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Así pues, la Iglesia de Santo Tomás Cantuariense fue ubicada en el territorio de los portogaleses, y con su nombre se quiso hacer honor al mártir inglés Santo Tomás Bécket. Este nació en Londres el año 1119 y estudió Derecho en su país natal y Teología en París y Bolonia. Era pariente del arzobispo de Canterbury monseñor Teobaldo, por lo que al acabar los estudios entró al servicio de éste  hacia el año 1142 y fue ordenado arcediano de la catedral canterburiense en 1152. Al año siguiente ayuda a subir al trono al monarca inglés Enrique II, quien, en 1155, le premia nombrándole canciller del reino, cargo desde el que hizo fastuosas ostentaciones. Seguidamente, en 1162, el propio Enrique II volvió a dar muestras de la íntima amistad que les unía, consiguiendo para Bécket el cargo de arzobispo de Canterbury  (cuadragésimo de esta categoría) , con el de primado de Inglaterra. Sin embargo, en vez de seguir favoreciendo al rey desde su puesto de arzobispo, toma la defensa de los intereses de la Iglesia frente a los del Estado y pasa a llevar una vida tan ascética que supone enfrentarse frontalmente a la línea de fastos y boato que había seguido anteriormente. Así, aquel Tomás Bécket, que fue servidor leal del rey en un principio, pasa a sostener frecuentes disputas con él, ya que se había convertido en paladín de los derechos de la Iglesia. Ello se advierte con toda nitidez en 1164, cuando se opone violentamente a lo recogido en las Constituciones de Clarendón, pues en éstas quedaba subordinada la justicia eclesiástica a la real. Ello le obligó a salir del país para exiliarse en Francia, desde donde excomulgó a Enrique II y a sus vasallos. Ante la amenaza del entredicho, el rey restituyó a Bécket su sede arzobispal, con lo que éste volvió en 1170. No obstante, desde la silla arzobispal reemprendió la lucha y se negó a absolver a los obispos excomulgados por haber asistido a la consagración del hijo de Enrique II, pero el 29 de Diciembre de 1170, al anochecer, fue asesinado a los pies del altar de San Benito de la catedral canterburiense por cuatro caballeros al servicio de dicho rey.

El pueblo, considerando a Bécket como líder por  haberle quitado poder al monarca en beneficio de la Iglesia y de los ciudadanos en general, se sintió muy ultrajado con este asesinato y una parte  importante de la nobleza y el clero presionaron a Enrique II hasta obligarle a hacer penitencia pública cuatro años después. Más tarde, en 1220, al cumplirse el cincuenta aniversario de tan vil ejecución, los restos del santo fueron enterrados en una capilla de la catedral canterburiense, constituyéndose en uno de los principales lugares de peregrinación de los ciudadanos ingleses.

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