centuria, lo que no impide que algunos de sus elementos arquitectónicos presenten motivos decorativos bastante arcaicos tal como ocurre con la especie de svástica que ornamentan varias ventanas tapiadas o la labra que ofrecen los capiteles de algunas ventanas absidales*.

Estando la iglesia en construcción, fallece Randulfo el 10 de Marzo de 1194, según consta en un epitafio pintado en el muro del claustro de la Catedral Vieja salmantina, justamente junto a la jamba de nuestra derecha, nada más traspasar la puerta de entrada al citado claustro. Dicho epitafio es el original de la reproducción hecha de él por el historiador Villar y Macías, según la describió su colega señor Cuadrado en 1852. Este dice así:

"vi id martii obit phamulus dei Randulphus. Era MCCXXXII Mense die decima Martis Randulphus ab ima Parte fugit mundum, quem non quit claudere mundus; Terrea nam terris mandatur celica celis.
    Sol radians titulis virtutum, flos sine labe,
    Solus in occasu miseris est passus eclipsim
    Randulphus plene qui phisim novit utramque,
    Mens bene disposuit, sermo docuit, manus egit
    Hujus dicta, bonus melior fuit optimus ipse;
    Terra pauperibus moritur, vivens sine celo".

Este epitafio latino dedicado a tan ilustre arquitecto inglés afincado en Salamanca tiene la siguiente traducción al castellano:

"El día diez del mes de Marzo, Randulfo, desde la región inferior huyó del mundo, pues el mundo no podía ya encerrársele; lo terrestre va a la tierra y al cielo lo celestial. Sol radiante por el esplendor de sus virtudes, flor sin mancilla, en su ocaso no padeció eclipse,sino respeto de los desgraciados. Randulfo, pleno conocedor de una y otra naturaleza de las cosas, cuya mente concibió bien, cuya lengua enseñó, cuya mano obró o realizó sus palabras, fue bueno, mejor, óptimo; murió para los pobres en la tierra, vive para sí en el cielo".

Así pues, este templo se levantó en estilo románico y protogótico* veinticinco años antes de concluir el siglo XII, siendo el primero de los dedicados al santo británico y arzobispo de Canterbury, Tomás Bécket. Su asentamiento se llevó a cabo en el centro del corralón de casas, que, como consecuencia de ello, pasó a llamarse Plaza de Santo Tomás. Junto a dicha plaza se levantaría luego, a mediados del siglo XIII, la ampliación de la muralla con la puerta dedicada al mismo santo; muralla que pasó a circundar una nueva Salamanca que comprendía los cerros de  San Vicente, de las Catedrales y de San Cristóbal, y los valles por donde corrían los albercanos arroyos que hoy son calle Gran Vía y la vaguada de la calle de La Palma.

La puerta de Santo Tomás fue la única que tuvo este tramo de muralla hasta que se abrió la conocida como "Puerta Nueva" para comunicar la calle Monte Olivete con el extremo sur del Paseo dedicado a José de Canalejas; extremo este que, junto con el tramo final del actual Paseo del Rector Esperabé, ya sabemos que se llamó Paseo del Espolón hasta pasada la mitad de la segunda década del siglo XX.

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