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Como introducción a la Iglesia de Santo Tomás Cantuariense vamos a pasar revista  a las calles de su entorno. Hagamos el recorrido de las mismas comenzando por la del Rosario, vía urbana que discurre a lo largo del lateral norte del monasterio dominico de San Esteban y la tríptica y atriada portada del Exconvento-Colegio de Calatrava, hoy Seminario Diocesano. Los extremos de esta calle fueron inicialmente la alberca o arroyo de Santo Domingo y la plaza de Santo Tomás, pues, desde ésta hasta la puerta que abría la muralla medieval de mediados del siglo XIII en esta zona del costado oriental de Salamanca, se denominó calle de Santo Tomás. Con anterioridad a la edificación de dicha muralla medieval, ya desaparecida, ambas calles, aún sin denominación, formaban parte del camino que partía de la también  demolida "Puerta del Sol" que tuvo la primitiva cerca salmantina  junto al lugar donde hoy se levanta la Casa de las Conchas.

Por ello, antiguamente, una vez construida la muralla de mediados del siglo XIII, quienes viniesen de otras localidades asentadas al este de la ciudad tenían que entrar por la puerta de Santo Tomás y seguir por las calles de Santo Tomás y del Rosario para cruzar el arroyo de Santo Domingo y continuar la calle del arroyuelo del mismo nombre que luego se llamó calle de Las Golosas y después Juan de la Fuente. Esta era la ruta urbana que debían tomar para llegar al centro de la ciudad, bien fuese a la zona comercial de la entonces Gran Plaza de San Martín, hoy Plaza Mayor, o a la parcela universitaria que comprendía el entorno de las catedrales y callejas que partían de las calles Rua Mayor, de Los Libreros y de Los Serranos, que eran y siguen siendo las vías principales del barrio antiguo.

A pesar de que las calles del Rosario y de Santo Tomás eran sucias y, en invierno, quedaban sumamente embarradas, como testimonio de la importancia que llegaron a tener, bástese saber que a lo largo de la historia se dieron cita en ellas ilustres edificios, como, además de los Conventos de San Esteban y de Calatrava, la Iglesia de Santo Tomás Cantuariense y el extinguido Colegio de San Ildefonso, los desaparecidos edificios de los Colegios de Santa María y de Todos los Santos, de San Jerónimo y de Santo Tomás Cantuariense, o los igualmente derruidos hospitales de Nuestra Señora del Rosario,  de San Antonio Abad, y de San Pedro y San Andrés, o los de los conventos de Santa Catalina de Sena y de Santa Rita.

Como hemos podido observar, lo que hoy conocemos como calle del Rosario tuvo antiguamente distintos nombres según sus diferentes tramos. Si el más cercano al arroyo de Santo Domingo se llamó siempre calle del Rosario, el tramo central se conoció durante algún tiempo como calle de los Basilios, mientras que el que pasa junto a la Iglesia de Santo Tomás Cantuariense se denominó calle de Santo Tomás. También sabemos por un libro de fábrica del siglo XVI que pertenece a la Iglesia de Santo Tomás Cantuariense que desde la plaza de Santo Tomás y el punto de unión de los dos últimos tramos de la calle del Rosario ya partía, y parte todavía, la calle Escoto, dedicada al ilustre fraile premostratense Adán Escoto. Por tanto, así sigue llamándose y, como antes, continúa haciendo ángulo recto con la de Monte Olivete, en cuya desembocadura al Paseo de Canalejas abría la muralla salmantina de mediados del siglo XIII la llamada "Puerta Nueva", aunque este último tramo del Paseo de Canalejas y el comienzo del Paseo del Rector Esperabé constituyeron antes de 1914 el conocido como "Paseo del Espolón".

Así pues, aunque la calle del Rosario y su entorno parece carecer de la personalidad que tuvo siglos atrás, sin duda es lugar cargado de una sabrosa historia que saborearemos seguidamente, e incluso, conoceremos las vicisitudes por las que pasó la propia calle del Rosario en cuanto a las distintas denominaciones que tuvo durante el siglo XX.

Por ser la Iglesia de Santo Tomás Cantuariense la edificación más antigua de la zona, vamos a iniciar la andadura de la misma desde dicho templo, el cual se levanta en la plaza dedicada al mismo santo; plaza que, en el momento de fundación de la iglesia, estaba formada por un corralón de casas, las cuales fueron construidas por los portogaleses asentados en esta parte de la ciudad cuando vinieron a repoblarla a comienzos del siglo XII.

Los portogaleses, venidos a repoblar Salamanca de la mano de don Raimundo de Borgoña, yerno del rey Alfonso VI de León, eran gentes que formaban dos grupos de características personales y costumbres semejantes: los portogaleses y los bragancianos que procedían, respectivamente, de las ciudades lusitanas de Oporto y Braganza. El Fuero de Salamanca del siglo XII se refiere a ellos en el artículo 271, citándolos por el nombre común de "portogaleses". No obstante, los salmantinos seguían diferenciándolos llamando portogaleses a los de Oporto y bragancianos a los de Braganza. Ello dio lugar a que, en la ciudad, ocupasen territorios distintos, aunque cercanos. La zona en que se asentaron los portogaleses comprendía las parroquias de San Polo, San Esteban "de los Godínez" y Santo Tomás Cantuariense o de Canterbury, mientras que la de los bragancianos abarcaba las de San Román, San Ildefonso, San Adrián y la puesta bajo la advocación* de los santos Justo y Pastor.

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